EQUIPO DE TRABAJO…

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Esta semana, toca trabajo en equipo, mucho más que la suma de individualidades.  Ante un evento próximo, me he puesto a echar una mano y entre todo el mundo, la idea inicial ha evolucionado y va a quedar algo  espectacular, genial y con mucho sentido.

Hablar de trabajo en equipo supone Complementarse, donde cada miembro ocupa una parcela y tiene una función, todas indispensables para el buen hacer. Las capacidades de cada persona propician que cada uno aporte lo mejor de si mismo. Es necesaria la Coordinación, para actuar de forma organizada y que las cosas salgan de la mejor manera posible, con la participación de todo el mundo para dirigirse al objetivo final, a la meta planteada.

Importantísima la Comunicación, el dialogar, el escuchar, el intercambiar información, el dar y recibir señales de que todo marcha bien o que se necesita reformular algún planteamiento, arreglar malentendidos. Todo desde el respeto y la consideración por los demás, también desde el derecho de manifestar nuestra opinión. Por supuesto hay que Confiar, los unos en los otros y los otros en los unos, se confía en las decisiones tomadas, en las actuaciones y se acepta y antepone el éxito del equipo al individual. El Compromiso da muestra de nuestra implicación, de llevar a cabo lo propuesto en mente, de ejecutar las ideas, de poner nuestro empeño en sacar el trabajo adelante.

Para el trabajo en equipo, es necesario que no exista temor al conflicto, éste es enriquecedor y el hecho de tomar decisiones y afrontar problemas nos hace crecer como personas.  Que no exista falta de compromiso ni de confianza porque sino el avance no se produce, la ambigüedad aparece y disminuye la claridad y el respaldo entre personas. Al trabajo en equipo le favorece que no evitemos las responsabilidades, que tengamos respeto y expectativas ajustadas.

Cierto que impera la competitividad individual y cierto, también, que quien trabaja en equipo y consigue los resultados, se ve fuertemente arropado, recompensando y feliz, al margen de egos.

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LÍMITES…

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Llega un momento en que te das cuenta que estás sobrepasada, que atiendes  los deseos y necesidades de los demás, y los tuyos los aparcas por considerar que, ahora, no es el momento de mirarlos de frente.

Ese momento es cuando hay que coger las riendas y dirigir tus esfuerzos a satisfacer tus necesidades. Es decir hasta aquí y decir no cuando no me apetece algo, o posponerlo para más tarde porque ahora toca lo mío. Ya no me dejo llevar por miedo a crear conflictos, ya que si aparecen, me pondré a solucionarlos.

Empiezo a poner límites cuando manifiesto lo que quiero hacer y lo que no, cuando no dejo que invadan mi intimidad sin darles permiso u opinen sobre mi vida personal. Si  los demás me hacen sugerencias, no termino haciéndolas porque sí, sino porque decido hacerlas o negarme a ellas. Además no consiento que me falten al respeto ni cedo ante chantajes emocionales por miedo a la crítica, a que nos tilden de egoístas o nos pongan una etiqueta de carácter negativo.

Poner límites es fácil cuando las personas no nos importan demasiado, hacerlo con personas que apreciamos y queremos cuesta más. Decirlas no,  provoca culpabilidad, preocupaciones, etc, nada que no se pueda arreglar con la manifestación de lo que siento y que me respeten por ello.

Si pongo límites, tengo mi espacio para hacer lo que quiera, lo que pueda, lo que considere oportuno. Para no sentirme desgastada y sin energía. Una energía que ha ido mermando por no acotar mi disponibilidad.

ESPERAR…

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Saber esperar,  una habilidad que necesitamos aprender, un tiempo que debe formar parte de nuestra vida.  Un tiempo de espera cuando no nos cogen el teléfono,  cuando también esperamos que nos llamen,  para encuentros deseados, para situaciones que nos dan felicidad y respuesta para alguna que otra pregunta.

