FIDEL…

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Ordenando papeles me encontré con una escalera, la de Fidel. Una escalera formada por unos peldaños que conforman los misterios de la felicidad. Cada persona tendrá los peldaños a distinta altura, dependiendo de las necesidades de cada uno. El orden de los mismos, los pone la persona.

Se dice que la felicidad no es el fin, sino el viaje, el trayecto que vamos trazando para conseguirla, los pasos para tener momentos felices. Si nos saltamos algún peldaño, aumentará el esfuerzo, para conseguir ese estado de felicidad, de bienestar, etc. Lo importante es vivir las experiencias de la vida.

Un peldaño: “EL AMARSE PERMITE PODER AMAR A LOS DEMÁS”.  Siempre se ha dicho que si no  nos queremos a nosotros mismos, poco amor podemos dar a los demás. Decirnos cosas positivas y también a las personas que nos rodean.  Aceptarlas como son, tratarlas como te gustaría ser tratado.

Otro peldaño: “EL PENSAMIENTO POSITIVO PERMITE LOGRAR TODOS TUS OBJETIVOS”. La mente es una herramienta a tu servicio, la forma de pensar, atraerá unas cosas u otras, la manera de interpretar esa realidad.

Más escalones: “EL AUTOCONOCIMIENTO PERMITE NUESTRA EVOLUCIÓN PERSONAL”. Si reflexionamos sobre lo que hacemos, decimos o pensamos será más fácil aprender, corregir, evolucionar, reeducarnos, etc.

Y otro más: “LAS METAS PERSONALES PERMITEN AVANZAR POR EL CAMINO DE LA DIVINIDAD”. Deben ser claras, específicas, temporales o realistas. Está claro que satisfacer necesidades, cumplir metas nos ayuda a ser más felices. Distinguir lo urgente de lo importante.

Un peldaño a subir: “EL DISFRUTAR EL PRESENTE PERMITE A UNO SENTIR QUE ESTÁ PLÁCIDAMENTE VIVO”. ¿Qué te gustaría hacer? Pues empieza a hacerlo ya.  Vivir el aquí y el ahora, aceptando el pasado y superándolo y sin esperar demasiado del futuro.

Otro escalón: “EL AUTOCONTROL PERMITE DECIDIR CONTINUAMENTE LO QUE QUIERES HACER”. Tú eres el dueño de tu voluntad. Si nuestra cabeza está ordenada, la vida también lo estará. Relajación, respiración pueden ser nuestros aliados, o culaquier otro hábito o ritual que nos calme.

Más peldaños: “EL EJERCICIO PERMITE GOZAR DE UNA SALUD FÍSICA Y MENTAL”. Deberíamos escuchar más las señales del cuerpo.

Otro: “LA ALIMENTACIÓN ADECUADA PERMITE TENER LA ENERGÍA NECESARIA PARA VIVIR LA VIDA”. Comer lo que necesitemos para funcionar y que no nos intoxiquen.

Uno más: “EL SUEÑO, EL DESCANSO, TE PERMITEN SER CONSCIENTE DE TU REALIDAD”. Descansar es una función biológica que olvidamos por vivir más y rápido y es lo que nos hace funcionar física y mentalmente en condiciones adecuadas.

Un paso más: “EL HUMOR PERMITE TENER UNA VIDA ALEGRE”. No se descubre nada. Las risas auguran bienestar y se usan poco en algunos contextos.

No descubre nada nuevo, pero nos lo recuerda para que reflexionemos un poco y nos movamos para conseguir esos momentos felices.

SIEMBRA…

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Piensas que estás bien, pero sientes que no lo estás. Tu cuerpo te dice que no; esos dolores, ese aire que te falta, esas lagrimas que afloran. Además lo que haces, tampoco indica lo contrario. El no dormir bien, el comer compulsivamente, el aislarte de quiénes te rodean.

Intuyo la razón por la cual el ser humano se miente.  Se piensa que verbalizarlo de forma persistente, hará que desaparezca, pero la realidad no es así, porque el pensamiento ejerce más fuerza. Para que todo eso cambie hay que modificar esa manera de pensar, hay que ser consciente de lo que ocurre, no avergonzarnos de sentir, no reprimir, ni negar. Tan fácil como reconocer lo que te ocurre.

