PRESENTE…

El presente se siente confuso, con desequilibrios según la hora del día, la actividad realizada o la compañía concurrente. El presente es un ahora sin demasiadas motivaciones, alguna que otra obligación y pocas intenciones de futuro. Un presente que es ya, donde se aprovechan las oportunidades y retos, pero sin más sensación que realizarlas.

El presente es vivir, sobrevivir, comer, dormir o hacer lo que toca. Escanear documentos para nada, escribir para desahogarse, llamar por teléfono para resolver dudas o intentar relajarse, haciendo algo de ejercicio, o tirarse en el sofá.

El presente es entender a aquellas personas que nos rodean, las que manifiestan soledad, apatía o desmotivación. Las que se sienten plenas, felices y con energía para compartir. También las que se ven perdidas, sin saber qué rumbo coger o qué decisión tomar. Y las que están, y ya.

El presente es ahora, hoy, ya mismo, en este momento, actualmente. Es mismamente esto…o quien sabe si ya pasó. Es lo que tenemos para sentirnos bien, para cambiar si algo nos incomoda o hace que parezcamos titubeantes ante algo o alguien que se nos aparece. El presente es…

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PASADO…

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Pasado. Aludimos al pasado, echando de menos aquellos momentos vividos con 6, 14 o 20 años, o ayer, lo que hacíamos y con las personas que estábamos.  Recordar el pasado, nos encuentra con el “y si”, y nada podemos hacer al respecto. En aquel presente, se decidió la actuación realizada. Lo adecuado es asumirlo y no dejar que los sentimientos de culpa nos aborden.

El pasado nos presentó conocimientos y experiencias que ahora tenemos, que nos han hecho ser como somos. Ese pasado nos gusta más porque forma parte de nosotros y parece que le hemos dado algún uso.  Otras veces lo usamos para comparar, se abre entonces un abanico de emociones, porque según sea la situación o el problema planteado, así nos sentimos.

En ocasiones, parece que el pasado se instala en el presente, en el devenir diario porque lo rememoramos y eso impide el avance, el crecimiento continuo. Imagino que no se ha superado algún momento vital y estamos estancados, nos regodeamos en recuerdos, en instantes que no nos pertenecen, porque no están y dejan que nuestro presente no sea pleno, puesto que nos sentimos anclados a ello.

Al hablar del pasado, aparecen nombres propios, lugares, un montón de relaciones mantenidas por una razón u otra, en emplazamientos concretos, que, ahora en el presente, nos hacen reír o llorar, enfadarnos, sentir melancolía, plenitud o cientos de emociones, según el caso. Ayyyyy.

PALABRAS…

Locura. Barcelona. Primas. Sevilla. Patines. Ordenador. Separaciones. Certificado. Lesión. Piscina. Cursos. Coruña. Turismo de interior. Iván. Tatuajes. Música. Talleres. Bienestar. Paciencia. Tristeza. Sentido de vida. Familia. Yo. Blog.

Podían ser más, muchas más. Se me amontonan en la mente y junto a ellas todas las emociones que me produjeron y las situaciones vinculadas a cada una de ellas.

Que este año traiga, nos traiga a todo el mundo más palabras, emociones, realidades y experiencias. Y salud, esa que siempre esté presente.

CONVIVENCIAS…

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Hace un montón de tiempo que no me paso por  algunos lugares, que no coincido con determinadas personas. Siento una especie de síndrome de abstinencia, que intento disimular ocupando mi tiempo en otros quehaceres, pasando por otros sitios o llenando mi mente con pensamientos alternativos, sin pensar demasiado.

Cuando te acostumbras a una situación, a unas personas, el hecho de abandonarlas, cuesta trabajo. Se pretende acudir, responder, pero hay que elegir y establecer prioridades. Intentas buscar huecos, pero te das cuenta que los agujeros ya están ocupados. Así que toca esperar hasta que puedas volver a ese lugar, con esas personas y que puedas disfrutar de momentos agradables.

Es cierto que las nuevas compañías, los recientes lugares pueden asustar, sobrepasarnos, pero como te dan la bienvenida con los brazos abiertos, la adaptación es fantástica. Por eso recomiendas visitas recíprocas, para que celebren la vida, las oportunidades, el conocer gente estupenda, para dar las gracias por ese intercambio de experiencias y sintonización emocional.

Además esos puntos oscuros, esas debilidades personales, las han ido transformando, fueron poniéndolas luz para que se vieran más claras y fuertes. Es un gusto encontrarse con personas que tienen la fuerza de cambiar las cosas con su actitud y te inoculan el virus de la positividad, el buen rollo, el saberse querer.

