MÉRITOS…

pixabay.com

Que dada es la gente a ponerse medallitas, da igual que esté en un momento complicado o no, el caso es que empieza a sacar pecho para que el resto de los mortales o ella misma se coloque galardones por lo que ha hecho. Sé que muchas personas necesitan de los demás para sentirse bien, para demostrar lo que valen, porque si no dicen en alto lo que hacen, si no hacen escuchar sus hazañas, no se sienten bien. Una especie de juego donde tienen que demostrar al resto, todo lo que han hecho, el costoso esfuerzo realizado, lo importante que han sido a lo largo de un proceso, etc. Eso sin contar que luego tienen una historia para todo, porque la coyuntura les ha dado muchas vivencias.

Luego están las personas que hacen lo mismo que éstas primeras, que pueden que están saturadas a ratos, pero ven todo como una normalidad de la situación. Que tienen épocas donde duermen menos, días de risas continuadas, momentos de pena, cansancio, pero que intentan superarlos, sin alardear demasiado.  Que no hacen más porque no pueden. No sacan pecho porque saben que es lo que tienen que hacer, escuchan lo que les dice la gente pero como quien pide la vez para comprar pan.  Y de repente, una nueva ocasión propicia que el resto emprenda una nueva carrera de méritos, con discursos de valía porque el resto no puede, que menos mal que están presentes, que saben de todo y demás sandeces.

Hay personas que viven para los demás, exponiendo sus logros como si fueran únicos, ofreciendo su ayuda porque es la que saca de atolladeros, etc, A pesar de que piensa más que hace, así alarga “su lista de méritos”. A veces es mejor permanecer en la sombra, en silencio, actuando sigilosamente, escuchando, pero sin responder, sabiendo que tus méritos son tuyos, al igual que tus fracasos o momentos de flacidez. Pasar desapercibido es lo mejor.

CORRECCIÓN…

DeathtoStock.com

Cuando te encuentras con una persona, con la cual has tenido un intercambio de pareceres sin llegar a mucho acuerdo es muy importante la corrección, la educación, el no sacar los trapos sucios del pasado y hablar sobre lo que sucede ahora, en el mes de junio. No sirve de nada adoptar una actitud victimista, ni tampoco rencorosa, sino tomar las cosas como vienen, asimilar la situación de forma natural, escuchar lo que te tenga que contar, preguntar acorde a lo contado y dejar los malos rollos y la indiscreción guardadas en un cajón sin llave.

Resulta difícil comprender las ganas que tiene la gente  de pelear, de discutir, de salirse con la suya, cuando no hay ganadores ni perdedores. Tan sólo es una misma situación percibida de forma diferente por sus protagonistas, donde seguramente haya puntos de coincidencia pero la manera de sentir y pensar al respecto varía y con ello los deseos y preferencias que se tienen. Acaba convirtiéndose en un juego de poder que, objetivamente, nada tiene que ver con la realidad del hecho.

Por ejemplo, si una persona se separa y una de ellas se va, desaparece sin avisar. Aparte del shock de ver que no regresa a casa, nos encontramos con una lista de soluciones que se aporta para que la persona vuelva, para que arregle la situación, esté bien de ánimo, etc. Ni un segundo piensa que la solución, también puede estar en él. Simplemente ofrece respuesta a la otra parte. La otra parte, sin embargo, ofrece unas alternativas, que en principio son para estar bien ella, estabilizar su cabeza, dándose tiempo y viendo si hay cosas que mejorar, cambiar o abandonar de forma definitiva.

Es complicado, ponerse en las distintas aristas de una situación, hay que moverse del sitio donde estamos anclados, y en ese movimiento aparecen caminos más fáciles, otros pedregosos. Pese a ello, debemos girar, dar vueltas alrededor de la situación para ver todos los puntos de vista, con la intención de tomar una decisión.

Contando con buena educación, respeto y corrección por parte del elenco protagonista, las relaciones van a fluir de manera satisfactoria, será lo que tenga que ser. De lo contrario será imposible lograr puntos de acuerdo y las posiciones de cada uno serán insalvables, enquistándose esa relación hasta lo inimaginable.

