CORRECCIÓN…

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Cuando te encuentras con una persona, con la cual has tenido un intercambio de pareceres sin llegar a mucho acuerdo es muy importante la corrección, la educación, el no sacar los trapos sucios del pasado y hablar sobre lo que sucede ahora, en el mes de junio. No sirve de nada adoptar una actitud victimista, ni tampoco rencorosa, sino tomar las cosas como vienen, asimilar la situación de forma natural, escuchar lo que te tenga que contar, preguntar acorde a lo contado y dejar los malos rollos y la indiscreción guardadas en un cajón sin llave.

Resulta difícil comprender las ganas que tiene la gente  de pelear, de discutir, de salirse con la suya, cuando no hay ganadores ni perdedores. Tan sólo es una misma situación percibida de forma diferente por sus protagonistas, donde seguramente haya puntos de coincidencia pero la manera de sentir y pensar al respecto varía y con ello los deseos y preferencias que se tienen. Acaba convirtiéndose en un juego de poder que, objetivamente, nada tiene que ver con la realidad del hecho.

Por ejemplo, si una persona se separa y una de ellas se va, desaparece sin avisar. Aparte del shock de ver que no regresa a casa, nos encontramos con una lista de soluciones que se aporta para que la persona vuelva, para que arregle la situación, esté bien de ánimo, etc. Ni un segundo piensa que la solución, también puede estar en él. Simplemente ofrece respuesta a la otra parte. La otra parte, sin embargo, ofrece unas alternativas, que en principio son para estar bien ella, estabilizar su cabeza, dándose tiempo y viendo si hay cosas que mejorar, cambiar o abandonar de forma definitiva.

Es complicado, ponerse en las distintas aristas de una situación, hay que moverse del sitio donde estamos anclados, y en ese movimiento aparecen caminos más fáciles, otros pedregosos. Pese a ello, debemos girar, dar vueltas alrededor de la situación para ver todos los puntos de vista, con la intención de tomar una decisión.

Contando con buena educación, respeto y corrección por parte del elenco protagonista, las relaciones van a fluir de manera satisfactoria, será lo que tenga que ser. De lo contrario será imposible lograr puntos de acuerdo y las posiciones de cada uno serán insalvables, enquistándose esa relación hasta lo inimaginable.

DIMES Y DIRETES…

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Cuánto daño pueden hacer los rumores, acabar con ellos es un trabajo a largo plazo. Como personas deberíamos cuestionarnos la información que nos llega, no haciendo caso a lo primero que escuchamos, sea de la índole que sea. Un periodo de reflexión y análisis no viene mal y ayuda a que nuestra percepción y cognición “intenten” mantenerse en la realidad certera. La gente no sabe distinguir rumores de verdades objetivas, a partir de ahí la información falsa comienza a circular a velocidad de vértigo. Los dimes y diretes provocan curiosidad y  eso explica su facilidad de propagación.

Debemos hacer frente al rumor de forma consciente, intentando comunicarnos con la otra parte, escuchando, con actitud positiva, gestionando las posibles emociones desagradables que puedan aparecer, preguntando el para qué de esas afirmaciones, que desde tu punto de vista son incorrectas e intentan hacerte daño. Cuando somos los protagonistas de los rumores, la templanza a la hora de escuchar es de suma importancia para hacer frente a esas habladurías y salir del atolladero.

Pregunta, propicia dudas acerca del argumento, maneja la curiosidad, enseña otras realidades, tu realidad. Estate cómodo al mostrar tus razonamientos y sobre todo, “se dice, se cuenta”, omitirlo, porque para bien o para mal eres tú quien dice y cuenta las cosas. Se puede crear el contrarrumor para desbaratar el rumor.  Consiste en difundir la verdad para contrarrestar el propio rumor, con datos reales y concisos que demuestren que lo que se dice por ahí, es incorrecto, una patraña.

A veces es sin mala intención, pero el mensaje va cambiando y perdiendo fidelidad cuando se transmite de unos a otros, se añaden u omiten detalles. Todo ello distorsiona la realidad, dañando las relaciones personales. De ahí, la necesidad de cotejar informaciones para no hacer daño gratuito.

Hay un parecer generalizado donde los demás, el resto de la gente sabe más del otro que la propia persona en sí. Algo curioso cuando somos uno mismo quien vive y experimenta todo lo que pasa a nuestro alrededor. Además hay personas que se atreven a cuestionar lo que dices, acusándote de mentiroso, según ellas, estás entre la espada y la pared y lo que es verdad es lo que dicen ellos, que por algo está extendido.

