INDIFERENCIA

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Hay personas que han decidido ponerse a jugar para ganar, sin pensar en que la otra parte no quiere jugar y por tanto, no va a ganar ni perder. Hay personas que deciden tomar partido, sin darse cuenta de los apoyos pasados, intentando hacer daño. Así consiguen demostrar su egoísmo, las ganas de exhibir su maravillosa vida, ocultando las ruinas de la misma.

Con todo ello, aparecen numerosos sentimientos, entre ellos, cierta rabia por la sensación de sentirse utilizada y con creces se manifiesta una actitud de indiferencia. Viva la indiferencia junto con esa gran capacidad que tienen algunas personas de poner cara de póker, que descoloca a quien tiene enfrente. Que no se inmuta con nada de lo que cuente, ni para bien ni para mal. Que cualquier argumento, anécdota o vivencia que pronuncia va en el camino de no aprecio, porque no importa.

La indiferencia puede ser la peor actitud del mundo, pero hay personas que la reciben por su historial de acciones hacia una persona. Al final se decide que la indiferencia es lo mejor para definir esa relación y por lo tanto, lo adecuado para marcar distancias o alejar vidas. En cualquier esquina, comienza otra.

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CORRIENTE…

Parece centrada pero no lo está. Puede estar o serlo a ratos, disimular, aunque una especie de corriente la tambalea constantemente y debe agarrarse fuerte para que no la arrastre demasiado lejos. Si eso sucediera, no podría encontrar el camino de vuelta.

Es rara esa sensación, sobre todo, cuando consigue una gran concentración para olvidarse lo que la ronda la cabeza. Luego, de nuevo, aparece el pellizco para recordar que va y viene por un camino de esponjas, que hace que avance sin paso firme.

Está concentrada a ratos,  pero no centrada. Se siente con fuerzas, pero sin dirigirlas a un punto concreto. Se ve perdida porque no encuentra un sentido de vida. Parece que sí, pero es que no. Deambula al son de la corriente, intenta lanzar una cuerda y atraparla para fijarla a un punto y ahí comenzar a caminar con consciencia de quien es, lo que quiere y siente. Arduo trabajo la espera.

EMPUJE

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Necesitamos tener una persona en quien confiar. Para contarla lo bueno que vivimos, lo regular que nos pasa y lo malo que percibimos y sentimos como una losa que nos cae encima. Esa misma persona nos escucha y nos dice lo que queremos oír, nos riñe cuando ve que estamos equivocadas, o nos da un abrazo aunque no lo pidamos.

Esa persona nos da el empuje suficiente para continuar, para seguir en el camino, para tener motivos de lucha y ser perseverante hasta conseguir el objetivo. Por muy autosuficientes emocionalmente que nos consideremos, siempre es necesaria la presencia de ese tipo de personas. De lo contrario puede que la locura aparezca a hacernos compañía y aunque, de vez en cuando, también es necesaria, si nos acompaña mucho tiempo, el tema se complica.

Puede ser que contar con nosotras mismas no sea suficiente y necesitemos impulso para hablar con las adversidades cara a cara. De paso adaptarnos, levantarnos de las caídas y deambular para encontrar un sitio, donde la mente se reinicie para encontrar claridad entre tanta confusión.

COHERENCIA…

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Antes había conversaciones cordiales, sin más, no había confianza, tan sólo buena educación porque la ocasión lo merecía. Los vínculos hay que trabajarlos, no sólo consisten en forzar relaciones de confianza cuando ésta no existe. La esencia de las relaciones la marcan las personas y hay personas que no se relacionan porque ni es el momento, ni ellas están preparadas para ser amigas. Puede haber nexos de unión,  cordones que se atan y desatan, dependiendo del calzado. Sorprende como hay personas que fuerzan esas lazadas sin ser coherentes y la coherencia tiene que recobrar su papel clave en el desarrollo personal y social.