CHIP…

chip

pixabay.com

Es sorprendente encontrar gente que se quita el chip y así comienza a olvidarse de momentos, de personas significativas por las que ha sentido amor, cariño  o  llámalo equis, que van capeando el dolor, la melancolía y se ponen una banda en la frente que dice: “adelante, ya pasó, es lo que toca…”. Tienen tan buena encarnadura que sus heridas van cicatrizando de forma rápida, se van cerrando con el paso de los días. No es menos cierto que hay días que esa cicatriz tira un poco, pero enseguida utiliza otro chip  para remediar ese malestar. Va desde risas con las amigas, una lectura o película agradable, una tarde de ejercicio o una llamada restablecedora de energía.

El olvido no es total porque ahí estará, en alguna parte de su mente, ya que todo forma parte de nuestras vidas e inevitablemente, en algún momento, habrá que mencionarlo o pensarlo, pero ha llegado al punto de convivir con ese recuerdo, y ya no produce inquietud sólo se hace consciente de que ha vivido experiencias, momentos, que existió esa persona y ya. Ahora ya no está.

Supongo que ese chip no sea de fácil adquisición porque todo el mundo querría uno, para no pasar un duelo largo, para no tener que pensar y pensar en lo que ha pasado, en los errores cometidos. Tal vez el chip lo tengan las personas que viven el aquí y el ahora, que piensan que las cosas son como tienen que ser, que aceptan lo que les viene, sean de carácter positivo o negativo, que no quieren sentirse mal ni dar pena a los demás.

Por eso toman conciencia de su realidad, del cúmulo de vivencias agradables y desagradables, las aceptan, sacan algo de positivo de todas ellas y en ese cometido toman fuerza mental y física para seguir, con chip o sin chip.

GOTAS…

rain-122691__340Esta mañana se ha puesto a llover. En poco tiempo, la calle empezó a oler a polvo y enseguida, las gotas han comenzado a caer fuertemente. En ese momento, he salido a la calle, no he cogido paraguas, las personas con las que me encontraba me decían que me iba a mojar. Ese era el objetivo, que la lluvia, el agua cayera sobre mí, me mojara la cara, mi pelo y sintiera ese frescor, una especia de limpieza como si arrastrara todo lo malo que tuviera dentro. Necesitaba esa lluvia para relajarme, me llevó a pensar cosas agradables, me recordó “chupas” cogidas a lo largo del tiempo y en las risas producidas al llegar a casa chorreando.

Ese sonido de la lluvia te lleva a otros lugares, con otras personas, a recuerdos del ayer. Si centramos nuestra atención en el sonido de las gotas al caer, es algo terapéutico, relajante, sanador. Te ofrece un momento apacible, liviano, sin preocupaciones. Agradeces esas gotas, ese agua tan necesaria para la vida, para la naturaleza, para que todo siga su curso, a pesar de que algunos vean el agua a destiempo y sin justa medida.

Dan ganas de cantar para que siga lloviendo, pero ahora mismo luce el sol, que se abre paso entre las nubes…una pena.

HUMANO…

humano

pixabay.com

Lo importante de nuestra vida, lo destacable de las personas varía de un lugar a otro, según la cultura, ideología. Cada uno tendrá sus metas, sus palabras fetiche, sus actuaciones memorables, aquellas experiencias que la marcaron. Algo que une al ser humano, que precisamente los hace humano es la escucha. Escuchar a uno mismo, lo que ocurre a nuestro alrededor, a pesar de que haya silencio. Escuchar a la gente, lo que dicen, lo que expresan, lo que sienten. Poner la escucha en aquellas letras de canciones, en el agua que corre, en el vaso que se rompe o en el corazón propio y el de los demás. Escuchar, también, lo que no se dice.

Lo mismo puede suceder con el tocar, el tocar y ser tocado, el contacto físico que nos pone la piel de gallina, nos alivia, nos da energía, transmite calor y sentimiento. Cuando tocamos, sentimos, podemos abrazar a cualquier persona, en cualquier situación, besarla, acariciarla, achucharla más o menos fuerte. Ese sentir lleva aparejado la alegría, la tristeza, el dolor o el miedo. Nos enfadamos, vibramos con personas, hechos, el caso es sentir. Igual de importante es hacer, construir y destruir, moverse, de un lado a otro, caminando en línea recta o dando vueltas, cambiar de perspectiva.