Saber esperar implica tiempo, poco o mucho, para que las cosas cambien, sentir que debieran ser de una manera determinada, aunque las circunstancias no dan esa opción. Por nuestros hábitos y rutinas se hace indispensable esperar, aunque haya veces que nos pongamos de los nervios, a punto de caer en un estado de alteración.

Es curioso ver cómo los más pequeños aguardan la cola de una atracción de feria, sin rechistar, y ver cómo demandan la atención e su mami y papi, llamándoles constantemente porque no les dan respuesta. Saber esperar ofrece madurez, autonomía para actuar, priorizando lo que es importante en ese momento concreto.

Saber esperar, al final hace que el tiempo asiente. Preguntas, respondes, orientas, ríes y lloras, aciertas y te equivocas. Y sí, es cierto que el que espera, desespera, pero si tenemos imaginación y creatividad, seguro que ese tiempo se nos hace más llevadero.

Además si sabemos esperar, el fantasma de la frustración no aparecerá de forma recurrente, esa imposibilidad de satisfacer un deseo o necesidad no nos hará volvernos gruñones, tener una ira desmesurada u obcecarnos en algo concreto. Las cosas pueden llegar despacio, tardar en llegar porque el combustible que lleva el vehículo puede no ser el adecuado. No poder hacer aquello que queremos o deseamos, no es malo. Es preciso que comprendamos la balanza entre derechos y obligaciones, entre deberes y responsabilidades y los deseos y satisfacciones.

GARBANZO…

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Cuando nos levantamos de la cama y toca estar de bajón es preciso una inyección de frases motivadoras, positivas, algún dicho que nos haga ver con claridad lo que tenemos delante de nosotros y que haga que nuestra persona se sienta con fuerza y animosa.

Todo requiere su esfuerzo y el convertir lo negativo y desagradable en algo enriquecedor y positivo puede suponer trabajo, sobre todo en días donde flaquean las fuerzas para intentarlo. Es importante centrarnos en lo positivo y dejar de lado lo que pinta de color negro. Es necesario esforzarnos para mejorar, confiando en nuestras capacidades y poniendo límites a nuestras carencias para que no nos desborden.

Qué es eso de generalizar los errores y fallos como si fueran parte de  nuestra persona cuando sólo son hechos, situaciones que han salido mal, que nos ayudan a aprender y dan pistas sobre lo que no debemos hacer. Hay que quedarse con lo que nos provoca orgullo, con lo que conseguimos, sean pequeños o grandes retos.

Al fin y al cabo somos como somos, hacemos lo que podemos, queremos o nos dejan, siendo responsables de nuestras decisiones y actuaciones. Vamos a intentar que la equivocación y la duda no nos avasalle, que en su lugar se asiente la determinación, la constancia y el pasito a pasito.

Para querernos debemos aceptarnos como somos, reconocernos con nuestras limitaciones, debilidades y atendiendo esas necesidades que son nuestras y no tenemos porqué comparar con las de los demás. Tampoco vamos a criticar cómo actúan los demás porque tendrán sus razones y se comportarán de esa manera en base a su conocimiento del entorno.

Y sí, seremos malos en infinitas cosas y también, excepcionales y fantásticos en otras tantas. Éxitos y fracasos conforman nuestra vida, que debemos aceptar y superar. Somos personas que sentimos, pensamos, hacemos, y por ello todo es susceptible de cambio y/o mejora. “Por un garbanzo negro no se va a estropear el cocido.”

COMUNICACIÓN POSITIVA…

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Mucho se habla de comunicarnos positivamente y en montón de sitios nos dan pautas. Como me he propuesto ser más positiva en mis palabras os dejo unos puntos en los que estoy trabajando ahora.

El más complicado o más bien el que más esfuerzo cuesta es evitar el no, cambiar ese “no te pongas así, encorvado” por un “ponte derecho”. En muchísimas ocasiones empleamos el no. “No te levantes, no corras, no te sientes así”, cuando tendríamos que cambiar el discurso por: “quédate sentada, camina despacio o decirle la manera en la que se tiene que sentar”.