Sin duda, acercarnos a esas personas y lugares, celebrar la convivencia, entre el pasado y el presente, para caminar hacia el futuro, es una de las mejores ideas para comenzar bien la semana. Anímense .

TELÉFONO…

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Vaya, hoy hay avería y no funciona el teléfono, también se ha caído la red y no podemos comunicarnos a través de las redes sociales. Y ahora, ¿qué hacemos? Si yo sólo quería oír tu voz y charlar un poquito.

En ocasiones, sólo pedimos hacer una llamada, en otras, recibirla.  Si ha sucedido algo que nos afecta, que nos supone un altibajo de emociones, deseamos realizar una llamada, conectar con alguien a través de  la tecnología, o bien llamar al timbre. Sentimos la necesidad de contar lo bueno que nos ha pasado y lo malo que hemos padecido. Una llamada para hacernos conscientes de lo que sentimos, para reflexionar sobre lo ocurrido, para que la persona que nos escucha, nos confirme o niegue lo que pensamos.

Cuando buscamos que el teléfono suene y no ocurre, nos ponemos nerviosos, un poquito enfadados, o  tal vez, nos da igual porque sabemos que la persona tiene mala memoria o mala conciencia, vete tú a saber. En cualquier caso, lo único que nos queda claro es que no ha llamado.

También ocurre que las personas llaman demasiado, dos, tres veces al día, parece fiscalizador, pero la necesidad de apego de cada persona y su dependencia varía mucho de una familia a otra, de unos individuos a otros. Aunque no quiero escuchar que el resto son unos “descastados” porque entonces se sacan las uñas para demostrar que la presencia no se mide por el número de llamadas diarias.

No deberíamos depender tanto de las llamadas y por añadidura de los mensajes, emails, whatsapp o cualquier otro sistema de mensajería. Nadie pensaría que la comunicación acabaría siendo perjudicial, ya que la frustración aparece en las personas, al no contestar, en caso de no devolver la llamada y eso no puede ser. Debemos ser  realistas, ya que realizamos otras actividades que no requieren tener un móvil o similar entre las manos y puede que estemos con personas que, tampoco quieren que bajemos la cabeza y miremos la dichosa pantalla.

En aquellos casos donde deseamos oír la voz de alguien, pedir una explicación o simplemente charlar, seamos valientes y a la carga. Da igual que la forma de contestar no sea la esperada, tenemos que estar preparados para lo bueno y lo no tan bueno, luego ya veremos si volvemos a llamar,jajaja.

TERRAZAS…

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Hace frío y aún así, nos hemos sentado en una terraza, con el fin de aprovechar unas vistas privilegiadas. Es importante tener un lugar donde mirar, donde grabar imágenes en nuestra mente, que irán directas a nuestro corazón. En esa misma terraza, se recuperan recuerdos y flashes de vida.

La terraza elegida nos muestra la imagen reconfortante que necesitamos, la foto relajante, el instante preferido, que nos da calma y a la vez, energía. Cuando estamos en ese lugar, que nos aporta seguridad, rememoramos los buenos momentos, las personas con quiénes estábamos, lo que hacíamos. Disfrutamos de las vistas, con lo mejor que tenemos dentro.

Hay personas que se transportan a casa de los abuelos, allí pasaban el fin de semana, les encantaba ir a dormir, a comer lo que preparara la abuela, a dar besos al abuelo y todo aquello era una felicidad máxima. Otras personas, recuerdan un amor pasado, con una sonrisa en los labios, a pesar de no haber terminado bien. Se recuerdan los momentos vividos, las anécdotas que hicieron reír y a las personas significativas.

También esa terraza propicia el instante donde se piensa en las situaciones oscuras, dramáticas que forman parte de nosotros. Eso, también, les han convertido en las personas que son. Cierto que duele más, que nos hace entristecer, que nos bloquea por segundos, (pocos o millones). No todo tiene carácter positivo, aunque todo es aprendizaje y reconstrucción.

GRACIASSSSSS…

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Dar las gracias ayuda a sentirnos mejor, reconocemos a otras personas lo que hacen y eso  les sirve para sentirse a gusto y bien. No todo el mundo da las gracias, algunas veces por vergüenza, otras porque no lo consideran, el egoísmo forma parte de ellas y piensan firmemente que se lo merecen. A mí, me toca dar las gracias a esas personas que han hecho que la rutina cambiase un poco.

