EXCESOS…

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No se puede poner límites al movimiento de personas, pero tal como vivimos va a ser necesario porque de lo contrario, ésto se desbordará. No es normal que haya tanta gente en las principales ciudades del mundo, haciendo turismo, viajes relámpagos, reuniones y congresos, o tal vez esa sea la normalidad, el intercambio cultural a lo largo del mundo. Pienso que las ciudades no pueden asumir ese goteo de personas, medios de transporte o basura acumulada.

Islas mediterráneas que “se colapsan” con el buen tiempo, grandes urbes que son un hormiguero de personas en fechas señaladas, ciudades monumentales, de gran riqueza cultural que se llenan de colas para visitar esas lindezas. Está muy bien acceder a todo ello, pero me invade la incertidumbre y el preguntarme, hasta cuándo aguantarán el núcleo urbano, porque no consideramos nada más y pareciera que el aspecto medioambiental lo obviamos. Ahora mismo me viene a la cabeza, esas papeleras hasta arriba y basura depositada a los lados porque no hay sitio para nada más ni nadie lo limpia. Ese dar vueltas y vueltas para encontrar aparcamiento o las aglomeraciones cuando se transita por ciertos espacios. Levantarte de noche para poner la toalla en la playa. No hablemos del aforo limitado de los locales.

Lo que me queda claro es que vivimos en el exceso, en el abuso, en el consumismo abusivo porque es barato o gratis aunque no se necesite. Son millones de personas los que están en esa tesitura y apartarse de ello es complicado, costoso, pero no imposible. Habrá que intentarlo.

PARTES…

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Las partes, a la hora de abordar un conflicto sería conveniente que tuvieran pautas, patrones o modelos para afrontar las distintas situaciones. Muchas veces, el conflicto surge por el significado que le damos a los estímulos recibidos, entonces es importante trabajar las actitudes mentales y buscar actividades gratificantes para generar bienestar. Otras veces, la discrepancia entre la realidad y lo que se percibe como real es lo que desencadena el desequilibrio, las diferencias. La forma como entendamos, comprendamos y afrontemos los conflictos tienen que ver con la emoción y los sentimientos, por lo que se hace necesario controlar las emociones para que la resolución del mismo sea posible. Es preciso canalizar emociones para racionalizar.

Cuando el problema es con otra persona, la comunicación es fundamental, porque la falta de ella, origina malos entendidos y discrepancias. Por ello es importantísimo conversar, dialogar entre las partes,  y sobre todo saber escuchar. La comunicación inadecuada y las cargas emocionales son graves interferencias para resolver conflictos, por eso el uso de las distintas habilidades sociales se hace indispensable.

Es preciso establecer un diálogo abierto y reflexivo, orientado a la  solución, utilizar un lenguaje diferente, alternativo, que permita la autocrítica, la reflexión continua y la apertura. Utilizar la dialéctica de forma continua, con indagación, compartir, explorar ideas, pensamientos, sentimientos. Dialogar, hablando, escuchando  para que se produzca una transformación en ambas partes y se superen los problemas, sin limitarnos, para no etiquetar.

En nuestra vida queremos conseguir algo, satisfacer necesidades y nuestros movimientos van en esa dirección, sino se consigue puede aparecer la frustración y entonces hay que poner medios para canalizarla y/o superarla. Tenemos que hacernos protagonistas de nuestra vida, de los conflictos, ser conscientes de que la solución está en nosotros (empowerment). El cambio empieza en uno mismo aunque el conflicto es cosa de dos y debemos confiar en la otra parte, porque se busca el reconocimiento de responsabilidad mutua,  la generación de soluciones, el bienestar emocional para superar las diferencias, y llegar al acuerdo.

Indispensable que las partes no utilicen una estrategia ganar-perder sino negociar y satisfacer sus necesidades e intereses, superando las posiciones iniciales, con buena fé, colaboración y respeto.

