SEÑOR M…

En la vida de las personas aparecen personajes que no tienen nombre propio, sino un cúmulo de adjetivos que lo representan y crean una percepción demasiada mala. Señor manipulador, mentiroso, modorro, mujeriego, maltratador, mentecato, mierda, machista, malcriado, maléfico, mamarracho, mulo, majadero, mentecato, mala memoria, mete miedos, sin modestia, etc.

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Utiliza las amenazas como forma de comunicación, unas de manera velada, otras son muy claras y explícitas. Utiliza las palabras para la ofensa y el ataque, intentando hacerse la víctima, la culpa siempre es de los demás. Además de manipular a otras personas de su círculo para que se pongan en contra de su objeto de ira. Alejando toda lógica y mostrando su verdad que nada tiene que ver con la realidad.

La baja autoestima, la poca tolerancia a la frustración o la insatisfacción continua, hace que la infelicidad sea algo permanente en su vida. No reconociendo que las actuaciones o la toma de decisiones son propias, nunca provocadas por las personas que lo rodean. Con todo ello se demuestra la falta de madurez y razonamiento ante los problemas y acontecimientos de la vida.

Señores y señoras M. pueden aparecer en nuestras vidas en cualquier momento. Realizar un plan de defensa es indispensable para alejar las mentiras, las manipulaciones varias e incluso posibles agresiones, bien verbales o físicas. Un plan de choque para capear la situación y poder vivir de forma tranquila, sin personajes de esta tipología. Teniendo la costumbre de empezarnos a querer para no dejarnos ningunear y defender nuestros derechos.

CONCIERTO…

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Te levantas, te sientas frente al ordenador y sacas unos billetes de tren. Una vez que los tienes, coges las entradas para el concierto. Preparas una bolsa con cuatro bártulos y te vas de casa. Tú y tu compañía, sin decir nada a nadie. Montas en el tren y empiezas a enviar los primeros mensajes, “que no vas a estar hoy en casa, que si pueden pasarte a recoger por la estación, o darte alojamiento una noche… Con una noche es suficiente para descansar y luego volver a casa”.

Llegas al destino, aparecen abrazos y caras de sorpresa. La buena temperatura llama a refrescarnos, con conversaciones sobre el por qué. Más bien es un para qué. Se acerca la hora de concierto, entre nervios y un nudo en la garganta, ahí estás, dándolo todo. Pasa rápido, pero se experimenta de manera intensa, con intenciones de repetir esas sensaciones, cuando sea o donde sea.

Y de nuevo, con otras personas, vuelve el por qué, insistiendo en que es un para qué. Toca cena, una cena que te produce cierta ansiedad, al finalizarla sabes que toca visita. Esa visita que te inquieta, la visita que producirá un terremoto emocional, que por leve que sea, saldrás tocada.

Al final, sonrisas, achuchones, recuerdos y más preguntas, esta vez un para qué. Tu cara debe reflejar el asombro, ni siquiera contestas, sólo pones caras, deseando que haya otro concierto…

RARO…

En estos tiempos, la normalidad está en desuso y lo digo porque la variedad y diversidad de personas, modos de vida, de sentir, es maravillosamente dispar y hace que, cualquier cosa, sea normal, cuando vaya acompañada de respeto. Un respeto a la persona, a sus decisiones, a sus impulsos o errores.

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Que no me digan que esto no es normal, ni aquello. Que no me digan que lo normal es lo que hacen ellos, como viven y que el resto es lo raro, lo excéntrico o las ganas de sobresalir. Lo raro sería reprimir esas diferencias por miedo al que dirán, para no aguantar presiones familiares, por tener que ponernos una etiqueta o tener que ser igual que los demás, viviendo sin estar a gusto.

Lo raro es que den lecciones de moralidad, lo raro es que vivan de las apariencias y te critiquen a ti por lo que haces. Lo raro es que mientan para figurar o se engañen a si mismas porque no se quieren, ni se aceptan, ni se cuidan para buscar su bienestar mental y físico.

Así que, lo más conveniente es vivir y dejar vivir, sin conjeturas, sin juicios prematuros y sabiendo que los momentos felices son personales e intransferibles. En soledad o en compañía.

PUERTA…

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Ante bajones anímicos, todo el mundo se pone a dar consejos, sin pararse a pensar que lo que necesitamos es estar tristes, sentir miedo o enfadarnos por una nimiedad. Sabemos de sobra que tendríamos que estar más activas, mantenernos ocupadas en actividades placenteras o estar empleando nuestro tiempo en promover la vida social.

La mayoría de las veces nos centramos en el presente, dejamos la culpa en el pasado, para que no vuelva y las preocupaciones en el futuro, que aún no ha llegado. Esas mismas veces u otras, nos adecuamos a la realidad, nuestras expectativas y aspiraciones se relacionan con lo que somos y en base a ello nos organizamos y planificamos.

Entonces, que nos respeten que ahora no queramos nada de eso, no porque nos guste estar así, sino porque es necesario estar con la batería a medias para recargarnos de nuevo, con algo o alguien que está esperándonos en cualquier lugar. Somos la misma persona, independientemente de todas esas emociones, las que gustan a la gente y las que quieren hacerlas desaparecer.