Se dice que hacer algo que desaprobamos, produce cierto malestar, así que es mejor no realizarlo. Puede ser que, a veces, seamos incoherentes, por intentar hacer una locura, por probar, por querer formar parte de un grupo, por falta de confianza en nosotros o porque nos manipulan y convencen. Lo cierto es que hay unos mínimos y en ellos no vale pisar la línea, es indispensable la coherencia. Da igual lo que piensen  los demás, incluso que te critiquen por ello. Por nuestro bienestar mental lo que hagamos, sintamos y pensemos tiene que estar en un continuo lógico

Y es cierto que las personas cambian, que se modifican las circunstancias y podemos variar esa forma de pensar y actuar. Si esos cambios no producen incongruencias mentales, pues adelante, son transformaciones elegidas y justificadas. Si se deben a incoherencias provocadas por terceros o el medio, ahí está el problema. Así nos va.

CONVENIENTE…

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La socialización de las personas marca su desarrollo, su toma de decisiones y el hecho de que se asuman las situaciones de una manera o de otra. Se dice por ahí, se comenta, que la familia es un pilar básico para el desarrollo de la persona. No lo voy a discutir, estoy de acuerdo con ello. Si para gustos existen los colores, para el concepto de familia, también.

Hay tantos tipos de familia, que ese pilar básico es distinto según nos hayamos criado, el lugar, las normas y vivencias, etc. Cada uno de nosotros tenemos una, que marca nuestro crecimiento, bueno, malo o regular. En cualquier caso, la adaptabilidad de la persona está presente y si no falta el cariño, el afecto, nuestras necesidades básicas están cubiertas y trabajamos para estar felices y ser responsables, ¿qué más da que no haya un papá y una mamá y se den otro tipo de situaciones?.

La familia, la que más abunda, es esa, pero si fracasa, no podemos aferrarnos a la idea de que todo es una mierda, una gran decepción y prefiramos una familia unida, sólo de fachada, para que nuestra cabeza esté tranquila, por cumplir con roles que la sociedad señala como lo más adecuado o lo mejor.

Habrá que buscar lo más conveniente para este momento preciso, para la propia persona, sin dejarnos intimidar por miradas desaprobantes, juicios externos o por el machacadero propio, que se puede convertir en nuestro mayor enemigo.

COMODÍN…

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El comodín se usa cuando lo necesitamos, dependiendo de cada momento. Puede ser una persona o cosa, con diferentes funciones.  Ser persona comodín puede estar bien siempre que nuestro amor propio no se vea comprometido y cuando nuestra valía no esté basada en las apreciaciones y la satisfacción de sus necesidades.

Ser una persona comodín, para mucha gente, no es positivo. A corto plazo pudiera parecer que sí, pero a la larga seríamos “usos” y poco más. Debemos dar importancia al lugar que ocupamos, sin quedar a la sombra, porque entonces, ser comodín no tiene relevancia, importancia y volvemos a ser un mero objeto.

Un comodín tiene que ser algo beneficioso para ambas partes, la que lo utiliza y quien lo es. De lo contrario caemos en falta de respeto, porque lo utilizamos a conveniencia y cuando se trata de personas, eso no puede ser.

Supongo que todo el mundo, en algún momento de su vida, ha sido el comodín de alguien para una situación determinada. O bien, hemos usado alguno para algún desempeño u ocasión. Si utilizamos a personas comodines en nuestro día a día, algo ocurre. Si somos nosotras esas personas, no pinta mejor.

Al final la satisfacción de necesidades, la realización de actividades tiene que plasmar cierto equilibrio en las relaciones personales. No puede ser que se repita la misma persona, realizando determinadas acciones, a distintas personas, y todas ellas la mantengan en la sombra.

En ese caso, la partida tiene que acabar. Jugar con las cartas que cada persona tenga y desechar los comodines del juego.

FUERZA…

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Puedes empezar el día con una fuerza impresionante, sin temor a nada ni a nadie, porque sientes que lo estás haciendo bien. Piensas que puedes con todo y en el caso de confusión o flaqueza, decides respirar y seguir adelante.