RECURRENTES…

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Tela, telita cuando las personas se obsesionan. Es increíble como empiezan a pensar en algo, le dan vueltas y acaban convirtiéndolo en realidad, su realidad y su verdad. Luego el trabajo lo tienen que realizar las personas de alrededor para hacerles ver que “ese mundo real” no es el mundo y que los que viven en “ese mundo real” no hacen, ni deshacen, ni existen en la realidad que habitamos.

Se obsesionan con algo, con alguien, y eso les produce cabreo. Ese cabreo se acrecienta porque no alcanzan la meta propuesta y cualquier circunstancia la perciben como amenazadora. Los que están en torno a ellos pueden contagiarse en ese bucle de negatividad y mal rollo, así que emplean mil y un recursos para parar esa espiral, para que aparezca un poco de sentido común y pensamiento racional.

Desde luego, como nos liamos, como malinterpretamos señales, llevándolas a nuestro campo, cuando, en realidad, tienen que estar en campo neutral. Sorprende la cantidad de mundos paralelos que se crean las personas, con identidades diferentes, con mentiras y callejones sin salida. A veces, con el único motivo de no poder aceptar la realidad como es, como se presenta.

Supongo que todo el mundo en algún momento se ha sentido desbordado por una situación y ha empezado a divagar, a pensar más de la cuenta, a utilizar los “y si”, en vez de centrarse en lo que podía hacer, obsesionándose en alcanzar lo inalcanzable, en criticarse sin haber motivos para ello, sin hacer un ajuste a nuestras capacidades, o no recurriendo  a las personas del entorno para pedir ayuda.

Sería importante poner una sonrisa en la cara, acompañada de un cuerpo relajado y abierto, con intención de cambiar perspectivas, poder practicar alguna técnica de relajación o ejercicio físico, distraernos y sobre todo buscar momentos felices.

 

 

GOTAS…

rain-122691__340Esta mañana se ha puesto a llover. En poco tiempo, la calle empezó a oler a polvo y enseguida, las gotas han comenzado a caer fuertemente. En ese momento, he salido a la calle, no he cogido paraguas, las personas con las que me encontraba me decían que me iba a mojar. Ese era el objetivo, que la lluvia, el agua cayera sobre mí, me mojara la cara, mi pelo y sintiera ese frescor, una especia de limpieza como si arrastrara todo lo malo que tuviera dentro. Necesitaba esa lluvia para relajarme, me llevó a pensar cosas agradables, me recordó “chupas” cogidas a lo largo del tiempo y en las risas producidas al llegar a casa chorreando.

Ese sonido de la lluvia te lleva a otros lugares, con otras personas, a recuerdos del ayer. Si centramos nuestra atención en el sonido de las gotas al caer, es algo terapéutico, relajante, sanador. Te ofrece un momento apacible, liviano, sin preocupaciones. Agradeces esas gotas, ese agua tan necesaria para la vida, para la naturaleza, para que todo siga su curso, a pesar de que algunos vean el agua a destiempo y sin justa medida.

Dan ganas de cantar para que siga lloviendo, pero ahora mismo luce el sol, que se abre paso entre las nubes…una pena.

HUMANO…

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Lo importante de nuestra vida, lo destacable de las personas varía de un lugar a otro, según la cultura, ideología. Cada uno tendrá sus metas, sus palabras fetiche, sus actuaciones memorables, aquellas experiencias que la marcaron. Algo que une al ser humano, que precisamente los hace humano es la escucha. Escuchar a uno mismo, lo que ocurre a nuestro alrededor, a pesar de que haya silencio. Escuchar a la gente, lo que dicen, lo que expresan, lo que sienten. Poner la escucha en aquellas letras de canciones, en el agua que corre, en el vaso que se rompe o en el corazón propio y el de los demás. Escuchar, también, lo que no se dice.

Lo mismo puede suceder con el tocar, el tocar y ser tocado, el contacto físico que nos pone la piel de gallina, nos alivia, nos da energía, transmite calor y sentimiento. Cuando tocamos, sentimos, podemos abrazar a cualquier persona, en cualquier situación, besarla, acariciarla, achucharla más o menos fuerte. Ese sentir lleva aparejado la alegría, la tristeza, el dolor o el miedo. Nos enfadamos, vibramos con personas, hechos, el caso es sentir. Igual de importante es hacer, construir y destruir, moverse, de un lado a otro, caminando en línea recta o dando vueltas, cambiar de perspectiva.

