EVALUACIÓN…

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Muchas personas hablan de respeto y sueltan por esa boquita auténticas barbaridades, aludiendo a su certera razón, a su pensamiento apropiado, donde no cabe rebatir, porque él sólo sabe lo que es conveniente para la vida de los demás. Obviamente todo lo anterior es ironía, porque lo único real es que juzgan decisiones que toman otras personas, sin escuchar las necesidades que tienen.

Lo cierto es que critican las actuaciones de los otros porque consideran que afectan a su “buen vivir y acomodo”. Lo innegable es que se atreven a pronunciarse sin mirar cómo son sus vidas y que la felicidad depende de la persona y de lo que prefiera en ese momento vital en el que se encuentre. Se atreven a decir que la vida que lleva la persona no es vida, que no es feliz y que lo que necesita es estabilidad, y no boberías.

¿De verdad que cualquier decisión de una persona adulta, con su independencia económica, debe pasar por un cónclave familiar, donde uno de los miembros critique a otro porque no lleva el estilo de vida que a él le gustaría.?. ¿De verdad que el aparentar de los demás tiene que sobresalir sobre lo que esa persona quiere en este momento, lo que considera que le puede hacer feliz, incluso equivocándose de tomar la decisión?.

Sólo se me ocurre un par de palabras, egoísmo y vergüenza. Egoísmo porque no considera otras opciones de vida que no le satisfagan y queden bien en la “foto de vida” y vergüenza de la propia familia porque no vive ni aspira a “lo políticamente correcto, lo normal en esta sociedad”.

Menos mal que mi imperfecta familia, puede criticarme y al final aceptar mis acertadas o erróneas decisiones. Menos mal que hacemos fotos de vida que nos encantan aunque queden movidas, o que no nos gustan nada. O que no salen cómo nos gustarían o que quedan perfectas para nuestros ojos. Menos mal que somos algo normales y no normales siendo MI familia.

El resto que viva su vida, su adorada e incomparable vida, con sus poses, fotos y felicidad, pero sin atreverse a valorar y poner en una escala la de otras personas. Evaluando su idoneidad, la conveniencia de su modo de vivir, y menos cuando es alguien de su propia sangre.

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FELIZ VIDA…

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Nunca me han gustado las navidades ni tanta bondad condensada en pocos días, ni la hipocresía unida al intercambio de virus no queridos por el aumento de besos de felicitación. Tampoco esa manía de hacer balance, cuando el año, para mí, comienza en septiembre. Ya de los regalos, ni hablo. Yo hago regalos pero siempre fuera de temporada, cuando no se lo esperan, me gusta más. Este año no voy a ser tan “Grinch” y voy a desear una feliz vida.

Una vida con abrazos de energía, sin olvidarnos de los mañaneros para empezar la jornada. Miles de sonrisas producidas por gente a la que quieres, a la que consideras amiga y en algunos casos familia.

Esa vida que consigue cosquillas en el estómago, luz en la mirada, fuerza y aplomo ante circunstancias no deseadas. Con un trabajo que te reconforta y donde la salud se queda en casa, no yéndose a ningún sitio.

Quiero desearte soledad acompañada, compañía querida y buena dosis de movimiento. Puede que tengamos que hacer un curso de valores, de ética y moral, apartando el llamado postureo. Vivir la vida real sin artilugios electrónicos, mirando directamente lo que nos rodea y a las personas, sin utilizar pantallas para plasmarlo en instantáneas.

Feliz vida. Feliz vida a pesar de los disgustos, las preocupaciones, de los enfados por nimiedades que parecieran montañas. Feliz vida porque es nuestra vida, ni mejor ni peor que ninguna, todo depende de las gafas con la que la mires.

Feliz vida y que estos días no se coja un empacho por los excesos ni gripe por las temperaturas gélidas ni se esté con demasiada mala leche o tristeza por personas y fechas. Feliz vida.

FAENA…

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Por alguna razón mi cabeza está llena de letras sueltas, de palabras, de frases certeras, otras incoherente y de argumentos lógicos y sensibles. Por algún motivo no hacen el viaje para reflejarse en un cuaderno o en el teclado del ordenador. Parece que alguna fuerza desconocida hace que bailen en la mente pero sin atreverse a salir al salón principal.