Y que me decís de todos esos “peros” que ponemos tras decir algo. Son muchas las veces que podríamos cambiarlo por un “y”. Es una manera de positivizar lo que estamos diciendo porque los “pero” limitan y negativizan el argumento. Si decimos: “tengo 100 euros pero no puedo comprar unos pantalones de marca”, podemos enfadarnos, y si decimos “tengo 100 euros y me voy a comprar unos pantalones que me quedarán de fábula”, podemos sentirnos genial.

Tampoco se quedan atrás esas creencias irracionales que aparecen con los deberías, que parecen obligaciones, tener que hacer algo porque sí, con lo bueno que sería querer hacer o poder, que nos llevan a ser proactivos, a cumplir deseos y expectativas. Cambia mucho oír: “deberías aprobar el examen a puedes aprobar el examen”. Quien escucha lo segundo, recibe un input de energía y ánimo.

En relación al trato que mantenemos con los demás podemos disminuir el uso de etiquetas, que limitan los comportamientos y es tan fácil como decir: “hoy has llegado tarde, en vez de eres un impuntual”. Aunque lo sea, está mejor dicho la segunda parte, jejeje. Además si quitamos los siempre, los nunca u otra vez…, mejorará nuestro diálogo e interacción con la persona. Decir: “siempre estás igual, nunca haces nada, pero otra vez….”, chirria en nuestros adentros y no ayuda nada a establecer una relación cordial ni una comunicación positiva.

CUÍDATE…

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Cuídate, mira por ti, atiende a tu salud física y bienestar mental. Bonitas palabras, dichas muchas veces pero que se olvidan otras tantas.

Si te encuentras cansada, comes demasiado o muy poquito, el sueño o más bien la falta de él, domina tus noches. Tu humor es mal humor y sientes que la memoria te falla, sin duda tienes que cuidarte más o empezar a cuidarte porque la enfermedad va a encontrar la puerta abierta y va a entrar a tu casa.

Empieza por relajarte, buscando algo que te agrade, trabaja la paciencia, quiérete todos los días. Si algo te parece monótono, sé creativa, haz algo de manera impulsiva. Ponte a leer, a soñar despierta, aprovecha la tecnología o un café a media tarde para relacionarte.

Comienza por cambiar esos malos hábitos de comida, a descansar o dormir sin tener en cuenta el reloj, a organizarte según tu vida y prioridades no las de los demás. Ten en cuenta que si no recargamos la batería y sólo la gastamos va a llegar el momento que no haya reemplazo.

Cuídate, piensa en ti, observa las señales de tu cuerpo, indaga sobre los pensamientos, analiza el porqué de lo que sientes. Da respuesta a todo ello. Cuídate, porque si no lo haces, tendrán que cuidar otras personas de ti y es preferible cuidarse uno mismo, cuanto más tiempo mejor.

PIEDRAS…

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Puede ocurrir que un día te levantes y te encuentres estancado, en un silo que ni adelante ni hacia atrás. Percibes que estás atrapado en una rutina, en una dinámica que sientes que hay que cambiar pero algo te lo impide. Si esos pensamientos son pasajeros y nos sirven para dar un impulso, perfecto, porque da pie al cambio. No debemos verlos como hechos consumados. Si es así, la indefensión se apoderará de nuestra persona.

Así que es tiempo de moverse, de sortear obstáculos, esquivar las piedras del camino, hasta llegar a la meta. Aún tenemos la capacidad de elegir, todavía somos dueños de lo pensamos y hacemos.

Si ese momento de embotamiento nos supera, necesitaremos tiempo, para recobrar fuerzas, cambiar modos de hacer, aprender nuevos hábitos. Utilizar nuestra percepción de las cosas, de los estímulos que recibimos de una manera que no nos hagan daño, sino que nos hagan aprender, ser felices, o estar a gusto.