Si escuchamos, tocamos, sentimos, hacemos y construimos, lo natural es que sea en soledad y en compañía, dependiendo de la ocasión, de las personas del entorno, de nuestro estado de ánimo. Ese dar y recibir cosas buenas placenteras, y también las desagradables. El compartir sucesos, días y noches, deseos y realidades. Qué lío hablar sobre el ser humano, un ser tan simple y tan complicado.

EXISTENCIA…

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Hubo un momento en que entendí que la persona más importante del mundo era yo, que debía aceptarme y cuidarme para ofrecer al resto, toda mi persona. Justo al lado, en un instante, comprendí que las emociones desagradables estaban ahí para hacerlas frente, para gestionarlas, sin que interrumpieran demasiado.

Hace tiempo que las circunstancias me hicieron crecer, me hicieron madurar, me hicieron consciente de lo que tenía, quería o desearía. A la vez, pude reconocer al otro, su espacio, sus porqués o negaciones.

No es fácil darse cuenta de los tóxicos emocionales y de las propias personas y situaciones, que nos hacen daño, pero el ser egoísta, nos da pie para parar ese tipo de tesituras.

En esta ocasión, me centro en el aquí y ahora, mirando al futuro de cerca, sin grandes planes tan sólo los que me gustan, quiero, o puedo, a mi ritmo y sin compararme con los demás. Con el añadido de que el fallo, el error puede aparecer en cualquier momento y me concederá, al menos, un segundo más de aprendizaje.

Y tendré momentos de locura, de hastío, martirio, desarme y angustia, pero todos ellos superables con ganas, esfuerzo, valentía y ayuda. No sé si está bien o está mal, tampoco la utilidad o inconveniencia de vivir así. De hecho no sé si esto es vivir o sólo pasar la vida. En cualquier caso, se piensa, se siente y se actúa y eso sí que tiene que ver con la existencia.

BOLETO…

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En una de esas conversaciones alrededor de una mesa, con algo de picotear y de beber, nos podemos sorprender de lo que se habla en ella. Se percibe la fortaleza del ser humano, a la vez que, intuimos la debilidad, intentando asomarse por los poros de la piel, ganando, a veces, la batalla. Siendo la protagonista de horas, días, semanas y meses. Haciendo que nuestra vida sea un laberinto de pensamientos positivos que no encuentran la salida, una especie de rompecabezas donde las piezas no encajan, porque estamos a “puzzle cambiado” o ese juego o aplicación que no sabemos cómo funciona, al haberse presentado, de repente, como una novedad no pedida.

Te hace reflexionar sobre el ser humano, pensar como personas, que para ti, eran fuertes, daban ánimo, se hacían presentes, han sucumbido a la debilidad y ahora necesitan de los demás, de si mismo, para poder hacer frente a la adversidad, a esos momentos incómodos, que hacen que la vida no sea tan agradable y confortable, como era hasta ahora.

De regreso a casa, pensaba en ellas, en cómo dieron la cara, o la están dando para desafiar a esas situaciones, que las están transformando, sin ellas pedirlo. Cualquiera de nosotros podemos pasar y caminar en ese lado, nadie está libre de recibir ese boleto premiado. Como lo invirtamos o usemos, hará que haya más luces y menos sombras o por el contrario, amplios momentos de oscuridad.

GERUNDIO…

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Buscando motivos para no pensar en quien te hiere y emplear nuestro esfuerzo y ganas con aquellas personas que nos quieren, aprecian y nos hacen sentirnos útiles. Todo, a pesar, de los defectos propios, los momentos de tormenta, o los caminos de espina.