Sospecho que tal algarabía necesita ordenarse según categorías, la importancia de cada una dependerá del momento, ya que al formar parte de uno todas serán fundamentales: casillero de familia, mi salud, la de los demás, relaciones interpersonales, trabajar, duelo, momentos felices, reciclaje, blog, primas, casa, amistad, estudios, varios, etc.

Ahora mismo los casilleros deben estar preparando un viaje porque no se les encuentra donde se busca, están mezclados. Por otra parte, normal, porque están interrelacionados unos con otros, pero hay mezclas y mezclas y la que hay actualmente no es la más adecuada. Intentas pensar en uno de ellos, dar forma a un tema, y enseguida se salta a otro lugar. Menudo enredo de casilleros, con sus pensamientos, sentimientos y algún que otro acto.

Releo viejas entradas y pienso en cómo estaba por esas épocas, en las categorías vitales y pienso: “Madre mía, ahora estoy fatal, con un follón que tengo que normalizar y arreglar. Menos mal que en un lapso de tiempo más o menos grande se puede disponer de mecanismos para “empezar la faena”.

ESTRATAGEMA…

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Es extraño que la memoria haga de las suyas y borre recuerdos. Uno se da cuenta que no es la primera vez que siente algo como muy lejano.  Acontecimientos  y  experiencias recientes se convierten en reminiscencias ancladas en el pasado. Se necesita concentración y esfuerzo para traerlas al momento presente. Es como si no vivieras tu vida, es como si te pusieras un escudo anti-evocación, es como estar, sin estar.

Es acaso, ¿un signo de locura?.

La realidad es la que es, con sus noches y amaneceres, con sus tareas que hacer y planes por materializar, unos sí, otros no.  Lo que sucede a nuestro alrededor es la muestra palpable de que somos seres vivos que han de satisfacer necesidades fisiológicas para ir subiendo escalones y atender otras que considere importantes para su bienestar.

Puede ocurrir qué queramos engañar a nuestro cuerpo, a la poderosa mente y nada podamos hacer, porque en un instante no controlado harán de las suyas, dejando que la autenticidad se presente, sea de nuestro agrado o nos incite a sentir lo que no nos apetezca.

Así se presenta la vida, así hace que sintamos lo real, los recuerdos y lo que imaginemos. Así hace que reflexionemos sobre lo humano y divino y así hace que nos pongamos gorro y bufanda para acercarnos al supermercado.

La estratagema a seguir no es otra que respirar, ser y estar para todo lo que se nos arrime, sea del signo que sea.

BINOMIO…

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Cuando parte de un binomio desaparece hay que buscar cómo cuadrar lo que permanece, sean números, letras o acciones. Se debe esforzar uno en conseguir que lo que se mantiene pueda seguir operativo, a pesar de faltar una pieza.

Es una sensación extraña que todo siga “igual”, que todo avance y ya no haya risas ni repeticiones, ni conversaciones nocturnas a pie de cama, ni noches en vela, ni compartir espacios reducidos….

Con el binomio habría historias que contar, un pasado que regresaba, un esfuerzo palpable en cada acto. Se sucedían preguntas y respuestas, alguna que otra discusión, y sobre todo, besos, abrazos y buenos momentos. Podían ser extraordinarios, cuantiosos, ordinarios, maravillosos, poco convencionales, etc.

El binomio proporcionaba motivos para poner una sonrisa en la cara y hacer feliz a una persona, para que se sintiera a gusto. Sin binomio aparece el silencio y cierto vacío, tampoco hay voces llamando, ni nada que hacer porque se necesita. Parece que se acaban las explicaciones, las prisas, los horarios y las rutinas.

A falta de binomio, la parte debe buscar hueco para poder operar en otros lares, para seguir avanzando y llegar a un resultado correcto. El binomio ya no actúa, ya no tiene sus elementos en equilibrio, hay que tantear otras formas para que el producto sea acertado.Comienza la búsqueda.

SERENIDAD…

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La serenidad ha aparecido para quedarse,  no sé si por mucho tiempo o pronto cogerá el tren. Lo cierto es que ahora está aquí e inunda el ambiente con calma, sosiego y paz.

La serenidad acompaña las horas del reloj, se siente en cada acto, en cada pequeño movimiento y proporciona a la persona una lucidez para pensar y reflexionar.

Solemos pasar por situaciones caóticas, momentos de incertidumbre y en esos instantes es cuando más tenemos que buscar la serenidad, para encontrarnos bien, para dar apoyo a quiénes nos rodean y por qué no, para dejarnos querer un poquito.

