TOXICIDAD…

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A veces en las familias puede haber cierta toxicidad, con la presencia de personas, que son demasiado exigentes, manipuladoras o sobreprotectoras. Esa actitud les lleva a vigilar al resto de la familia, en exceso, sus entradas y salidas, los móviles, no dejan decidir a sus familiares, que cometan errores, que aprendan, que crezcan, ni elegir sus amistades, a todo le sacan punta.

Si alguien de la familia falla, lo ven como un gran error y fracaso, les critican cualquier paso en falso o hacia atrás. Son personas “criticonas”, más que críticos, atacando a la persona, haciendo continuos reproches ante cualquier actuación. Además, les llevan a su terreno con artimañas poco sinceras, controlando, chantajeando y manipulando para salirse con la suya y tener al otro donde él considera oportuno.

Estas personas no se caracterizan por tener demasiadas habilidades sociales o ser asertivos sino que son autoritarios, (“lo digo yo, porque sí”). No admiten otros puntos de vista y la comunicación que debiera ser bidireccional se queda en unidireccional. Ese tipo de comunicación tan literal, radical, hace que la afectuosidad se vea reducida a la mínima expresión, por lo que el modelo a seguir para el resto de la familia, no es muy halagüeño.

En alguna ocasión, pueden culpar al resto de la familia de sus fracasos personales o sueños inalcanzados, pretendiendo que éstos vivan la vida que ellos no han vivido. Esa toxicidad proveniente de los padres u otros miembros de la familia no es buena, puede que algún familiar no llegue a ser una persona autónoma, ni logre una identidad o buena autoestima.

En la mayoría de los casos, estas personas deberían escuchar más al resto de miembros de la familia, ser más empáticos, asertivos, respetuosos. Ser conscientes que, cada persona, necesita su tiempo y espacio, caerse para volver a levantarse. No todo tiene que ser perfecto y el error forma parte de nuestras vidas.

EN REPOSO…

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En reposo, así están muchas vidas, con rutinas de levantarse, asearse, comer, dormir y poco más. Se sientan en el sofá, consumen televisión, pueden jugar con algún artilugio electrónico, realizar las tareas de casa y así son felices o al menos se sienten bien. No somos quiénes para juzgar estos modos de vida porque a nuestro alrededor, cada cual, lleva su vida a su manera.

Luego se observa otro tipo de personas que cultivan su cuerpo y mente, acuden al gimnasio, trabajan dentro y fuera de casa, se dedican a actividades “extracurrales”, desde idiomas, a tenis, pasando por costura, viajan, salen de cañas, se relacionan y siempre quieren más, hacer más, vivir más.

Qué diferentes vidas llevan unos y otros, qué prioridades tan distintas, qué concepto de pasar la vida o ver la vida pasar. En qué momento se decide vivir una vida u otra?. En qué instante se cambia el chip para aprovechar todos los momentos, disfrutar y sacar provecho de cada día, de las personas con las que se interactúa, de utilizar las tecnologías provechosamente y no como adicción. Tiempo de crecer, de reeducarse, de salir del reposo?.

Además, el tener la oportunidad de ver la vida de otras personas, puede dar pistas para buscar lo que más nos conviene y está a nuestro alcance, para estar felices. Leía una frase que puede resumir esa inquietud, esa búsqueda, más real y aplicable, de lo que se pudiera imaginar.

” cuando algo te hace muy feliz y a la vez, te da un poco de miedo, es que es, exactamente, lo que necesitas”.

Ahí queda dicho y escrito.

CONCEPTOS…

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Tranquilidad, esa es la palabra con la que podemos definir las tardes, hubo algunas que no eran así. Confusión es otra palabra a utilizar, pero ciertas equivocaciones no provocan malestar, se asimila la realidad subjetiva y no se hace daño a nadie. Preocupación por los días que pasan, por las personas de alrededor, lo que provoca insomnio por pensar demasiado y anticipar lo que no ha llegado. Nerviosismo ante personas amables, atractivas, significativas, ilusión por esos momentos buenos.