Buscando momentos felices, que olviden la ansiedad, los miedos, las decepciones. Momentos en los que aprendamos de los errores, pongamos en conserva las relaciones con tara, para centrarnos en las que valen la pena, en las que nos proporcionan beneficios, nos hacen sonreír y sacar partido a las emociones desagradables.

Buscando al protagonista de nuestra vida, sin dejarnos llevar por los demás, viviendo con lo que tenemos y vamos encontrando, resolviendo los imprevistos, y cuando menos lo esperas, está el lugar de tus sueños, tu refugio, tu oasis de calma y recarga de energía.

De tanto buscar, acabamos encontrando los pros de lo que se avecina, cambiando los contras, adaptándolos y transformándolos a nuestra persona. Encontrando las emociones agradables que albergan en nuestro ser, las situaciones que son de agradecer, o las personas que te ofrecen oportunidades de crecer y madurar.

Encontrando el valor para decir no, aceptando cumplidos y críticas, siendo conscientes de lo que pensamos, sentimos y hacemos, expresando deseos y necesidades, pidiendo perdón, volviendo a levantarnos tras crisis personales. Hablando desde uno mismo para que los demás nos comprendan y si no lo hacen, dando oportunidades.

Al final, todo genera en nosotros, vida, alegría, placer, a veces, dolor y ofuscación, sentimiento de libertad, pasión, amor, sabiduría, paciencia…La lista es larga, completándose en cada momento, día, experiencia, etc. Hemos de seguir pedaleando.

MADUREZ…

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Hubo un tiempo donde el estómago se encogía cuando veía a cierta persona y el corazón latía más rápido que de costumbre. Ese mismo tiempo fue el responsable de que las circunstancias cambiarán y todas esas sensaciones tuvieran que guardarse bajo llave, en un cajón. A cambio, otras emociones salieron del letargo, con fuerza inimaginable. Nuevas situaciones hicieron ponerlas en práctica.

Sin embargo, la gente no lo entiende, busca explicaciones incorrectas sobre el porqué de ese cambio de sensaciones, de ese flujo de cariño. Nada tiene que ver con la amargura, con el daño o roturas. Simplemente, es un cambio de actitudes, que pueden evolucionar y transformarse en cualquier momento. No será fácil porque la persona se habitúa a su zona de confort, a sus cosas, rutinas y manías. Y cuando aparece alguien a romper esa rutina, llegan los miedos, las excusas, o el poner tierra de por medio.

Puede parecer de una persona inmadura, que no sabe lo que quiere, pero es una madurez inconclusa, como un puzzle al que le faltan piezas y que hay que completar para que sea plena. Tal vez sea porque la madurez integral, la total nunca llega, siempre hay experiencias por las que pasamos que nos dejan huella. Decisiones que tomamos, que marcan nuestra vida y relaciones. Personas que nos aportan maravillas y aquellas que quieren dejarnos tóxicos, con las que tenemos que estar atentos para ponerlas lejos.

Esa madurez para tantas acciones, toma de responsabilidades, trabajos imposibles, que se esconde cuando se trata de tí.

UN BUEN DÍA…

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Ayer fue un buen día. Si ella escribiera esta entrada, lo contaría así:

Cuando te levantas y alguien te canta una canción, sonríes y te das cuenta de que hoy es mi día. Ves el sol a través de la ventana, y cuando miras hacia arriba te encuentras banderines y globos por las estancias de la casa. De nuevo piensas que es tu día. Mañana soleada, paseillo por la acera, llamadas de teléfono y una buena siesta. Al despertar, descubres que un pequeño corretea por la casa, que hay tarta, regalos y visitas inesperadas. Vuelves a sonreír.

Continúa la tarde, con ratos agradables, con sonrisas, con una merienda en buena compañía y la cosa no queda ahí, porque deciden nombrarte reina y con corona incluida terminas el día. Con más abrazos, besos y mucha satisfacción.

Al acostarte, sólo piensas en el buen día que has tenido, en lo bien que lo has pasado, en lo feliz que te has sentido. A descansar, porque las emociones, también agotan y éstas han sido de las buenas e intensas.

Gracias familia y mañana quiero arroz para comer.