Mientras no molesten demasiado, esas emociones desagradables son positivas, ya que nos ayudarán a desarrollar un pensamiento más positivo, a ser productivas y a buscar, de nuevo, los momentos felices que se han escondido tras alguna puerta.

NADA MÁS…

Hace mucho tiempo que no escribo. Mi mente se ha ido de viaje, a pesar de que a mí no me lleva. Incapaz de centrarse, salvo para labores de trabajo y aún así, de vez en cuando, coge un tren a no se sabe dónde.

Tengo muchas cosas que decir, eso también ocurre cuando os leo, sin embargo, doy la callada por respuesta. Supongo que esto sea una etapa, y el modo locura esté a la vuelta de la esquina, que es lo que ayuda para que este letargo, tipo osa, vaya desapareciendo.

Al menos este fin de semana he visto el mar, esos playas vacías y esos pueblos costeros, donde en verano se pide permiso para moverse. Hoy hace sol y un frío del carajo, así que seguimos con pañuelo al cuello no sea que la gripe aparezca y no nos deje asomarnos a la calle.

Y nada más, que ya es mucho.

FIDEL…

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Ordenando papeles me encontré con una escalera, la de Fidel. Una escalera formada por unos peldaños que conforman los misterios de la felicidad. Cada persona tendrá los peldaños a distinta altura, dependiendo de las necesidades de cada uno. El orden de los mismos, los pone la persona.

Se dice que la felicidad no es el fin, sino el viaje, el trayecto que vamos trazando para conseguirla, los pasos para tener momentos felices. Si nos saltamos algún peldaño, aumentará el esfuerzo, para conseguir ese estado de felicidad, de bienestar, etc. Lo importante es vivir las experiencias de la vida.

Un peldaño: “EL AMARSE PERMITE PODER AMAR A LOS DEMÁS”.  Siempre se ha dicho que si no  nos queremos a nosotros mismos, poco amor podemos dar a los demás. Decirnos cosas positivas y también a las personas que nos rodean.  Aceptarlas como son, tratarlas como te gustaría ser tratado.

Otro peldaño: “EL PENSAMIENTO POSITIVO PERMITE LOGRAR TODOS TUS OBJETIVOS”. La mente es una herramienta a tu servicio, la forma de pensar, atraerá unas cosas u otras, la manera de interpretar esa realidad.

Más escalones: “EL AUTOCONOCIMIENTO PERMITE NUESTRA EVOLUCIÓN PERSONAL”. Si reflexionamos sobre lo que hacemos, decimos o pensamos será más fácil aprender, corregir, evolucionar, reeducarnos, etc.

Y otro más: “LAS METAS PERSONALES PERMITEN AVANZAR POR EL CAMINO DE LA DIVINIDAD”. Deben ser claras, específicas, temporales o realistas. Está claro que satisfacer necesidades, cumplir metas nos ayuda a ser más felices. Distinguir lo urgente de lo importante.

Un peldaño a subir: “EL DISFRUTAR EL PRESENTE PERMITE A UNO SENTIR QUE ESTÁ PLÁCIDAMENTE VIVO”. ¿Qué te gustaría hacer? Pues empieza a hacerlo ya.  Vivir el aquí y el ahora, aceptando el pasado y superándolo y sin esperar demasiado del futuro.

Otro escalón: “EL AUTOCONTROL PERMITE DECIDIR CONTINUAMENTE LO QUE QUIERES HACER”. Tú eres el dueño de tu voluntad. Si nuestra cabeza está ordenada, la vida también lo estará. Relajación, respiración pueden ser nuestros aliados, o culaquier otro hábito o ritual que nos calme.

Más peldaños: “EL EJERCICIO PERMITE GOZAR DE UNA SALUD FÍSICA Y MENTAL”. Deberíamos escuchar más las señales del cuerpo.

Otro: “LA ALIMENTACIÓN ADECUADA PERMITE TENER LA ENERGÍA NECESARIA PARA VIVIR LA VIDA”. Comer lo que necesitemos para funcionar y que no nos intoxiquen.

Uno más: “EL SUEÑO, EL DESCANSO, TE PERMITEN SER CONSCIENTE DE TU REALIDAD”. Descansar es una función biológica que olvidamos por vivir más y rápido y es lo que nos hace funcionar física y mentalmente en condiciones adecuadas.

Un paso más: “EL HUMOR PERMITE TENER UNA VIDA ALEGRE”. No se descubre nada. Las risas auguran bienestar y se usan poco en algunos contextos.

No descubre nada nuevo, pero nos lo recuerda para que reflexionemos un poco y nos movamos para conseguir esos momentos felices.

SIEMBRA…

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Piensas que estás bien, pero sientes que no lo estás. Tu cuerpo te dice que no; esos dolores, ese aire que te falta, esas lagrimas que afloran. Además lo que haces, tampoco indica lo contrario. El no dormir bien, el comer compulsivamente, el aislarte de quiénes te rodean.

