DESINTOXICACIÓN…

11944858_10153627923801520_439060171_nEstos días he estado un poco ausente, nisiquiera podía leeros. La verdad que llevaba el ordenador apagado varios días, incluso la batería del móvil ha durado más. Viene bien este tipo de desintoxicación, lo malo es que la desintoxicación también afectó a mi cuerpo, expulsando lo que no quería, jejeje. Ya sabía que algo ocurría, porque si algo tiene el ser humano, es que se conoce un poco aunque no sepamos poner nombre a las cosas.

Lo mejor de estar en casa es ver como pasan las horas sin mirar el reloj, intentando hacer o deshacer cosas, también viendo cómo el sol tarda en ponerse y cómo la gente empieza a salir a la calle, escuchándose los gritos de los niños en los parques.

Algunos dedican estas tardes a pintar, a mudanzas, a cambios nuevos en la vida, que afectarán directa e indirectamente a los de alrededor, pero que marcan el comienzo, fin o continuación de cada uno. Esta claridad que el sol reporta, hace que nuestro ánimo esté más activo, con listas de actividades para hacer, con sonrisas puestas en la cara y con ganas de que, aunque haga frío o algún día llueva, el sol salga cada día.

Así que, si el cansancio no lo impide, voy a comenzar a hacer algo. Aunque claro, no estaría mal desintoxicarse en algún lugar como el de la foto y con la compañía adecuada.

RECUPERACIÓN…

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Recuperarse requiere tiempo. Podemos hablar de volver a nuestro estado normal tras la realización de ejercicio o sentirnos despiertos, tras no dormir demasiado o tener un ánimo relajado y contento, después de un desengaño, tampoco debemos olvidarnos de las recuperaciones postenfermedad.

Recuperarse de una crisis requiere  tiempo, puede ser mayor o menor, dependiendo de la persona, de sus ganas de volver a ser la de antes. De regresar a las rutinas, de olvidar esos trances, o de la profundidad o gravedad del hecho.

Lo importante, más de lo que pase en sí, es la capacidad de reacción al suceso. Tener ciertas herramientas para afrontar la situación, aprender o reaprender a sentir, pensar y actuar para hacer frente a lo que está pasando. No significa estar bien, ya que estar mal, forma parte del proceso. Es necesario estar mal para estar bien, intentar manejar esas emociones intensas.

Podemos desarrollar una autoconciencia para que nuestra dependencia no sea extrema y ante episodios traumáticos, no seamos tan vulnerables. Si somos capaces de relajarnos cuando nos invade el nerviosismo y la ansiedad, es otro factor que ayuda. Está claro que cada uno tendremos nuestras formas y maneras de recuperarnos y aunque todo sale de nosotros, de la intencionalidad que pongamos, la ayuda del entorno es muy significativa.

Y aunque veamos que la recuperación es lejana, llegaremos a ella, no podemos evitar ciertas cosas, pero sí el modo de percibirlas y eso las hace más superables. Aparte que el cambio es parte de nuestra vida, aunque nos gusten más unos que otros.

Estar alerta ayuda, entretenido con actividades, trabajando nuestra autoestima, con visión positiva, riéndonos, observando o preguntando qué han hecho los demás en esas situaciones. Múltiples actuaciones pueden servir para recuperarnos, el principio es poner de nuestra parte para conseguirlo.

Recuperarse y volver a ser la persona de antes, requiere esfuerzo, que la cabeza no divague demasiado en el tema que nos enturbiaba el corazón. Luchar contra los pensamientos o emociones para que aparezcan otros nuevos, más saludables y seguir hacia adelante, que es lo que toca.

DESAPEGO…

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Rebuscando y leyendo por ahí me encuentro con el tema del desapego. Nos suena más la teoría del apego, cuando establecemos con alguien de nuestro entorno un vínculo afectivo especial, en la mayoría de los casos, el bebé con su madre.

Cuando hablamos del desapego, no sólo nos referimos a desvincularnos de los demás, no quiere decir que nos apartemos de la gente que nos quiere, tan sólo hemos de marcar distancia. Que debemos de centrarnos en el aquí y ahora para conseguir nuestras metas y deseos. Que tenemos que trabajar para buscar lo que más no convenga, buscando la felicidad, aminorando los momentos infelices, asumiendo esa realidad que no siempre nos contenta. Discusiones familiares, problemas en el trabajo, divagaciones morales o pensamientos contradictorios, son ejemplos de ello.