Si escuchamos, tocamos, sentimos, hacemos y construimos, lo natural es que sea en soledad y en compañía, dependiendo de la ocasión, de las personas del entorno, de nuestro estado de ánimo. Ese dar y recibir cosas buenas placenteras, y también las desagradables. El compartir sucesos, días y noches, deseos y realidades. Qué lío hablar sobre el ser humano, un ser tan simple y tan complicado.

EXISTENCIA…

gratisography.com

Hubo un momento en que entendí que la persona más importante del mundo era yo, que debía aceptarme y cuidarme para ofrecer al resto, toda mi persona. Justo al lado, en un instante, comprendí que las emociones desagradables estaban ahí para hacerlas frente, para gestionarlas, sin que interrumpieran demasiado.

Hace tiempo que las circunstancias me hicieron crecer, me hicieron madurar, me hicieron consciente de lo que tenía, quería o desearía. A la vez, pude reconocer al otro, su espacio, sus porqués o negaciones.

No es fácil darse cuenta de los tóxicos emocionales y de las propias personas y situaciones, que nos hacen daño, pero el ser egoísta, nos da pie para parar ese tipo de tesituras.

En esta ocasión, me centro en el aquí y ahora, mirando al futuro de cerca, sin grandes planes tan sólo los que me gustan, quiero, o puedo, a mi ritmo y sin compararme con los demás. Con el añadido de que el fallo, el error puede aparecer en cualquier momento y me concederá, al menos, un segundo más de aprendizaje.

Y tendré momentos de locura, de hastío, martirio, desarme y angustia, pero todos ellos superables con ganas, esfuerzo, valentía y ayuda. No sé si está bien o está mal, tampoco la utilidad o inconveniencia de vivir así. De hecho no sé si esto es vivir o sólo pasar la vida. En cualquier caso, se piensa, se siente y se actúa y eso sí que tiene que ver con la existencia.

BOLETO…

pixabay.com

En una de esas conversaciones alrededor de una mesa, con algo de picotear y de beber, nos podemos sorprender de lo que se habla en ella. Se percibe la fortaleza del ser humano, a la vez que, intuimos la debilidad, intentando asomarse por los poros de la piel, ganando, a veces, la batalla. Siendo la protagonista de horas, días, semanas y meses. Haciendo que nuestra vida sea un laberinto de pensamientos positivos que no encuentran la salida, una especie de rompecabezas donde las piezas no encajan, porque estamos a “puzzle cambiado” o ese juego o aplicación que no sabemos cómo funciona, al haberse presentado, de repente, como una novedad no pedida.

Te hace reflexionar sobre el ser humano, pensar como personas, que para ti, eran fuertes, daban ánimo, se hacían presentes, han sucumbido a la debilidad y ahora necesitan de los demás, de si mismo, para poder hacer frente a la adversidad, a esos momentos incómodos, que hacen que la vida no sea tan agradable y confortable, como era hasta ahora.

De regreso a casa, pensaba en ellas, en cómo dieron la cara, o la están dando para desafiar a esas situaciones, que las están transformando, sin ellas pedirlo. Cualquiera de nosotros podemos pasar y caminar en ese lado, nadie está libre de recibir ese boleto premiado. Como lo invirtamos o usemos, hará que haya más luces y menos sombras o por el contrario, amplios momentos de oscuridad.

GERUNDIO…

pixabay.com

Buscando motivos para no pensar en quien te hiere y emplear nuestro esfuerzo y ganas con aquellas personas que nos quieren, aprecian y nos hacen sentirnos útiles. Todo, a pesar, de los defectos propios, los momentos de tormenta, o los caminos de espina.

Buscando momentos felices, que olviden la ansiedad, los miedos, las decepciones. Momentos en los que aprendamos de los errores, pongamos en conserva las relaciones con tara, para centrarnos en las que valen la pena, en las que nos proporcionan beneficios, nos hacen sonreír y sacar partido a las emociones desagradables.