Que la serenidad se acomode en nuestras vidas, que haga que nuestros pensamientos, la conciencia esté tranquila y que nuestros sentimientos demuestren aplomo ante los percances que puedan aparecer.

SOMBRA…

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Hay personas que están en la sombra, en una zona donde no se les ve demasiado. Sin embargo, su presencia es importante porque sin ellas, las actividades irían a otro ritmo, los hechos acontecerían de otra manera y las personas implicadas tendrían otros comportamientos. Otras personas quieren siempre protagonismo con títulos de participación y aportaciones, creyéndose merecedoras de un lugar en el podio de logros de los demás.

Actuar en la sombra no es fácil, requiere de pericia para no ser descubierto. Se necesitan ciertas artimañas para poner sobre la mesa las herramientas, que se utilicen, para solventar crisis. La discreción es vital, callar y sólo hablar lo justo, lo indispensable. No ponerse medallas por los éxitos conseguidos, que al final son victorias de los demás.

Puede suponer malestar por lo que se ve, por lo que se intuye que va a venir. Eso mismo ofrece perspectiva para poder prepararse y afrontar el futuro o lo que sea que se ponga delante de uno. Dependiendo de cómo sea la persona, el trabajo en la sombra es gratificante, supone esforzarse para llegar a la meta. Una meta que es observar lo conseguido, para bien o para mal.

Estar en la sombra significa estar ahí sin que nadie se de cuenta. Ir haciendo poco a poco, o no hacer, ante las peticiones claras o veladas de los que nos rodean. Actuando con ese permiso silencioso que nos dan, u otras veces, gritándolo a viva voz. Estar en la sombra es una manera de sentirse vivo, de relacionarse con el entorno, con las personas, a pesar de que gran parte de nuestra sociedad prefiera “el postureo, la pelea de gallos, el cultivo de egos o vender humo”.

AGUA…

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Por fin llueve. Llueve en la calle y llueve en los adentros de algunas personas. La lluvia limpia el ambiente, las lagrimas nos purgan de los malos pensamientos, de los estados desagradables, nos liberan, en cierto grado, del malestar físico o emocional.

Son días de lluvias, de lagrimas, que traerán jornadas más animosas y placenteras. En algunas personas las lagrimas no afloran, el malestar asoma en forma de dolores, de pensamientos incómodos, de opresión en el pecho. Afortunadamente esos momentos también pasan, significa que todo está más o menos bien, que ya se ha asimilado la situación, que estamos preparados para el siguiente envite.

No merece la pena preguntarse nada, de por qué ahora o cómo es posible. Simplemente sucede y ya está. No vale cambiar el pasado ni imaginar un futuro que, a partir de ahora, va a ser diferente. Que siga lloviendo fuera y dentro, aunque en ninguno de los dos casos, que haga que se inunde.

El agua es necesaria en nuestras vidas, para nuestro entorno y como elemento importantísimo que es, cuando se descontrola no hay quien la pare y provoca hecatombe y destrucción. Al igual que demasiadas lágrimas indican una situación excepcional, agradable o desagradable, que hay que confrontar porque cambian las circunstancias. No se puede vivir sin agua y tampoco sin lagrimas.

RACIONES…

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Hay días en los cuales somos un hervidero de estados anímicos, todos juntos, mezclados en la cazuela, sin saber cual va a ser el ingrediente principal. Hay algo de tristeza por los acontecimientos presentes y venideros. También aparece el cansancio por aquellas horas de trabajo, de poco sueño y más esfuerzo.

Un poco de felicidad al sentir que cuentan contigo, a la vez de cierta impotencia por no poder cambiar determinados sucesos. Aparece el miedo hacia lo que va a ocurrir, a la incertidumbre. Suben y bajan momentos de preocupación, por una parte normales, por la otra, totalmente inusuales.

Es algo natural que nuestros estados anímicos nos definan, que pasemos de unos a otros sin apenas darnos cuenta. Lo que sorprende es que se junte demasiada información y que toda ella produzca esas maneras de sentir, queriendo acaparar nuestra atención, sin dar abasto.

Estaría bien un poco de sosiego o poner la cazuela a fuego muy lento, mínimo, para poder digerir todo lo que se sirve en el plato. Un menú que no es extraño, forma parte de nuestra alimentación emocional, cada uno con sus propiedades y nutrientes. Sólo es necesario servirlo en pequeñas raciones.