Está claro que las fuerzas aminoran con el tiempo ya que el cuerpo humano se va resintiendo. Es ahí, cuando cobra importancia tu entorno, las personas que te van a servir de apoyo y que van a sostenerte cuando notes que ya no puedes más, o al menos, no como antes. En ese momento te cogerán de los brazos y te llevarán donde necesites. Ellas son las que irán podando el camino de espinos y malas hierbas o los que pondrán a funcionar el coche cuando se haya parado.

La fuerza, viene y va. Si se ha ido y te preocupa, mira a tu alrededor porque ahí estarán los que te la van a suministrar. A tu lado estarán las baterías para recargar e incluso para empujar, hacia un lado, lo que no queremos. Puedes descansar, coger fuerzas para continuar. Estamos sustituyéndote hasta que estés bien y preparada para la “lucha”.

Quien está enfrente de ti quiere que cedas, te desalientes, y no lo va a conseguir. Da igual sus artimañas, sus tretas o manipulaciones porque tenemos repelente de “malas personas y egoísmo”. Al final, la verdad y la tranquilidad aflorará. No te quepa duda.

PISTAS…

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Vuelven las señales, las pistas, las casualidades o las coincidencias en el tiempo. Planeas viajes, cosas qué hacer, gente con la que quedar, realizas pequeños gastos para aprovechar tu tiempo en lo que te gusta, etc. De repente, tu persona, tu inconsciente se manifiesta, aparecen nuevas tareas, hay que cancelar planes, aplazar actividades y toda la ilusión que tenías, la aparcas a un lado de la calle.

Son pequeñas pistas que te indican un cambio a realizar. Pensabas que subías y en realidad, sigues estancada en el mismo piso. No ocurre nada, porque la pequeña decepción te hará parar, coger fuerzas y volver a buscar otra afición, otra actividad que nos guste, otro viaje, en otra fecha. Cualquier cosa, con tal de subir un peldaño.

Parece que las cosas nunca salen como uno quiere. En realidad es, que no tenía que ser así y pudiera ser que la confusión o la percepción anómala nos dominara a la hora de elegir.

Como dije hace tiempo, tendríamos que hacer más caso a las pistas que ofrece el entorno que nos rodea, o las personas de nuestro círculo. Deberíamos ser conscientes de las señales positivas,  aún más de las negativas y también de la ausencia de las mismas.

VALORES…

Puedo entender que el dinero sea un elemento en nuestras vidas con el que funcionar, que lo hayan puesto en un peldaño superior y nos hayan hecho creer que es lo único importante. Entiendo que ciertas personas estén haciendo, continuamente, cuentas para tener más dinero, sin mirar más allá. Otras las hacen para llegar a fin de mes.

También están los que gastan y gastan, no lo comparten , exigen partes iguales a la hora de pagar la hipoteca y luego no compran ni un triste pantalón a su hija. No tienen ni idea de lo que cuesta llevar y mantener una casa y se atreven a cuestionar decisiones para lograr una equidad en ese dinero.

Algo está pasando cuando nuestra moral y actuaciones se rigen por los euros a conseguir y no por otros valores. No somos conscientes de que el presente de los más jóvenes va a condicionar su futuro y si hoy pinta “verde”, ¿cómo pintará mañana?.

Si nos educamos en el materialismo, en posicionarnos a toda costa, en cambiar las relaciones interpersonales por las cibernéticas, que no dan el salto a la realidad, en lograr reconocimientos sin esfuerzo, etc.¿cuáles serán los valores del futuro?

FELICIDADES…

El año pasado, tal día como hoy, fue un buen día. El día amaneció con sol y eso hacía que en la cocina entrara más luz y que la persona cumpleañera viera todo decorado con banderines, globos, y todo acompañado de besos y abrazos. Se sentía llena de energía, aún con las legañas en los ojos.

Por supuesto que no faltó la tarta, ni las risas, ni los regalos. Tampoco la gente, acercándose, ni el skype con las que están lejos. Realmente estaba feliz, agradecida, ya al final del día, un poco cansada.

Este año también ha salido el sol, aunque los banderines no se mueven y las risas no se oyen. Tampoco te he comprado nada, ni hay ganas de pastel. Este año sólo queda recordarte lo bien que lo pasaste, lo bien que lo pasamos.