Puede ser que primero lo hagas en privado, con voz bajita y luego ya, en alto, segura de lo que sientes, conforme a todas esas emociones, esas señales corporales y esas actuaciones. Así será más fácil el afrontamiento, con esfuerzo y tiempo, ya que los cambios no ocurren de hoy para ayer. Y hay que ver lo que cuesta, porque la teoría se sabe. Lo que ocurre es que la práctica nos agota con sólo pensarlo y ya nos quita las ganas sin haber empezado.

Ese es el primer obstáculo a vencer, reducir la desgana y la apatía, pasar del no puedo al soy capaz. Empezar el camino hacia la felicidad, a los momentos felices, con pequeños pasos y sembrando más semillas de alegría que de otras emociones, como estaba siendo habitual.

FUTURO…

Hablar de futuro hace pensar en planes a cortos plazo, en organizar un poco el día y poco más. Ese es el futuro. Acordar con los amigos ir al teatro, celebrar algún que otro cumpleaños, visitar la consulta médica, coger un teléfono o trabajar. El futuro incluye hacer algo por los demás, sentir o querer. No sé muy bien el orden, la cantidad, o la finalidad, es algo que está ahí. También implica tener un espacio para la propia persona, para quererse y valorarse, para continuar con la búsqueda de un sentido, de un propósito de vida. Del presente parte el camino para todo lo anterior.

Más allá de eso no hay mucho más porque el futuro es incierto, sin planes, sin preguntas ni respuestas. Pensar demasiado en el mañana, obsesionarse por realizar planes de futuro y cumplirlos, puede generar un estado de ansiedad, que no es nada bueno para la salud. Y no es que no nos preocupe lo que vaya a ocurrir, es que nos ocupamos más de lo que está pasando (vuelve el presente a hacer su aparición).

En el futuro puede que queramos cumplir sueños, de los que pensamos en el presente, por ser factibles o realistas. O seguir soñando despiertos, para que sirva de válvula de escape, en los casos de no cumplirse. En cualquier caso, el futuro da para mucho, sin haber llegado aún.

PRESENTE…

El presente se siente confuso, con desequilibrios según la hora del día, la actividad realizada o la compañía concurrente. El presente es un ahora sin demasiadas motivaciones, alguna que otra obligación y pocas intenciones de futuro. Un presente que es ya, donde se aprovechan las oportunidades y retos, pero sin más sensación que realizarlas.

El presente es vivir, sobrevivir, comer, dormir o hacer lo que toca. Escanear documentos para nada, escribir para desahogarse, llamar por teléfono para resolver dudas o intentar relajarse, haciendo algo de ejercicio, o tirarse en el sofá.

El presente es entender a aquellas personas que nos rodean, las que manifiestan soledad, apatía o desmotivación. Las que se sienten plenas, felices y con energía para compartir. También las que se ven perdidas, sin saber qué rumbo coger o qué decisión tomar. Y las que están, y ya.

El presente es ahora, hoy, ya mismo, en este momento, actualmente. Es mismamente esto…o quien sabe si ya pasó. Es lo que tenemos para sentirnos bien, para cambiar si algo nos incomoda o hace que parezcamos titubeantes ante algo o alguien que se nos aparece. El presente es…

PASADO…

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Pasado. Aludimos al pasado, echando de menos aquellos momentos vividos con 6, 14 o 20 años, o ayer, lo que hacíamos y con las personas que estábamos.  Recordar el pasado, nos encuentra con el “y si”, y nada podemos hacer al respecto. En aquel presente, se decidió la actuación realizada. Lo adecuado es asumirlo y no dejar que los sentimientos de culpa nos aborden.

El pasado nos presentó conocimientos y experiencias que ahora tenemos, que nos han hecho ser como somos. Ese pasado nos gusta más porque forma parte de nosotros y parece que le hemos dado algún uso.  Otras veces lo usamos para comparar, se abre entonces un abanico de emociones, porque según sea la situación o el problema planteado, así nos sentimos.