Buscando al protagonista de nuestra vida, sin dejarnos llevar por los demás, viviendo con lo que tenemos y vamos encontrando, resolviendo los imprevistos, y cuando menos lo esperas, está el lugar de tus sueños, tu refugio, tu oasis de calma y recarga de energía.

De tanto buscar, acabamos encontrando los pros de lo que se avecina, cambiando los contras, adaptándolos y transformándolos a nuestra persona. Encontrando las emociones agradables que albergan en nuestro ser, las situaciones que son de agradecer, o las personas que te ofrecen oportunidades de crecer y madurar.

Encontrando el valor para decir no, aceptando cumplidos y críticas, siendo conscientes de lo que pensamos, sentimos y hacemos, expresando deseos y necesidades, pidiendo perdón, volviendo a levantarnos tras crisis personales. Hablando desde uno mismo para que los demás nos comprendan y si no lo hacen, dando oportunidades.

Al final, todo genera en nosotros, vida, alegría, placer, a veces, dolor y ofuscación, sentimiento de libertad, pasión, amor, sabiduría, paciencia…La lista es larga, completándose en cada momento, día, experiencia, etc. Hemos de seguir pedaleando.

MADUREZ…

madurez

pixabay.com

Hubo un tiempo donde el estómago se encogía cuando veía a cierta persona y el corazón latía más rápido que de costumbre. Ese mismo tiempo fue el responsable de que las circunstancias cambiarán y todas esas sensaciones tuvieran que guardarse bajo llave, en un cajón. A cambio, otras emociones salieron del letargo, con fuerza inimaginable. Nuevas situaciones hicieron ponerlas en práctica.

Sin embargo, la gente no lo entiende, busca explicaciones incorrectas sobre el porqué de ese cambio de sensaciones, de ese flujo de cariño. Nada tiene que ver con la amargura, con el daño o roturas. Simplemente, es un cambio de actitudes, que pueden evolucionar y transformarse en cualquier momento. No será fácil porque la persona se habitúa a su zona de confort, a sus cosas, rutinas y manías. Y cuando aparece alguien a romper esa rutina, llegan los miedos, las excusas, o el poner tierra de por medio.

Puede parecer de una persona inmadura, que no sabe lo que quiere, pero es una madurez inconclusa, como un puzzle al que le faltan piezas y que hay que completar para que sea plena. Tal vez sea porque la madurez integral, la total nunca llega, siempre hay experiencias por las que pasamos que nos dejan huella. Decisiones que tomamos, que marcan nuestra vida y relaciones. Personas que nos aportan maravillas y aquellas que quieren dejarnos tóxicos, con las que tenemos que estar atentos para ponerlas lejos.

Esa madurez para tantas acciones, toma de responsabilidades, trabajos imposibles, que se esconde cuando se trata de tí.

CUERDA…

pixabay.com

Se hace un nudo en la garganta, cada vez que se oye hablar de ello. Se retuerce el estómago, cada vez que siente que el círculo se estrecha. Se empañan los ojos, cuando los hechos se describen en boca de los demás.

Serán las fechas, será la persona, el caso es que la sensibilidad se ha anclado y la fuerza ha desaparecido. No, el esfuerzo por seguir trabajando, intermediando, levantándose, sin pensar demasiado. Perfectamente, sabe lo que ocurre y encima, una de las personas por las que sonreía, con más fuerza, se ha alejado.

Ese nudo cada vez es más difícil de deshacer. Ese nudo hace replantearse la compra de otra cuerda, para empezar de nuevo, sin ataduras que ahoguen y repriman a la persona. Con nudos, que pueda hacer y deshacer, con sonrisas que añadir, con emociones desagradables ajustadas y proporcionadas.

Hoy es domingo, la mayor parte de establecimientos están cerrados. Eso no impide que comience a caminar y en ese trayecto, pueda encontrar una cuerda. No es necesario que sea a estrenar, vale la olvidada en cualquier parque o camino. El caso es tener una nueva cuerda y si no tropieza con ella, pues ya la comprará.