Regodearnos en el pasado y en las malas noticias no debe ser una actividad habitual, lo pasado, pasado está y lo hecho o dicho en aquel momento, fue así por algo. Lo que debería haber sido y no fue, ya no debe importarnos. Centrarse en el hoy para el mañana, es lo que nos va a ayudar a superar ese estancamiento. Y por supuesto, empezar a trabajar, poner en funcionamiento nuestra maquinaria, las herramientas a nuestro alcance para que salgamos del atolladero, sin excusas, con razones contundentes para lograr el objetivo y el cambio.

Escucha lo que te digan los demás siempre que te aporte aire fresco, que te venga bien lo que dicen y sin ningún tipo de presión. Esas mismas relaciones sanas, sinceras te ayudarán a salir de ese cajón limitador, acompañándote en tu viaje, en tus experiencias vitales. Tal vez no lleves la vida que quieres pero vas encaminado para que todo tenga sentido, para que sea liviana, divertida y una aventura digna de contar. Utilizando esas piedras del camino para construir un pequeño refugio donde pasar buenos ratos y no para tropezar en ellas.

ENLACE…

Estar en medio de una discusión no es agradable, te piden una opinión cuando no quieres dar ninguna ya que el problema deben resolverlo entre ellos. En ocasiones te culpan de ese silencio que adoptas, todo por no darse cuenta de que ellos son los protagonistas del problema y quiénes tienen que llegar a un posible acuerdo.

Tú puedes servir de enlace, de guía, pero nada más. Las personas de referencia para llegar a un posible acuerdo son ellas mismas.

Como persona de enlace, puedes:

  • Invitar a que se escuchen, lo que cada parte tiene que decir, sin juicios ni cortes. Sólo atendiendo al mensaje, a los sentimientos expresados.
  • Hacer ver la importancia de centrarse en el aquí y ahora, sin sacar trapos sucios del pasado. Resolver lo que les atañe en este momento.
  • Enseñar a utilizar un lenguaje positivo, sin reproches, generalizaciones vagas o insultos.
  • Ofrecer esos mensajes buenos y positivos que cada uno dice de la otra parte.
  • Guiar para que se centren en la búsqueda de opciones viables para solucionar el conflicto
  • Resaltar esos puntos de vista comunes y opiniones compartidas que tienen.
  • Mostrar herramientas para que aprendan a ser empáticos, que entiendan el punto de vista del otro, de los demás.
  • Recalcar la importancia de la comunicación, no sólo verbal sino no verbal, con los gestos, las expresiones de la cara, etc.

Todo lo anterior hace fuerte a las partes implicadas en el problema, se convierten en parte activa de la situación y así pueden llegar al acuerdo, a mejorar la relación, a cambiar la perspectiva del problema, etc. La presencia de una persona que sirva de enlace, de intermediaria, ayuda a que se hagan cargo de la situación.

DIMES Y DIRETES…

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Cuánto daño pueden hacer los rumores, acabar con ellos es un trabajo a largo plazo. Como personas deberíamos cuestionarnos la información que nos llega, no haciendo caso a lo primero que escuchamos, sea de la índole que sea. Un periodo de reflexión y análisis no viene mal y ayuda a que nuestra percepción y cognición “intenten” mantenerse en la realidad certera. La gente no sabe distinguir rumores de verdades objetivas, a partir de ahí la información falsa comienza a circular a velocidad de vértigo. Los dimes y diretes provocan curiosidad y  eso explica su facilidad de propagación.

Debemos hacer frente al rumor de forma consciente, intentando comunicarnos con la otra parte, escuchando, con actitud positiva, gestionando las posibles emociones desagradables que puedan aparecer, preguntando el para qué de esas afirmaciones, que desde tu punto de vista son incorrectas e intentan hacerte daño. Cuando somos los protagonistas de los rumores, la templanza a la hora de escuchar es de suma importancia para hacer frente a esas habladurías y salir del atolladero.