Gracias por la compañía, la antigua, la nueva y esa gente extraña que aparece unos minutos en tu vida. Por los descubrimientos musicales, que luego harán aflorar los recuerdos, nos harán mover los pies y canturrear. Gracias por las risas y las angustias, que también forman parte de la vida, que hacen conectar y unir a las personas.  Por esas conversaciones variadas, unas de gran carga emocional, otras de besugos y las que no dicen palabras, las que más cuesta entender. Gracias por esas fotos a través del teléfono o las que se hicieron en la piel, algunas personas.

Gracias por el avance lento, algo que hay que mejorar, gracias por los mensajes, las contestaciones y las miradas. Por  los  desfases horarios, el mal descanso y alimentos de toda índole. Gracias a ellas y ellos, de allí, de aquí y otros lares. Continuamos…

SE BUSCA…

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Se busca. Una persona que no se queje demasiado, ni discuta por tonterías. Con la que puedas mantener conversación sobre temas dispares, unas veces trascendentales, otras sobre asuntos banales. Una persona que sea imaginativa y creativa, por lo que la palabra aburrimiento está desechada de su vocabulario. Aquella que te contará mil historias, unas reales, otras ficticias, otras que te harán reír o llorar.

Una persona que ofrecerá su hombro cuando lo necesites, tendrá palabras adecuadas a tu estado de ánimo, con enorme generosidad y humildad. Con suficientes tablas para encarar dificultades, con dotes de comunicación, motivada e ilusionada.

Una persona, que pondrá los ojos como platos, cada vez que cuentes algo, descubra lo novedoso de su alrededor y que te sorprenderá con planes, actividades para pasar un buen rato, por muy rutinarias que sean.

Una persona que, con poco se apaña, que utiliza el dinero para su felicidad y la de los demás, que quiere estar contigo porque sí, porque quiere. Que no te juzga y te escucha, intentando conocerte más y mostrando cómo es su interior.

Una persona con la que compartir momentos excelentes, situaciones regulares y circunstancias menos buenas. Aquella que aparece en tu casa, diciendo “vamos”, te agarra de la mano y cierras la puerta porque piensas que es una buena idea.

Se busca…Personas interesadas enviar mensaje a túlosabes@modolocura.com

DECEPCIÓN…

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La decepción aparece cuando tus expectativas no se cumplen. No quiere decir que hubieran sido altas, sino que la contrariedad apareció y no dejó que los pasos alcanzaran la meta deseada. La decepción aparece cuando personas que aprecias no escuchan y prefieren vivir bajo errores permanentes y sufrimiento, antes que salir de esa espiral tóxica.

La decepción aparece cuando te encaprichas de la persona equivocada y vais por distintos caminos, tenéis diferentes intereses y sólo te vincula a ella una errónea percepción de la realidad. También puede venir la decepción si se recibe un no, que no queremos oír. Pudiera ser que, ese no, es lo que nos va a hacer crecer, a solucionar otros problemas, a aprender una lección, quien sabe…

Estar decepcionada también sirve para espabilar y no darlo todo hasta quedarte sin energía, para poner límites o para trazar un plan de buena forma, física y mental. Mejor callar, no dar importancia a lo sucedido para que la cabeza se olvide cuanto antes del chasco, dar un barrido emocional a la persona, o mejor dicho a la situación generada por esa persona. Si ponemos ganas, seguro que la decepción merma hasta desaparecer, hasta olvidarse y el olvido trabaja muy bien porque no te acuerdas de nada, de ahí la fortaleza personal.

Como alguien dijo: “No esperes nada de nadie. Es mejor estar sorprendido que decepcionado.”

AHORA…

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Era un día cualquiera, tres amigos y un coche, unos kilómetros por realizar y unas cuantas conversaciones para arreglar el mundo, la vida de los demás y la nuestra propia. Esos viajes curan heridas, es una especie de desinfectante, donde las risas están aseguradas, alguna que otra foto y la reflexión que nos ayuda a seguir.

Puede sonar triste pero no ha sido así. Ha resultado ser una jornada de experiencias, de elecciones acertadas, de sorpresas agradables y de cuestionarnos el porqué de nuestros aprendizajes, que en ocasiones, no desaprendemos, ni tampoco nos reeducamos en otra alternativa más positiva.

Ahora queda la sensación de bienestar, de haber aprovechado el momento. Ahora toca seguir ahí, haciendo cosas, deshaciendo entuertos, viviendo la rutina, buscando oportunidades o esperar a lo que sea. Esas pequeñas salidas dan a la persona seguridad, situarse en un plano, para saber dónde se ubica y la distancia que queda para alcanzar la meta.

Ahora corresponde dar las gracias por el día tan bueno que pasamos y pedir que se repita, jajaja.