Esta clase de actividades lúdicas que suceden en todos los ámbitos de la sociedad cabrean un poquito, los dimes y diretes pueden traer consecuencias catastróficas en la vida de las personas. Debemos tener cuidado en lo que transmitimos a los demás, en lo que escuchamos para evaluar si es cierto o no. No seguir la cadena del rumor, ni entrar en este juego, porque cuando toca ser protagonista, el papel no es nada agradable.

MIEDO…

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El miedo es otra de nuestras emociones básicas. Puede que sea desagradable cuando nos hace sentir mal pero es positivo en cuanto que nos prepara para actuar, para retirarnos de una situación incómoda, que nos asusta. El miedo nos sirve para sobrevivir, para que reaccionemos ante situaciones amenazantes.

Pueden existir miedos universales pero cada persona experimenta los suyos, dependiendo de cómo pensemos. Aprendemos a tener miedo ante determinados estímulos, unas veces por la incertidumbre que nos provocan, otras porque realmente son peligrosos y otras tantas porque los hemos aprendido o nos lo han enseñado.

Ante muchos hechos de nuestra vida podemos sentir un miedo que nos bloquea, que nos hace huir aunque deseemos no hacerlo. Sin embargo el temor a la crítica, a un desengaño nos hace correr hacia delante sin mirar ni considerar nada más. Puede darnos miedo iniciar una relación sentimental o abrir un negocio, los perros o dormir a oscuras, etc. Se mezclará con algo de ansiedad y seremos incapaces de dar una respuesta activa y pasivamente nos retiraremos. Si se incrementa pueden aparecer hasta fobias y entonces nuestra actuación, nuestra vida se limitará aún más, no dejando tiempo para la improvisación, ni para compartir, ni para poner en funcionamiento mecanismos “liberadores”.

Vivir sin miedo tampoco es la solución porque sin sentir ningún tipo de amenaza que nos movilice, puede que nos “aniquilen” al estar de forma perenne en nuestro sitio. Sentir miedo es una especie de señal para realizar cambios con el objetivo de que desaparezca el malestar de nuestra vida.

Se dice que vivimos en la cultura del miedo, nos inculcan miedo para paralizarnos, para someternos, para crear dudas y que no nos atrevamos a crecer, a caminar. Ante eso, comencemos a dar pasos cortos, confiados, vigilando el camino, las personas con las que nos encontremos. Con confianza en nosotros mismos, con valentía de pedir ayuda o con ratos de meternos debajo de las sábanas, podemos superarlo.

Si ya hemos sentido alegría y tristeza, ahora vamos a sentir miedo. Un poquito tampoco viene mal. Buscar una mano para agarrar, una persona para que nos de un abrazo es algo que alivia y rebaja los niveles de miedo de forma considerable.

TRISTEZA…

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Ella viene y va, cuando se acerca apenas mete ruido y cuando queremos darnos cuenta ahí está, acompañándonos sin haberlo pedido. Se acopla a nuestra persona cual pegamento y nisiquiera preguntamos para qué aparece, por qué ahora.

La única certeza es que está aquí y hay que convivir con ella lo mejor posible. Al ser compañera de viaje de uno mismo y de tantos otros, tiene varias anécdotas que contar, han sido varios los momentos compartidos con ella, en distintas situaciones, algunas de ellas, vitales.

Tampoco sabemos cuánto tiempo permanecerá con nosotros pero en un hueco libre hemos hecho acopio de instrumentación y herramientas para tener una convivencia pacífica y nada traumática. Puede que comamos demasiado o poquísimo, tal vez el sueño no nos acompañe o disminuya la atención, pero al ser una compañera eventual, a veces acompañada de lloros, al menos sabemos que, llegando a cierta parte del trayecto, se apeará en la estación correspondiente. Ya se subirá de nuevo para acompañar a otra persona.

Ella, la tristeza pasajera es así, aparece y desaparece, proporciona ocasiones para la reflexión, la introspección, a la vez que motiva para el autocuidado, la actividad, el movimiento. Buscamos un tiempo para ver qué esta pasando, escuchar lo que nos tenga que decir, porque en muchos casos sabemos la razón de ese estado. Está bien invitarla para que visite otras personas y puedan disfrutar de ella, es necesaria.

La condición es que la tristeza venga a nosotros y se vuelva a ir, que no permanezca demasiado a nuestro lado porque sino estamos hablando de otra cosa más preocupante. Bienvenida tristeza pasajera.

FELICIDAD…

Está claro que la felicidad, es un estado satisfactorio para las personas, pero de ahí a estar presionadas para buscarla constantemente, y encima sentirnos mal porque no está al lado nuestro, ufff. Eso sin añadir la absurda competición dentro de redes sociales para tener muchos seguidores, likes y mostrar a todo el mundo lo felices que somos mediante fotografías y demás parafernalias.

