COMUNICACIÓN POSITIVA…

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Mucho se habla de comunicarnos positivamente y en montón de sitios nos dan pautas. Como me he propuesto ser más positiva en mis palabras os dejo unos puntos en los que estoy trabajando ahora.

El más complicado o más bien el que más esfuerzo cuesta es evitar el no, cambiar ese “no te pongas así, encorvado” por un “ponte derecho”. En muchísimas ocasiones empleamos el no. “No te levantes, no corras, no te sientes así”, cuando tendríamos que cambiar el discurso por: “quédate sentada, camina despacio o decirle la manera en la que se tiene que sentar”.

Y que me decís de todos esos “peros” que ponemos tras decir algo. Son muchas las veces que podríamos cambiarlo por un “y”. Es una manera de positivizar lo que estamos diciendo porque los “pero” limitan y negativizan el argumento. Si decimos: “tengo 100 euros pero no puedo comprar unos pantalones de marca”, podemos enfadarnos, y si decimos “tengo 100 euros y me voy a comprar unos pantalones que me quedarán de fábula”, podemos sentirnos genial.

Tampoco se quedan atrás esas creencias irracionales que aparecen con los deberías, que parecen obligaciones, tener que hacer algo porque sí, con lo bueno que sería querer hacer o poder, que nos llevan a ser proactivos, a cumplir deseos y expectativas. Cambia mucho oír: “deberías aprobar el examen a puedes aprobar el examen”. Quien escucha lo segundo, recibe un input de energía y ánimo.

En relación al trato que mantenemos con los demás podemos disminuir el uso de etiquetas, que limitan los comportamientos y es tan fácil como decir: “hoy has llegado tarde, en vez de eres un impuntual”. Aunque lo sea, está mejor dicho la segunda parte, jejeje. Además si quitamos los siempre, los nunca u otra vez…, mejorará nuestro diálogo e interacción con la persona. Decir: “siempre estás igual, nunca haces nada, pero otra vez….”, chirria en nuestros adentros y no ayuda nada a establecer una relación cordial ni una comunicación positiva.

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CUÍDATE…

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Cuídate, mira por ti, atiende a tu salud física y bienestar mental. Bonitas palabras, dichas muchas veces pero que se olvidan otras tantas.

Si te encuentras cansada, comes demasiado o muy poquito, el sueño o más bien la falta de él, domina tus noches. Tu humor es mal humor y sientes que la memoria te falla, sin duda tienes que cuidarte más o empezar a cuidarte porque la enfermedad va a encontrar la puerta abierta y va a entrar a tu casa.

Empieza por relajarte, buscando algo que te agrade, trabaja la paciencia, quiérete todos los días. Si algo te parece monótono, sé creativa, haz algo de manera impulsiva. Ponte a leer, a soñar despierta, aprovecha la tecnología o un café a media tarde para relacionarte.

Comienza por cambiar esos malos hábitos de comida, a descansar o dormir sin tener en cuenta el reloj, a organizarte según tu vida y prioridades no las de los demás. Ten en cuenta que si no recargamos la batería y sólo la gastamos va a llegar el momento que no haya reemplazo.

Cuídate, piensa en ti, observa las señales de tu cuerpo, indaga sobre los pensamientos, analiza el porqué de lo que sientes. Da respuesta a todo ello. Cuídate, porque si no lo haces, tendrán que cuidar otras personas de ti y es preferible cuidarse uno mismo, cuanto más tiempo mejor.

PIEDRAS…

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Puede ocurrir que un día te levantes y te encuentres estancado, en un silo que ni adelante ni hacia atrás. Percibes que estás atrapado en una rutina, en una dinámica que sientes que hay que cambiar pero algo te lo impide. Si esos pensamientos son pasajeros y nos sirven para dar un impulso, perfecto, porque da pie al cambio. No debemos verlos como hechos consumados. Si es así, la indefensión se apoderará de nuestra persona.

Así que es tiempo de moverse, de sortear obstáculos, esquivar las piedras del camino, hasta llegar a la meta. Aún tenemos la capacidad de elegir, todavía somos dueños de lo pensamos y hacemos.