Hartazgo ante repeticiones de mensajes, de actuaciones reiteradas, que hacen involucionar a la persona más que hacerla evolucionar. Satisfacción por lo bien hecho, por los amigos y amigas, por la gente que quieres y te aprecia, por las personas que te vas encontrando, que te aportan, de las que aprendes más que las enseñas tú.

Locura de emociones, de palabras descolocadas, buscando sitio en la cabeza y el corazón de cada uno. Buscando acomodo a las nuevas sensaciones, reorganizando las viejas, apartando las pocas usadas, pero teniéndolas a mano. Teniendo constancia de todas ellas porque cada una tiene su significado, en su contexto, con las personas de referencia.

Demasiados conceptos o demasiada palabrería, etiquetas que poner, cuando sólo es necesario, ser consciente, tener conciencia de todo lo que pasa por delante, sea de forma objetiva o subjetiva.

COEXISTIR…

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En muchas ocasiones, se ve que la gente, cuando es feliz, se olvida de otras personas. Se observa cómo sus vidas están llenas de momentos felices, actividad y gente nueva donde no cabe el pasado. Se puede percibir que quieren vivir su vida y ellos deciden quien forma parte de ella y nisiquiera dan opción a que otras personas compartan su bienestar.

Tanta expresión de afecto en el ayer, se convierte en silencio en el hoy, haciendo que en el mañana se difumine demasiado la relación. Puede costar aceptar esos tipos de comportamientos, aunque todos ellos, tienen justificación. Al menos para quien los realiza, es su felicidad, a costa de la de los demás. Vivir la vida o egoísmo, dos puntos de vista de una misma actuación. Diferente, según la persona implicada.

En cualquier caso, la vida debe vivirse, debemos buscar momentos agradables, personas que nos llenen, vivencias que nos hagan crecer, madurar y por qué no, también sufrir. Tenemos que probar la alegría, sentir miedo o dudas, experimentar la tristeza. Todo para cerciorarnos que lo que hacemos, pensamos o sentimos es por alguna razón, a veces incomprensible, otras veces por pura lógica y en el mejor de los casos, porque nuestra vida es así.

Es así por un cúmulo de circunstancias, de decisiones tomadas, de elecciones a lo largo de nuestros días, algunas más controladas que otras. Pero el imprevisto, las casualidades forman parte de nosotros y hay que saber coexistir con todo ello y encajar las piezas para formar el mejor puzzle.

CONTRASTES…

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Las noches frías, heladas hacen que el sol caliente a media mañana. Esa agradable temperatura sobre la cara y cuerpo hace que sintamos de forma diferente. Contraste de noticias con ceses de trabajo, que sirven para nuevas experiencias y oportunidades. Viajes para disfrutar, enamorarse y pasar buenos ratos, a costa, de no dar lo que se debe o fastidiar a otras personas.

Días de comilonas, empachos, niveles de azúcar altos que se quieren compensar con dosis de ejercicio físico excesivo. Pocas horas de dormir, con los ritmos y rutinas cambiados. Por una parte, risas, sonrisas por buenos momentos, ratos agradables, compañía y alguna que otra confidencia. Por la otra, enfado, mal rollo, por la falta de consideración, por la no información, por el  silencio.

Folios en blanco que no dan opción a rellenarlos y montones de letras agolpadas que quieren ser leídas, aunque la falta de concentración lo impide. Contrastes, contrastes, momentos buenos, menos buenos. Pensamientos objetivos, otros imaginados, actos solitarios y en grupo.

Deseos que se materializan en un futuro cercano y otros para los que hay que trabajar más y todo ello acompañado por música. Música para bailar, para cantar, tumbarse en el sofá, dormitar o llorar. Y cómo no, personas haciendo balance, de lo acontecido, de lo que se ha hecho o dejado de hacer, de oportunidades perdidas o logros alcanzados. Al haber personas cuyo año empieza con el curso escolar, en septiembre, no hay problema de hacer recuento, quedan muchos meses para contrastar y ver cómo terminará todo.