Tanta sonrisas, tantos buenos momentos, finales felices en las películas, melodías pegadizas y cientos de consejos del vecino, de la amiga, de la persona que vende fruta o frases maravillosas, que “tiran” sobre nosotros la felicidad para que la cojamos fuertemente.

La felicidad existe, y la tristeza también, las inquietudes, el nerviosismo y la mayoría de las veces, las grandes ideas o genialidades, las cosas ordinarias salen de ese estado, que luego desemboca en felicidad pero el germen no es ella misma sino otras emociones y sentimientos necesarios para crecer, experienciar y ser felices.

De acuerdo, seamos felices pero no por imposición. Busquemos momentos felices porque nos lo pide el cuerpo, porque queremos, porque no encantan las arrugas que salen al reírnos.  Si los demás son tan felices y lo demuestran en sus redes sociales, en sus vidas, bien por ellos y ellas, pero que no te deprima porque tú vives tu vida, con tus fotos e instantes, que compartes con quien crees conveniente.

Ahora mismo, mientras lees esto seguro que te viene a la cabeza la felicidad que sentiste ese día, con esa persona, o ese momento de risas cuando intentabas aparcar o cuando montaste en el tren y tu compañero de asiento te ofreció un viaje maravilloso, lleno de anécdotas. O tras ese mal trance, cuando te sentaste en un banco del parque a comer pipas o esa noche que dormiste de un tirón o lo que sea que te proporcione felicidad, tu felicidad.

El ser feliz, el sentirse feliz depende de un elemento principal, central que luego podrá utilizar lo que tiene a su alrededor para aumentar o disminuir el nivel de felicidad. Hagamos que ese elemento, tú, esté en las mejores condiciones para funcionar correctamente y con herramientas suficientes en caso de futuras reparaciones.

CHIP…

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Es sorprendente encontrar gente que se quita el chip y así comienza a olvidarse de momentos, de personas significativas por las que ha sentido amor, cariño  o  llámalo equis, que van capeando el dolor, la melancolía y se ponen una banda en la frente que dice: “adelante, ya pasó, es lo que toca…”. Tienen tan buena encarnadura que sus heridas van cicatrizando de forma rápida, se van cerrando con el paso de los días. No es menos cierto que hay días que esa cicatriz tira un poco, pero enseguida utiliza otro chip  para remediar ese malestar. Va desde risas con las amigas, una lectura o película agradable, una tarde de ejercicio o una llamada restablecedora de energía.

El olvido no es total porque ahí estará, en alguna parte de su mente, ya que todo forma parte de nuestras vidas e inevitablemente, en algún momento, habrá que mencionarlo o pensarlo, pero ha llegado al punto de convivir con ese recuerdo, y ya no produce inquietud sólo se hace consciente de que ha vivido experiencias, momentos, que existió esa persona y ya. Ahora ya no está.

Supongo que ese chip no sea de fácil adquisición porque todo el mundo querría uno, para no pasar un duelo largo, para no tener que pensar y pensar en lo que ha pasado, en los errores cometidos. Tal vez el chip lo tengan las personas que viven el aquí y el ahora, que piensan que las cosas son como tienen que ser, que aceptan lo que les viene, sean de carácter positivo o negativo, que no quieren sentirse mal ni dar pena a los demás.

Por eso toman conciencia de su realidad, del cúmulo de vivencias agradables y desagradables, las aceptan, sacan algo de positivo de todas ellas y en ese cometido toman fuerza mental y física para seguir, con chip o sin chip.

EXCESOS…

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No se puede poner límites al movimiento de personas, pero tal como vivimos va a ser necesario porque de lo contrario, ésto se desbordará. No es normal que haya tanta gente en las principales ciudades del mundo, haciendo turismo, viajes relámpagos, reuniones y congresos, o tal vez esa sea la normalidad, el intercambio cultural a lo largo del mundo. Pienso que las ciudades no pueden asumir ese goteo de personas, medios de transporte o basura acumulada.

Islas mediterráneas que “se colapsan” con el buen tiempo, grandes urbes que son un hormiguero de personas en fechas señaladas, ciudades monumentales, de gran riqueza cultural que se llenan de colas para visitar esas lindezas. Está muy bien acceder a todo ello, pero me invade la incertidumbre y el preguntarme, hasta cuándo aguantarán el núcleo urbano, porque no consideramos nada más y pareciera que el aspecto medioambiental lo obviamos. Ahora mismo me viene a la cabeza, esas papeleras hasta arriba y basura depositada a los lados porque no hay sitio para nada más ni nadie lo limpia. Ese dar vueltas y vueltas para encontrar aparcamiento o las aglomeraciones cuando se transita por ciertos espacios. Levantarte de noche para poner la toalla en la playa. No hablemos del aforo limitado de los locales.