En ocasiones, parece que el pasado se instala en el presente, en el devenir diario porque lo rememoramos y eso impide el avance, el crecimiento continuo. Imagino que no se ha superado algún momento vital y estamos estancados, nos regodeamos en recuerdos, en instantes que no nos pertenecen, porque no están y dejan que nuestro presente no sea pleno, puesto que nos sentimos anclados a ello.

Al hablar del pasado, aparecen nombres propios, lugares, un montón de relaciones mantenidas por una razón u otra, en emplazamientos concretos, que, ahora en el presente, nos hacen reír o llorar, enfadarnos, sentir melancolía, plenitud o cientos de emociones, según el caso. Ayyyyy.

PALABRAS…

Locura. Barcelona. Primas. Sevilla. Patines. Ordenador. Separaciones. Certificado. Lesión. Piscina. Cursos. Coruña. Turismo de interior. Iván. Tatuajes. Música. Talleres. Bienestar. Paciencia. Tristeza. Sentido de vida. Familia. Yo. Blog.

Podían ser más, muchas más. Se me amontonan en la mente y junto a ellas todas las emociones que me produjeron y las situaciones vinculadas a cada una de ellas.

Que este año traiga, nos traiga a todo el mundo más palabras, emociones, realidades y experiencias. Y salud, esa que siempre esté presente.

DICEN POR AHÍ…

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Dicen que Clara es positiva, que da ánimos, que ve el vaso medio lleno. Será cierto, aunque en sus cosas, en sus vivencias suele buscar un punto negativo, la circunstancia pésima. Dicen que tiene capacidad para la escucha (puede ser) y también mucha paciencia. Supongo que la una acompaña a la otra y también la distingue su capacidad de ser silenciosa.

A Clara no la gusta hablar, o destacar. El estar en silencio y pasar desapercibida son un plus de su persona. Dicen de ella que está ahí cuando la necesitan. Categóricamente digo que es cierto, está disponible cuando la avisan. Tan cierto como que puede desaparecer sin meter ruido y no volver hasta que, de nuevo, la llamen.

Dicen tantas cosas de Clara y del resto de mortales que tendríamos que hacer una criba para ver lo que es cierto y lo que no, mejorar en lo que se pueda, mantener lo que más nos gusta y en casos extremos hacer desaparecer lo que más nos critican.

De Clara también dicen que tiene un chip que pone y quita, sobre todo cuando el malestar o el sufrimiento no la lleva a ninguna parte. Dice que estar triste, decepcionada, es agradable en momentos puntuales, nada  grato cuando no aporta aprendizaje, sólo pena sin más.

Es difícil esconder la esencia maniática y extraña de cada uno, pareciera que dejáramos de existir y en Clara eso está presente. Según ella, aparentar lo que no se es, requiere tanto sacrificio que sus esfuerzos son mínimos, al respecto. Alguna vez Clara se  mira al espejo y dice: “esta soy yo, así soy yo”. Con sus pantalones de chándal, gafas de sol, sin peinar su pelo liso y con la cara seria.

Dicen de ella… Si dicen es porque piensan en Clara, aunque sea mal, regular o bien.

CONVIVENCIAS…

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Hace un montón de tiempo que no me paso por  algunos lugares, que no coincido con determinadas personas. Siento una especie de síndrome de abstinencia, que intento disimular ocupando mi tiempo en otros quehaceres, pasando por otros sitios o llenando mi mente con pensamientos alternativos, sin pensar demasiado.

Cuando te acostumbras a una situación, a unas personas, el hecho de abandonarlas, cuesta trabajo. Se pretende acudir, responder, pero hay que elegir y establecer prioridades. Intentas buscar huecos, pero te das cuenta que los agujeros ya están ocupados. Así que toca esperar hasta que puedas volver a ese lugar, con esas personas y que puedas disfrutar de momentos agradables.

Es cierto que las nuevas compañías, los recientes lugares pueden asustar, sobrepasarnos, pero como te dan la bienvenida con los brazos abiertos, la adaptación es fantástica. Por eso recomiendas visitas recíprocas, para que celebren la vida, las oportunidades, el conocer gente estupenda, para dar las gracias por ese intercambio de experiencias y sintonización emocional.