Si ese momento de embotamiento nos supera, necesitaremos tiempo, para recobrar fuerzas, cambiar modos de hacer, aprender nuevos hábitos. Utilizar nuestra percepción de las cosas, de los estímulos que recibimos de una manera que no nos hagan daño, sino que nos hagan aprender, ser felices, o estar a gusto.

Regodearnos en el pasado y en las malas noticias no debe ser una actividad habitual, lo pasado, pasado está y lo hecho o dicho en aquel momento, fue así por algo. Lo que debería haber sido y no fue, ya no debe importarnos. Centrarse en el hoy para el mañana, es lo que nos va a ayudar a superar ese estancamiento. Y por supuesto, empezar a trabajar, poner en funcionamiento nuestra maquinaria, las herramientas a nuestro alcance para que salgamos del atolladero, sin excusas, con razones contundentes para lograr el objetivo y el cambio.

Escucha lo que te digan los demás siempre que te aporte aire fresco, que te venga bien lo que dicen y sin ningún tipo de presión. Esas mismas relaciones sanas, sinceras te ayudarán a salir de ese cajón limitador, acompañándote en tu viaje, en tus experiencias vitales. Tal vez no lleves la vida que quieres pero vas encaminado para que todo tenga sentido, para que sea liviana, divertida y una aventura digna de contar. Utilizando esas piedras del camino para construir un pequeño refugio donde pasar buenos ratos y no para tropezar en ellas.

ENLACE…

Estar en medio de una discusión no es agradable, te piden una opinión cuando no quieres dar ninguna ya que el problema deben resolverlo entre ellos. En ocasiones te culpan de ese silencio que adoptas, todo por no darse cuenta de que ellos son los protagonistas del problema y quiénes tienen que llegar a un posible acuerdo.

Tú puedes servir de enlace, de guía, pero nada más. Las personas de referencia para llegar a un posible acuerdo son ellas mismas.

Como persona de enlace, puedes:

  • Invitar a que se escuchen, lo que cada parte tiene que decir, sin juicios ni cortes. Sólo atendiendo al mensaje, a los sentimientos expresados.
  • Hacer ver la importancia de centrarse en el aquí y ahora, sin sacar trapos sucios del pasado. Resolver lo que les atañe en este momento.
  • Enseñar a utilizar un lenguaje positivo, sin reproches, generalizaciones vagas o insultos.
  • Ofrecer esos mensajes buenos y positivos que cada uno dice de la otra parte.
  • Guiar para que se centren en la búsqueda de opciones viables para solucionar el conflicto
  • Resaltar esos puntos de vista comunes y opiniones compartidas que tienen.
  • Mostrar herramientas para que aprendan a ser empáticos, que entiendan el punto de vista del otro, de los demás.
  • Recalcar la importancia de la comunicación, no sólo verbal sino no verbal, con los gestos, las expresiones de la cara, etc.

Todo lo anterior hace fuerte a las partes implicadas en el problema, se convierten en parte activa de la situación y así pueden llegar al acuerdo, a mejorar la relación, a cambiar la perspectiva del problema, etc. La presencia de una persona que sirva de enlace, de intermediaria, ayuda a que se hagan cargo de la situación.

DIMES Y DIRETES…

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Cuánto daño pueden hacer los rumores, acabar con ellos es un trabajo a largo plazo. Como personas deberíamos cuestionarnos la información que nos llega, no haciendo caso a lo primero que escuchamos, sea de la índole que sea. Un periodo de reflexión y análisis no viene mal y ayuda a que nuestra percepción y cognición “intenten” mantenerse en la realidad certera. La gente no sabe distinguir rumores de verdades objetivas, a partir de ahí la información falsa comienza a circular a velocidad de vértigo. Los dimes y diretes provocan curiosidad y  eso explica su facilidad de propagación.

Debemos hacer frente al rumor de forma consciente, intentando comunicarnos con la otra parte, escuchando, con actitud positiva, gestionando las posibles emociones desagradables que puedan aparecer, preguntando el para qué de esas afirmaciones, que desde tu punto de vista son incorrectas e intentan hacerte daño. Cuando somos los protagonistas de los rumores, la templanza a la hora de escuchar es de suma importancia para hacer frente a esas habladurías y salir del atolladero.