VALIENTES…

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Qué importante es tener a alguien a quien contar las cosas, lo que nos pasa y lo que nos gustaría que nos pasase. Contar lo bueno acontecido o los pesares que tenemos revoloteando. Siempre hay alguien, a veces, quien menos te lo esperas, es quien está, ahí, preparado para escuchar. También se puede hablar con uno mismo, tú te preguntas y das respuesta. Con esto hay que tener cuidado, no sea que nos volvamos locos. En cierta manera te ayuda, no de la misma forma pero sirve para evadirte, incluso leer entradas de otros blogs, te remueve por dentro y eso mismo te motiva para ponerte en marcha.

Otras veces, nos gustaría hablar con determinadas personas, de lo que se siente, quiere o desea, pero la vergüenza, la falta de tiempo, la apatía o no salir de la zona de confort, nos hace permanecer de forma estática, sin movernos un ápice por miedo a caernos, a recibir un no por respuesta o una contestación no deseada.

De todas formas, un no, es bueno. Nos hace reaccionar, ver que no todo es como lo pensamos, que no todos nuestros deseos se cumplen, a pesar del esfuerzo. Aceptar un no, supone crecimiento, no tomarlo como algo personal, simplemente la otra parte no comparte lo que pensamos, opinamos o lo que sea, respecto a un tema o situación.

Sea cual sea el mensaje que transmitamos y nos den un no por respuesta, debemos aceptarlo y respetarlo, Por algún motivo nos lo ha dicho y ya está, dejar de dar vueltas a la razón de esa negativa o réplica que no queremos escuchar. A veces hay que ser valientes, a pesar de que vayamos a recibir un no.

CHASCO…

No entiendo nada, bueno sí que lo entiendo, así que no queda otra que esperar, dejar pasar el tiempo y a otra cosa, mariposa. No hace falta ser demasiado listo para darse cuenta que las personas necesitan su espacio, que hoy te sonríen y mañana te aborrecen, que son como el día y la noche, con cambios de temperatura y de luz.

Afortunadamente, el tiempo ofrece aprendizajes y experiencias de las que valerse para estos momentos. No siempre, las cosas salen como uno quiere, tras el momento de pataleta, está la aceptación y el decir, ya está, esto es lo que hay. Un chasco, pero asimilable y superable. Lo malo es que, a la vuelta de la esquina está otra decepción, algo que se espera pero que no se quiere. Demasiados sobresaltos para el corazón y para la cabeza, a la que vamos a prohibir pensar.

QUEDADA…

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Desde que tengo uso de razón, Roberto siempre ha estado acompañado. Ha sido un chico de novias encadenadas, poco tiempo le he visto sólo. De todo su catálogo las ha habido rubias, morenas, altas y bajas, de tipo variado, sin hijos y con ellos. Pese a este repertorio no encuentra su media naranja o con quien compartir su vida varios años.

De una relación le queda su hijo, con la madre del pequeño, relación justa y cordial. Ha tenido que aprender que él puede hacer y deshacer cuando su hijo está con él y no puede pretender que la otra parte actúe como a él le gustaría.

Algunas de sus novias las he conocido, otras no, pero muchas de ellas han hecho una radiografía de mí, sin conocerme, ni tener ni idea del tipo de relación que mantengo yo con él. Por supuesto, afirmando,  muchas de ellas, que estaba loquita por sus huesos. La única verdad es que lo conozco desde hace tiempo, muy de vez en cuando quedamos, si tiene que hacer algo con el ordenador, me pide ayuda, pero nada más.

A pesar de las contadas ocasiones en la que nos vemos, hay suficiente confianza para tratar ciertos temas. Ahora me ha vuelto a llamar, necesitaba mi ayuda. Como, casi siempre que me llama, jajaja.