Pregunta, propicia dudas acerca del argumento, maneja la curiosidad, enseña otras realidades, tu realidad. Estate cómodo al mostrar tus razonamientos y sobre todo, “se dice, se cuenta”, omitirlo, porque para bien o para mal eres tú quien dice y cuenta las cosas. Se puede crear el contrarrumor para desbaratar el rumor.  Consiste en difundir la verdad para contrarrestar el propio rumor, con datos reales y concisos que demuestren que lo que se dice por ahí, es incorrecto, una patraña.

A veces es sin mala intención, pero el mensaje va cambiando y perdiendo fidelidad cuando se transmite de unos a otros, se añaden u omiten detalles. Todo ello distorsiona la realidad, dañando las relaciones personales. De ahí, la necesidad de cotejar informaciones para no hacer daño gratuito.

Hay un parecer generalizado donde los demás, el resto de la gente sabe más del otro que la propia persona en sí. Algo curioso cuando somos uno mismo quien vive y experimenta todo lo que pasa a nuestro alrededor. Además hay personas que se atreven a cuestionar lo que dices, acusándote de mentiroso, según ellas, estás entre la espada y la pared y lo que es verdad es lo que dicen ellos, que por algo está extendido.

Esta clase de actividades lúdicas que suceden en todos los ámbitos de la sociedad cabrean un poquito, los dimes y diretes pueden traer consecuencias catastróficas en la vida de las personas. Debemos tener cuidado en lo que transmitimos a los demás, en lo que escuchamos para evaluar si es cierto o no. No seguir la cadena del rumor, ni entrar en este juego, porque cuando toca ser protagonista, el papel no es nada agradable.

MIEDO…

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El miedo es otra de nuestras emociones básicas. Puede que sea desagradable cuando nos hace sentir mal pero es positivo en cuanto que nos prepara para actuar, para retirarnos de una situación incómoda, que nos asusta. El miedo nos sirve para sobrevivir, para que reaccionemos ante situaciones amenazantes.

Pueden existir miedos universales pero cada persona experimenta los suyos, dependiendo de cómo pensemos. Aprendemos a tener miedo ante determinados estímulos, unas veces por la incertidumbre que nos provocan, otras porque realmente son peligrosos y otras tantas porque los hemos aprendido o nos lo han enseñado.

Ante muchos hechos de nuestra vida podemos sentir un miedo que nos bloquea, que nos hace huir aunque deseemos no hacerlo. Sin embargo el temor a la crítica, a un desengaño nos hace correr hacia delante sin mirar ni considerar nada más. Puede darnos miedo iniciar una relación sentimental o abrir un negocio, los perros o dormir a oscuras, etc. Se mezclará con algo de ansiedad y seremos incapaces de dar una respuesta activa y pasivamente nos retiraremos. Si se incrementa pueden aparecer hasta fobias y entonces nuestra actuación, nuestra vida se limitará aún más, no dejando tiempo para la improvisación, ni para compartir, ni para poner en funcionamiento mecanismos “liberadores”.

Vivir sin miedo tampoco es la solución porque sin sentir ningún tipo de amenaza que nos movilice, puede que nos “aniquilen” al estar de forma perenne en nuestro sitio. Sentir miedo es una especie de señal para realizar cambios con el objetivo de que desaparezca el malestar de nuestra vida.

Se dice que vivimos en la cultura del miedo, nos inculcan miedo para paralizarnos, para someternos, para crear dudas y que no nos atrevamos a crecer, a caminar. Ante eso, comencemos a dar pasos cortos, confiados, vigilando el camino, las personas con las que nos encontremos. Con confianza en nosotros mismos, con valentía de pedir ayuda o con ratos de meternos debajo de las sábanas, podemos superarlo.

Si ya hemos sentido alegría y tristeza, ahora vamos a sentir miedo. Un poquito tampoco viene mal. Buscar una mano para agarrar, una persona para que nos de un abrazo es algo que alivia y rebaja los niveles de miedo de forma considerable.