Si la vida consiste en dar y recibir, en constante movimiento, no podemos hacernos responsables de que hemos dado poco o mucho, y que por eso los demás no son felices. Precisamente, el desapego quiere evitar eso, el sentirnos responsable de las vidas de los demás. Formamos parte de sus vidas, pero cada cual debe vivir la suya, con errores y aciertos. Establecemos relaciones y vínculos con las personas que queremos pero ni ellos a nosotros ni nosotros a ellos debemos someterles a nuestro criterio.

Aprender a ser autónomos sentimentales, pero con derecho a ayuda, respetando el espacio de cada cual. No hay que romper lazos, sino hacer la lazada más suave. No hay que ser egoístas, sino cultivar mi libertad junto a la libertad de los demás. No consiste en hablar de los “y si”, sino del aquí y hora. Y sobre todo, tener en cuenta que cualquier vínculo puede deshacerse, puede desaparecer y se necesita una preparación.

Habrá personas, con mayor o menor desapego, pero eso no quiere decir que sean unas descastadas.

PANORAMA…

16681905_1779021405460437_893420505318133771_nMenudo panorama tiene el corazón, no sabe si latir deprisa, si ralentizar el ritmo o pararse cada vez que él aparece. Menudo panorama tiene la cabeza cuando no para de pensar que porqué es esto o lo otro. Hay que facilitar las cosas, y nos empeñamos en poner obstáculos, en echar el freno, cuando el vehículo sólo quiere movimiento.

Nadie piensa que al abrirse una puerta, va a aparecer el amor, o el deseo o las ganas de ocupar tu cabeza con esa persona. Nadie piensa que lo primero y lo último que  pasa por la mente es ese tipo con el que te ríes, conversas sobre todo. Aparecen invitaciones encubiertas, peticiones inusuales y revelaciones sorprendentes. Aunque, nadie da un primer paso, porque hay miedo, hay preguntas sin respuesta y otras prioridades.

Menudo panorama. Y cuando te piden que des tu opinión sobre el caso o que des un consejo a la persona, sólo te echas a reír, respondiendo que no ofreces ni lo uno ni lo otro. Sólo sonríes, guiñas un ojo y dices: “¿Tú que harías, si fuera yo quien estuviera en esa tesitura?. Pues eso, entonces hazlo”.

EDUCACIÓN…

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Buscando el significado de educación, me encuentro que proviene del latín “educere”, que significa sacar, extraer y que educar tiene que ver con formar, instruir. Está claro que queremos formar a la persona para que se desenvuelva en la sociedad que le toca vivir. Que sea capaz de ser cortés, delicado, de presentar cierto civismo en las relaciones con los demás. El tener o no este tipo de educación nos hace avanzar.

Al hablar de educación, también, nos viene a la cabeza, el formar a la persona para que desarrolle sus habilidades intelectuales, se le ofrece contenidos de diversos ámbitos, para que los aprenda y le sirvan en su desarrollo personal.

Está claro, que cuando nos encontramos con niños y jóvenes, buscamos que sean educados con nosotros, que entiendan y atiendan a las normas, que sean amables. En ello tiene mucho que decir la educación recibida en casa, las normas o límites que marcan sus progenitores. El hecho de que conozcan las consecuencias de lo que hacen.

Lo que cambia un niño, si sabe a qué atenerse o por el contrario, su vida es un desequilibrio, según el humor de los mayores. Quiero niños educados a mi alrededor, que puedan tener sus rabietas,  sus momentos de oposición pero que eso no sea la tónica general de su comportamiento. Y quiero que los adultos que los acompañan en su crecimiento, no se ofusquen, que hoy no den premios y mañana les cubran de privilegios sin medida.

Es preciso tratar y que nos traten sonriendo, con cordialidad, siendo considerados y moderados en lo que hacemos o decimos. Si sabemos respetar, ya tenemos mucho ganado, si dejamos de lado gestos ordinarios o gritos, actitudes prepotentes, todo irá mejor.