Todo el mundo ha pensado o piensa que hemos tenido algo y aunque hace años lo intentó o lo intenta, yo me mantengo en mi amistad. En estos casos donde las expectativas de gustar son nulas, no hay nervios ni motivos para tergiversar palabras o acciones. Todo es normal, no hay problema de quedar a comer, tomar un café o quedar para salir, incluso que vaya a tu casa a horas intempestivas, te pille en pijama o recién salida de la ducha. Si hubiera algo más, está claro que el desenlace hubiera sido otro.

Ahora resulta que anda un poco “depre” porque está solo, no lo ha dicho en voz alta, pero se le nota. Eso en él es raro. Quedaremos para comer, lo escucharé, se pondrá las pilas y ya está. Hasta la próxima llamada y quedada particular. Eso sí, como siempre preguntaré, qué es lo que busca y no está encontrando.

REFUGIO…

legs-434918__340Cada persona tiene su lugar fetiche, el del retiro, aquel donde le vienen las buenas ideas o suele recordar partes de su historia. Tal vez, tengan más de uno, dependiendo del espacio y tiempo que necesite. Eso lo digo porque mi refugio es mi coche. Si estoy en casa, no hay ninguno en especial, cualquiera puede servir, pero el coche, son palabras mayores.

En mi coche repaso los temas que he estudiado o los que voy a impartir, pienso lo que voy a hacer en los próximos días o según llegue a casa. También observo y miro la carretera, por supuesto. En mi coche he comido, dormido la siesta, he estudiado, leído blogs  o he pasado horas de espera. También lo he utilizado en otros menesteres como almacén, carrito, sala de risas, lloros y usos múltiples.

Verdaderamente cuando hago el trayecto de casa al trabajo o viceversa, se convierte en un espacio de escape, de reseteo, de olvidar los ratos negativos y recargarme de nueva energía para afrontar lo que queda de día. Es mi lugar de soledad, de silencio, o de escuchar música alta, siempre atenta a la carretera y a esos animales que intentan cruzarla para meterte un susto.

Mi coche es mi refugio y como tal, le cuido, me preocupo de sus cambios de aceite, de las ruedas de invierno y verano, su presión, de mirar niveles o mantenerlo limpio por dentro y fuera. En contraprestación, me lleva y me trae, aunque alguna vez se ha negado y he tenido que llamar a la grúa y por supuesto le alimento todas las semanas.

Si mi coche hablara…imagino que como todos nuestros refugios, tendría muchas cosas que decir.

HACE TIEMPO…

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Hola!

Hace tiempo que no nos vemos, que no hablamos, que no coincidimos. Aún así me llegan historias de ti, de tu vida, de tus idas y venidas. Hace tiempo que dejé de preguntarme porqué lo nuestro no funcionó, porque en todo este tiempo he estado haciendo y diciendo lo mismo. Intentando que ese miedo desapareciera, intentando disfrazar lo que sentía, contradiciendo lo que me decía el corazón para hacerme fuerte, cuando en realidad me estaba ahogando.

Hace tiempo se pudieron cambiar las cosas pero como no se hizo, las consecuencias son las que son. Como  los protagonistas decidieron actuar atendiendo a su orgullo y al qué dirán, los caminos se fueron separando. Al final quedan historias incompletas, confusas e incluso repetitivas.

Es lo que hay. No sé si hay ganas de seguir así, en esta rutina o es preferible programar nuevas rutas de viaje. No sé, si las subidas y bajadas pueden ser menos pronunciadas, con paradas para avituallamiento o bien coger otro medio de transporte e ir en línea recta.

Hace tiempo que las dudas aparecen, las preguntas sin respuesta convincente. Otras están muy claras y no necesitan pensarse demasiado. Como hace tiempo que no quedamos, estaría bien tomar algo, ponernos al día, pasarnos unas risas. Sin ninguna otra pretensión, más que pasar un rato agradable, en buena compañía y con una conversación afectuosa.

Así que no dejemos que el tiempo se esfume, porque ya hace tiempo de eso. Cuídate, nos vemos.

Un beso