Pregunta, propicia dudas acerca del argumento, maneja la curiosidad, enseña otras realidades, tu realidad. Estate cómodo al mostrar tus razonamientos y sobre todo, “se dice, se cuenta”, omitirlo, porque para bien o para mal eres tú quien dice y cuenta las cosas. Se puede crear el contrarrumor para desbaratar el rumor.  Consiste en difundir la verdad para contrarrestar el propio rumor, con datos reales y concisos que demuestren que lo que se dice por ahí, es incorrecto, una patraña.

A veces es sin mala intención, pero el mensaje va cambiando y perdiendo fidelidad cuando se transmite de unos a otros, se añaden u omiten detalles. Todo ello distorsiona la realidad, dañando las relaciones personales. De ahí, la necesidad de cotejar informaciones para no hacer daño gratuito.

Hay un parecer generalizado donde los demás, el resto de la gente sabe más del otro que la propia persona en sí. Algo curioso cuando somos uno mismo quien vive y experimenta todo lo que pasa a nuestro alrededor. Además hay personas que se atreven a cuestionar lo que dices, acusándote de mentiroso, según ellas, estás entre la espada y la pared y lo que es verdad es lo que dicen ellos, que por algo está extendido.

Esta clase de actividades lúdicas que suceden en todos los ámbitos de la sociedad cabrean un poquito, los dimes y diretes pueden traer consecuencias catastróficas en la vida de las personas. Debemos tener cuidado en lo que transmitimos a los demás, en lo que escuchamos para evaluar si es cierto o no. No seguir la cadena del rumor, ni entrar en este juego, porque cuando toca ser protagonista, el papel no es nada agradable.

MIEDO…

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El miedo es otra de nuestras emociones básicas. Puede que sea desagradable cuando nos hace sentir mal pero es positivo en cuanto que nos prepara para actuar, para retirarnos de una situación incómoda, que nos asusta. El miedo nos sirve para sobrevivir, para que reaccionemos ante situaciones amenazantes.

Pueden existir miedos universales pero cada persona experimenta los suyos, dependiendo de cómo pensemos. Aprendemos a tener miedo ante determinados estímulos, unas veces por la incertidumbre que nos provocan, otras porque realmente son peligrosos y otras tantas porque los hemos aprendido o nos lo han enseñado.

Ante muchos hechos de nuestra vida podemos sentir un miedo que nos bloquea, que nos hace huir aunque deseemos no hacerlo. Sin embargo el temor a la crítica, a un desengaño nos hace correr hacia delante sin mirar ni considerar nada más. Puede darnos miedo iniciar una relación sentimental o abrir un negocio, los perros o dormir a oscuras, etc. Se mezclará con algo de ansiedad y seremos incapaces de dar una respuesta activa y pasivamente nos retiraremos. Si se incrementa pueden aparecer hasta fobias y entonces nuestra actuación, nuestra vida se limitará aún más, no dejando tiempo para la improvisación, ni para compartir, ni para poner en funcionamiento mecanismos “liberadores”.

Vivir sin miedo tampoco es la solución porque sin sentir ningún tipo de amenaza que nos movilice, puede que nos “aniquilen” al estar de forma perenne en nuestro sitio. Sentir miedo es una especie de señal para realizar cambios con el objetivo de que desaparezca el malestar de nuestra vida.

Se dice que vivimos en la cultura del miedo, nos inculcan miedo para paralizarnos, para someternos, para crear dudas y que no nos atrevamos a crecer, a caminar. Ante eso, comencemos a dar pasos cortos, confiados, vigilando el camino, las personas con las que nos encontremos. Con confianza en nosotros mismos, con valentía de pedir ayuda o con ratos de meternos debajo de las sábanas, podemos superarlo.