Intuyo la razón por la cual el ser humano se miente.  Se piensa que verbalizarlo de forma persistente, hará que desaparezca, pero la realidad no es así, porque el pensamiento ejerce más fuerza. Para que todo eso cambie hay que modificar esa manera de pensar, hay que ser consciente de lo que ocurre, no avergonzarnos de sentir, no reprimir, ni negar. Tan fácil como reconocer lo que te ocurre.

Puede ser que primero lo hagas en privado, con voz bajita y luego ya, en alto, segura de lo que sientes, conforme a todas esas emociones, esas señales corporales y esas actuaciones. Así será más fácil el afrontamiento, con esfuerzo y tiempo, ya que los cambios no ocurren de hoy para ayer. Y hay que ver lo que cuesta, porque la teoría se sabe. Lo que ocurre es que la práctica nos agota con sólo pensarlo y ya nos quita las ganas sin haber empezado.

Ese es el primer obstáculo a vencer, reducir la desgana y la apatía, pasar del no puedo al soy capaz. Empezar el camino hacia la felicidad, a los momentos felices, con pequeños pasos y sembrando más semillas de alegría que de otras emociones, como estaba siendo habitual.

FUTURO…

Hablar de futuro hace pensar en planes a cortos plazo, en organizar un poco el día y poco más. Ese es el futuro. Acordar con los amigos ir al teatro, celebrar algún que otro cumpleaños, visitar la consulta médica, coger un teléfono o trabajar. El futuro incluye hacer algo por los demás, sentir o querer. No sé muy bien el orden, la cantidad, o la finalidad, es algo que está ahí. También implica tener un espacio para la propia persona, para quererse y valorarse, para continuar con la búsqueda de un sentido, de un propósito de vida. Del presente parte el camino para todo lo anterior.

Más allá de eso no hay mucho más porque el futuro es incierto, sin planes, sin preguntas ni respuestas. Pensar demasiado en el mañana, obsesionarse por realizar planes de futuro y cumplirlos, puede generar un estado de ansiedad, que no es nada bueno para la salud. Y no es que no nos preocupe lo que vaya a ocurrir, es que nos ocupamos más de lo que está pasando (vuelve el presente a hacer su aparición).

En el futuro puede que queramos cumplir sueños, de los que pensamos en el presente, por ser factibles o realistas. O seguir soñando despiertos, para que sirva de válvula de escape, en los casos de no cumplirse. En cualquier caso, el futuro da para mucho, sin haber llegado aún.

PRESENTE…

El presente se siente confuso, con desequilibrios según la hora del día, la actividad realizada o la compañía concurrente. El presente es un ahora sin demasiadas motivaciones, alguna que otra obligación y pocas intenciones de futuro. Un presente que es ya, donde se aprovechan las oportunidades y retos, pero sin más sensación que realizarlas.

El presente es vivir, sobrevivir, comer, dormir o hacer lo que toca. Escanear documentos para nada, escribir para desahogarse, llamar por teléfono para resolver dudas o intentar relajarse, haciendo algo de ejercicio, o tirarse en el sofá.

El presente es entender a aquellas personas que nos rodean, las que manifiestan soledad, apatía o desmotivación. Las que se sienten plenas, felices y con energía para compartir. También las que se ven perdidas, sin saber qué rumbo coger o qué decisión tomar. Y las que están, y ya.

El presente es ahora, hoy, ya mismo, en este momento, actualmente. Es mismamente esto…o quien sabe si ya pasó. Es lo que tenemos para sentirnos bien, para cambiar si algo nos incomoda o hace que parezcamos titubeantes ante algo o alguien que se nos aparece. El presente es…

PASADO…

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Pasado. Aludimos al pasado, echando de menos aquellos momentos vividos con 6, 14 o 20 años, o ayer, lo que hacíamos y con las personas que estábamos.  Recordar el pasado, nos encuentra con el “y si”, y nada podemos hacer al respecto. En aquel presente, se decidió la actuación realizada. Lo adecuado es asumirlo y no dejar que los sentimientos de culpa nos aborden.

El pasado nos presentó conocimientos y experiencias que ahora tenemos, que nos han hecho ser como somos. Ese pasado nos gusta más porque forma parte de nosotros y parece que le hemos dado algún uso.  Otras veces lo usamos para comparar, se abre entonces un abanico de emociones, porque según sea la situación o el problema planteado, así nos sentimos.

En ocasiones, parece que el pasado se instala en el presente, en el devenir diario porque lo rememoramos y eso impide el avance, el crecimiento continuo. Imagino que no se ha superado algún momento vital y estamos estancados, nos regodeamos en recuerdos, en instantes que no nos pertenecen, porque no están y dejan que nuestro presente no sea pleno, puesto que nos sentimos anclados a ello.

Al hablar del pasado, aparecen nombres propios, lugares, un montón de relaciones mantenidas por una razón u otra, en emplazamientos concretos, que, ahora en el presente, nos hacen reír o llorar, enfadarnos, sentir melancolía, plenitud o cientos de emociones, según el caso. Ayyyyy.