Además esos puntos oscuros, esas debilidades personales, las han ido transformando, fueron poniéndolas luz para que se vieran más claras y fuertes. Es un gusto encontrarse con personas que tienen la fuerza de cambiar las cosas con su actitud y te inoculan el virus de la positividad, el buen rollo, el saberse querer.

Sin duda, acercarnos a esas personas y lugares, celebrar la convivencia, entre el pasado y el presente, para caminar hacia el futuro, es una de las mejores ideas para comenzar bien la semana. Anímense .

TELÉFONO…

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Vaya, hoy hay avería y no funciona el teléfono, también se ha caído la red y no podemos comunicarnos a través de las redes sociales. Y ahora, ¿qué hacemos? Si yo sólo quería oír tu voz y charlar un poquito.

En ocasiones, sólo pedimos hacer una llamada, en otras, recibirla.  Si ha sucedido algo que nos afecta, que nos supone un altibajo de emociones, deseamos realizar una llamada, conectar con alguien a través de  la tecnología, o bien llamar al timbre. Sentimos la necesidad de contar lo bueno que nos ha pasado y lo malo que hemos padecido. Una llamada para hacernos conscientes de lo que sentimos, para reflexionar sobre lo ocurrido, para que la persona que nos escucha, nos confirme o niegue lo que pensamos.

Cuando buscamos que el teléfono suene y no ocurre, nos ponemos nerviosos, un poquito enfadados, o  tal vez, nos da igual porque sabemos que la persona tiene mala memoria o mala conciencia, vete tú a saber. En cualquier caso, lo único que nos queda claro es que no ha llamado.

También ocurre que las personas llaman demasiado, dos, tres veces al día, parece fiscalizador, pero la necesidad de apego de cada persona y su dependencia varía mucho de una familia a otra, de unos individuos a otros. Aunque no quiero escuchar que el resto son unos “descastados” porque entonces se sacan las uñas para demostrar que la presencia no se mide por el número de llamadas diarias.

No deberíamos depender tanto de las llamadas y por añadidura de los mensajes, emails, whatsapp o cualquier otro sistema de mensajería. Nadie pensaría que la comunicación acabaría siendo perjudicial, ya que la frustración aparece en las personas, al no contestar, en caso de no devolver la llamada y eso no puede ser. Debemos ser  realistas, ya que realizamos otras actividades que no requieren tener un móvil o similar entre las manos y puede que estemos con personas que, tampoco quieren que bajemos la cabeza y miremos la dichosa pantalla.

En aquellos casos donde deseamos oír la voz de alguien, pedir una explicación o simplemente charlar, seamos valientes y a la carga. Da igual que la forma de contestar no sea la esperada, tenemos que estar preparados para lo bueno y lo no tan bueno, luego ya veremos si volvemos a llamar,jajaja.

TERRAZAS…

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Hace frío y aún así, nos hemos sentado en una terraza, con el fin de aprovechar unas vistas privilegiadas. Es importante tener un lugar donde mirar, donde grabar imágenes en nuestra mente, que irán directas a nuestro corazón. En esa misma terraza, se recuperan recuerdos y flashes de vida.

La terraza elegida nos muestra la imagen reconfortante que necesitamos, la foto relajante, el instante preferido, que nos da calma y a la vez, energía. Cuando estamos en ese lugar, que nos aporta seguridad, rememoramos los buenos momentos, las personas con quiénes estábamos, lo que hacíamos. Disfrutamos de las vistas, con lo mejor que tenemos dentro.

Hay personas que se transportan a casa de los abuelos, allí pasaban el fin de semana, les encantaba ir a dormir, a comer lo que preparara la abuela, a dar besos al abuelo y todo aquello era una felicidad máxima. Otras personas, recuerdan un amor pasado, con una sonrisa en los labios, a pesar de no haber terminado bien. Se recuerdan los momentos vividos, las anécdotas que hicieron reír y a las personas significativas.

También esa terraza propicia el instante donde se piensa en las situaciones oscuras, dramáticas que forman parte de nosotros. Eso, también, les han convertido en las personas que son. Cierto que duele más, que nos hace entristecer, que nos bloquea por segundos, (pocos o millones). No todo tiene carácter positivo, aunque todo es aprendizaje y reconstrucción.