Si ya hemos sentido alegría y tristeza, ahora vamos a sentir miedo. Un poquito tampoco viene mal. Buscar una mano para agarrar, una persona para que nos de un abrazo es algo que alivia y rebaja los niveles de miedo de forma considerable.

TRISTEZA…

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Ella viene y va, cuando se acerca apenas mete ruido y cuando queremos darnos cuenta ahí está, acompañándonos sin haberlo pedido. Se acopla a nuestra persona cual pegamento y nisiquiera preguntamos para qué aparece, por qué ahora.

La única certeza es que está aquí y hay que convivir con ella lo mejor posible. Al ser compañera de viaje de uno mismo y de tantos otros, tiene varias anécdotas que contar, han sido varios los momentos compartidos con ella, en distintas situaciones, algunas de ellas, vitales.

Tampoco sabemos cuánto tiempo permanecerá con nosotros pero en un hueco libre hemos hecho acopio de instrumentación y herramientas para tener una convivencia pacífica y nada traumática. Puede que comamos demasiado o poquísimo, tal vez el sueño no nos acompañe o disminuya la atención, pero al ser una compañera eventual, a veces acompañada de lloros, al menos sabemos que, llegando a cierta parte del trayecto, se apeará en la estación correspondiente. Ya se subirá de nuevo para acompañar a otra persona.

Ella, la tristeza pasajera es así, aparece y desaparece, proporciona ocasiones para la reflexión, la introspección, a la vez que motiva para el autocuidado, la actividad, el movimiento. Buscamos un tiempo para ver qué esta pasando, escuchar lo que nos tenga que decir, porque en muchos casos sabemos la razón de ese estado. Está bien invitarla para que visite otras personas y puedan disfrutar de ella, es necesaria.

La condición es que la tristeza venga a nosotros y se vuelva a ir, que no permanezca demasiado a nuestro lado porque sino estamos hablando de otra cosa más preocupante. Bienvenida tristeza pasajera.

FELICIDAD…

Está claro que la felicidad, es un estado satisfactorio para las personas, pero de ahí a estar presionadas para buscarla constantemente, y encima sentirnos mal porque no está al lado nuestro, ufff. Eso sin añadir la absurda competición dentro de redes sociales para tener muchos seguidores, likes y mostrar a todo el mundo lo felices que somos mediante fotografías y demás parafernalias.

Tanta sonrisas, tantos buenos momentos, finales felices en las películas, melodías pegadizas y cientos de consejos del vecino, de la amiga, de la persona que vende fruta o frases maravillosas, que “tiran” sobre nosotros la felicidad para que la cojamos fuertemente.

La felicidad existe, y la tristeza también, las inquietudes, el nerviosismo y la mayoría de las veces, las grandes ideas o genialidades, las cosas ordinarias salen de ese estado, que luego desemboca en felicidad pero el germen no es ella misma sino otras emociones y sentimientos necesarios para crecer, experienciar y ser felices.

De acuerdo, seamos felices pero no por imposición. Busquemos momentos felices porque nos lo pide el cuerpo, porque queremos, porque no encantan las arrugas que salen al reírnos.  Si los demás son tan felices y lo demuestran en sus redes sociales, en sus vidas, bien por ellos y ellas, pero que no te deprima porque tú vives tu vida, con tus fotos e instantes, que compartes con quien crees conveniente.

Ahora mismo, mientras lees esto seguro que te viene a la cabeza la felicidad que sentiste ese día, con esa persona, o ese momento de risas cuando intentabas aparcar o cuando montaste en el tren y tu compañero de asiento te ofreció un viaje maravilloso, lleno de anécdotas. O tras ese mal trance, cuando te sentaste en un banco del parque a comer pipas o esa noche que dormiste de un tirón o lo que sea que te proporcione felicidad, tu felicidad.

El ser feliz, el sentirse feliz depende de un elemento principal, central que luego podrá utilizar lo que tiene a su alrededor para aumentar o disminuir el nivel de felicidad. Hagamos que ese elemento, tú, esté en las mejores condiciones para funcionar correctamente y con herramientas suficientes en caso de futuras reparaciones.