Si somos educados, los demás también serán educados con nosotros, la gente que nos rodea observará cómo nos comportamos y les serviremos de modelos. Aunque, a veces, para tener educación es necesario que nos re-eduquemos nosotros primero.

FORTALEZA…

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Mucho se habla de la fortaleza de las personas, de la capacidad que tienen muchas de ellas para superar los tragos de la vida, de ver cómo se recuperan de caídas y malos golpes. No todo el mundo es igual de fuerte, y no hablo tanto de la fuerza física, que está claro que es diferente, salta a la vista.

Hablo de la fortaleza mental, desigual según las personas, sus vivencias, el entorno o el mismo potencial personal, que a veces, desconocemos. La capacidad de soportar, superar adversidades, ir hacia adelante pese a los infortunios, esa fortaleza recibe el nombre de resiliencia. Un “nombraco”, más para que la gente no lo entienda demasiado, cuando todo el mundo comprende el “tirar del carro”, “salir a flote”, “tener entereza”, etc.

Como todo en este vida, se puede aprender. Tal vez, tengamos la capacidad mermada porque nuestra autoestima sea baja y vemos la realidad de una forma pesimista, o no tenemos destrezas o herramientas suficientes para afrontar problemas o/y superarlos. En otras ocasiones, el esfuerzo por vencer el percance nos agota y  quedamos parados, sin saber qué hacer, dejándonos llevar.

La capacidad de ser resiliente, nuestra fortaleza está dentro de nosotros y mirando a nuestro alrededor, se observan personas que son muy fuertes, que se adaptan a situaciones complicadas, desfavorables, que son valientes y no pierden la esperanza. Que, personalmente, me asombran por esa firmeza y aplomo, hacen preguntarme; qué haría yo, si sería capaz de salvar esa situación, circunstancia.

Estamos rodeados de personas que tienen esa capacidad, de niños que se convertirán en adultos, dándonos una lección de fortaleza porque se han enfrentado a situaciones adversas, a retos impensables y han salido fortalecidos. Ellos parecen tener un control, que otros no tienen, para afrontar los retos de la vida.

Al resto, sólo nos queda aprender, explorar nuestros recursos y potencialidades, tener cierta entereza para hacer frente a lo que nos depara la vida, sobre todo, las incidencias de carácter negativo. Así poder adaptarnos para sobreponernos y seguir ahí, “al pie del cañón”.

MOMENTOS…

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Leyendo a unas compañeras blogueras me encontré con varios conceptos que pululan en mi cabeza. Uno es el de momentos felices y otro el de memoria selectiva.

Hablando con la gente, salen a relucir en muchas conversaciones.

Puede que en el pasado, nuestros momentos felices eran unos, que ahora son impensables e incluso se ven como errores. Pero es ahí, donde tenemos que echar mano de nuestra memoria, quedándonos con lo que nos hizo sentir bien, con las risas de antaño junto a esa persona o circunstancia. El resto, lo peor, lo negativo hay que abandonarlo en el camino, guardarlo bajo llave para que no se salga. Debemos ser selectivos y acogernos a lo positivo.

Momentos felices son los que tenemos que buscar, una mirada, una sonrisa, aquel viaje, aquella vez que te caíste y no paraste de reír pese al daño que te hizo. Ese palpitar del corazón y sudores que te entraban a verlo. También cuando aprobaste el examen que tanto esfuerzo te llevó, o la visita de un familiar, el primer sueldo o que hayas dormido de un tirón toda la noche.

Esos momentos felices de abrazar a quien quieres, el ir al baño corriendo porque en tu grupo de amigos no paráis de reíros, o esa vez que te perdiste y al contarlo ahora, lloras de lo gracioso que resulta.  Llegar a acabar una ruta, finalizar un proyecto, leer un libro y porqué no, formar parte de la blogosfera. Cualquier cosa que nos haga reír, sentirnos bien son nuestros momentos felices. Los momentos que componen nuestra vida.

Los otros, los momentos menos felices también son parte de nosotros, pero debemos escoger el instante feliz de ese momento doloroso, que nos provoca pesar. Pueden ser los referidos a pérdidas, enfermedades, enfados u otro tipo que tenga connotación negativa, de ahí que tengamos que ser selectivos.