PARTES…

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Las partes, a la hora de abordar un conflicto sería conveniente que tuvieran pautas, patrones o modelos para afrontar las distintas situaciones. Muchas veces, el conflicto surge por el significado que le damos a los estímulos recibidos, entonces es importante trabajar las actitudes mentales y buscar actividades gratificantes para generar bienestar. Otras veces, la discrepancia entre la realidad y lo que se percibe como real es lo que desencadena el desequilibrio, las diferencias. La forma como entendamos, comprendamos y afrontemos los conflictos tienen que ver con la emoción y los sentimientos, por lo que se hace necesario controlar las emociones para que la resolución del mismo sea posible. Es preciso canalizar emociones para racionalizar.

Cuando el problema es con otra persona, la comunicación es fundamental, porque la falta de ella, origina malos entendidos y discrepancias. Por ello es importantísimo conversar, dialogar entre las partes,  y sobre todo saber escuchar. La comunicación inadecuada y las cargas emocionales son graves interferencias para resolver conflictos, por eso el uso de las distintas habilidades sociales se hace indispensable.

Es preciso establecer un diálogo abierto y reflexivo, orientado a la  solución, utilizar un lenguaje diferente, alternativo, que permita la autocrítica, la reflexión continua y la apertura. Utilizar la dialéctica de forma continua, con indagación, compartir, explorar ideas, pensamientos, sentimientos. Dialogar, hablando, escuchando  para que se produzca una transformación en ambas partes y se superen los problemas, sin limitarnos, para no etiquetar.

En nuestra vida queremos conseguir algo, satisfacer necesidades y nuestros movimientos van en esa dirección, sino se consigue puede aparecer la frustración y entonces hay que poner medios para canalizarla y/o superarla. Tenemos que hacernos protagonistas de nuestra vida, de los conflictos, ser conscientes de que la solución está en nosotros (empowerment). El cambio empieza en uno mismo aunque el conflicto es cosa de dos y debemos confiar en la otra parte, porque se busca el reconocimiento de responsabilidad mutua,  la generación de soluciones, el bienestar emocional para superar las diferencias, y llegar al acuerdo.

Indispensable que las partes no utilicen una estrategia ganar-perder sino negociar y satisfacer sus necesidades e intereses, superando las posiciones iniciales, con buena fé, colaboración y respeto.

RECURRENTES…

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Tela, telita cuando las personas se obsesionan. Es increíble como empiezan a pensar en algo, le dan vueltas y acaban convirtiéndolo en realidad, su realidad y su verdad. Luego el trabajo lo tienen que realizar las personas de alrededor para hacerles ver que “ese mundo real” no es el mundo y que los que viven en “ese mundo real” no hacen, ni deshacen, ni existen en la realidad que habitamos.

Se obsesionan con algo, con alguien, y eso les produce cabreo. Ese cabreo se acrecienta porque no alcanzan la meta propuesta y cualquier circunstancia la perciben como amenazadora. Los que están en torno a ellos pueden contagiarse en ese bucle de negatividad y mal rollo, así que emplean mil y un recursos para parar esa espiral, para que aparezca un poco de sentido común y pensamiento racional.

Desde luego, como nos liamos, como malinterpretamos señales, llevándolas a nuestro campo, cuando, en realidad, tienen que estar en campo neutral. Sorprende la cantidad de mundos paralelos que se crean las personas, con identidades diferentes, con mentiras y callejones sin salida. A veces, con el único motivo de no poder aceptar la realidad como es, como se presenta.

Supongo que todo el mundo en algún momento se ha sentido desbordado por una situación y ha empezado a divagar, a pensar más de la cuenta, a utilizar los “y si”, en vez de centrarse en lo que podía hacer, obsesionándose en alcanzar lo inalcanzable, en criticarse sin haber motivos para ello, sin hacer un ajuste a nuestras capacidades, o no recurriendo  a las personas del entorno para pedir ayuda.

Sería importante poner una sonrisa en la cara, acompañada de un cuerpo relajado y abierto, con intención de cambiar perspectivas, poder practicar alguna técnica de relajación o ejercicio físico, distraernos y sobre todo buscar momentos felices.