Buen fin de semana y que tengáis muchos momentos felices.

NOCHE…

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Cuando alguien te llama en plena noche significa que algo pasa, que necesitan tu ayuda. Así que, dejando de lado los sueños, te incorporas a la realidad. Esa realidad que pide tu presencia, tu atención y todo tu cariño.

No es la primera vez que la madrugada enfría los cuerpos hasta hacerlos estremecer, ni que el malestar hace que la musculatura se pongan tan rígida, que cualquier pequeño movimiento produzca dolor. Depende de la noche, varía la intensidad, sea cual sea, te pones en la piel de la persona e intentas hacer de todo para que vuelva a su estado normal. Engañas a su cabeza, que piensa y siente que tiene frío, masajeas partes de su anatomía para que se relaje. Hablas y susurras para que te sienta a su lado. Cualquier cosa con tal de tranquilizar, sosegar y hacer que se duerma.

Es cierto que la noche se acortó y el desvelo apareció, el amanecer no ayudó a dormir. Al menos, alguien duerme y descansa, a pesar de tener que estar en la cama por un par de días y sus noches.

PARADAS…

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No sé en qué punto las relaciones comienzan a descender. Tal vez se intuya, lo que no es normal es que caigan en picado, sabiendo la carga que lleva la misma. No se sabe el porqué de los silencios, el desprecio por el interés. Tampoco que no se compartan los pesares ni alegrías. Lo que sí se sabe,  es que el camino continúa, hay más gente interesada en hacerlo, en gozar de la compañía, de los secretos, de las inquietudes y dudas.

Es cierto que, la vida une y desune, que los caminos pueden ir en línea recta, con muchas curvas, altibajos o demasiadas paradas. Esas paradas, sean muchas o pocas, hacen que conozcamos gente interesante, que nos aportan lo inimaginable, que nos inspiran y hacen sentir, que irradian energía contagiosa para que experimentemos un cúmulo de emociones y nos atrevamos a vivir, a encontrarnos bien, felices.

En esas paradas, también observamos que personas, que conocíamos, se bajan, se alejan al destino elegido, al que más le conviene según gustos, aficiones y biografía del momento. Puede ponernos tristes, pero entendemos que ese es su lugar y nosotros continuamos viaje hasta la próxima parada.

Según el momento, las circunstancias vamos viendo la parada más oportuna. Podemos estar acertados o no, pero bajamos, subimos, probamos otras paradas y siempre en contacto con el resto de personas que deciden unirse al viaje, o bien, abandonarlo. Esas paradas marcan nuestro desarrollo vital, con el ir y venir de personas, ambientes que descubrir, instantes que guardar y otros olvidar.

ATOLLADERO…

picjumbo.com

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De repente, una persona se puede sentir sobrepasada por algún motivo, alguna decepción amorosa, una mala situación laboral o la tan temida, crisis existencial, de no saber qué hacer. Superar esas situaciones, no sólo depende de la intensidad de las mismas sino de que la propia persona tenga recursos personales y apoyo social.

Como simples amigos, debemos observar a la persona, su entorno, lo que dice para poder hacer algo y disminuir ese estado de agitación, estrés. Saber qué ha ocurrido por voz de la persona implicada, intentando acogerla, dando protección, mostrando nuestra presencia. De alguna manera, debemos hacer partícipe a la persona, de su realidad, a veces, la tiene distorsionada.

Se habla, se escucha, se van priorizando los problemas para su posterior resolución. Además, tienen que saber que su entorno está ahí, su red de apoyo, aunque, a veces, parezcan ocultos. Esa red de apoyo es fundamental, juntando lo que uno tiene con lo que le ofrecen los demás, se convierte en algo grande y es más fácil salir del atolladero.

Normalizar las sensaciones y emociones que están pasando por su cabeza, es necesario. Son reacciones normales a situaciones anómalas. Y por supuesto, tenemos que tener claro que lo que sienten es verdadero, propio, no se juzga.

Salir del atolladero requiere esfuerzo, trabajo, implicación, puesta en práctica de una, cientos o miles de herramientas, tiempo. Al final, la sonrisa en la cara significará el haberlo conseguido.