Lo que me queda claro es que vivimos en el exceso, en el abuso, en el consumismo abusivo porque es barato o gratis aunque no se necesite. Son millones de personas los que están en esa tesitura y apartarse de ello es complicado, costoso, pero no imposible. Habrá que intentarlo.

PARTES…

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Las partes, a la hora de abordar un conflicto sería conveniente que tuvieran pautas, patrones o modelos para afrontar las distintas situaciones. Muchas veces, el conflicto surge por el significado que le damos a los estímulos recibidos, entonces es importante trabajar las actitudes mentales y buscar actividades gratificantes para generar bienestar. Otras veces, la discrepancia entre la realidad y lo que se percibe como real es lo que desencadena el desequilibrio, las diferencias. La forma como entendamos, comprendamos y afrontemos los conflictos tienen que ver con la emoción y los sentimientos, por lo que se hace necesario controlar las emociones para que la resolución del mismo sea posible. Es preciso canalizar emociones para racionalizar.

Cuando el problema es con otra persona, la comunicación es fundamental, porque la falta de ella, origina malos entendidos y discrepancias. Por ello es importantísimo conversar, dialogar entre las partes,  y sobre todo saber escuchar. La comunicación inadecuada y las cargas emocionales son graves interferencias para resolver conflictos, por eso el uso de las distintas habilidades sociales se hace indispensable.

Es preciso establecer un diálogo abierto y reflexivo, orientado a la  solución, utilizar un lenguaje diferente, alternativo, que permita la autocrítica, la reflexión continua y la apertura. Utilizar la dialéctica de forma continua, con indagación, compartir, explorar ideas, pensamientos, sentimientos. Dialogar, hablando, escuchando  para que se produzca una transformación en ambas partes y se superen los problemas, sin limitarnos, para no etiquetar.

En nuestra vida queremos conseguir algo, satisfacer necesidades y nuestros movimientos van en esa dirección, sino se consigue puede aparecer la frustración y entonces hay que poner medios para canalizarla y/o superarla. Tenemos que hacernos protagonistas de nuestra vida, de los conflictos, ser conscientes de que la solución está en nosotros (empowerment). El cambio empieza en uno mismo aunque el conflicto es cosa de dos y debemos confiar en la otra parte, porque se busca el reconocimiento de responsabilidad mutua,  la generación de soluciones, el bienestar emocional para superar las diferencias, y llegar al acuerdo.

Indispensable que las partes no utilicen una estrategia ganar-perder sino negociar y satisfacer sus necesidades e intereses, superando las posiciones iniciales, con buena fé, colaboración y respeto.

RECURRENTES…

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Tela, telita cuando las personas se obsesionan. Es increíble como empiezan a pensar en algo, le dan vueltas y acaban convirtiéndolo en realidad, su realidad y su verdad. Luego el trabajo lo tienen que realizar las personas de alrededor para hacerles ver que “ese mundo real” no es el mundo y que los que viven en “ese mundo real” no hacen, ni deshacen, ni existen en la realidad que habitamos.

Se obsesionan con algo, con alguien, y eso les produce cabreo. Ese cabreo se acrecienta porque no alcanzan la meta propuesta y cualquier circunstancia la perciben como amenazadora. Los que están en torno a ellos pueden contagiarse en ese bucle de negatividad y mal rollo, así que emplean mil y un recursos para parar esa espiral, para que aparezca un poco de sentido común y pensamiento racional.

Desde luego, como nos liamos, como malinterpretamos señales, llevándolas a nuestro campo, cuando, en realidad, tienen que estar en campo neutral. Sorprende la cantidad de mundos paralelos que se crean las personas, con identidades diferentes, con mentiras y callejones sin salida. A veces, con el único motivo de no poder aceptar la realidad como es, como se presenta.

Supongo que todo el mundo en algún momento se ha sentido desbordado por una situación y ha empezado a divagar, a pensar más de la cuenta, a utilizar los “y si”, en vez de centrarse en lo que podía hacer, obsesionándose en alcanzar lo inalcanzable, en criticarse sin haber motivos para ello, sin hacer un ajuste a nuestras capacidades, o no recurriendo  a las personas del entorno para pedir ayuda.

Sería importante poner una sonrisa en la cara, acompañada de un cuerpo relajado y abierto, con intención de cambiar perspectivas, poder practicar alguna técnica de relajación o ejercicio físico, distraernos y sobre todo buscar momentos felices.

 

 

GOTAS…

rain-122691__340Esta mañana se ha puesto a llover. En poco tiempo, la calle empezó a oler a polvo y enseguida, las gotas han comenzado a caer fuertemente. En ese momento, he salido a la calle, no he cogido paraguas, las personas con las que me encontraba me decían que me iba a mojar. Ese era el objetivo, que la lluvia, el agua cayera sobre mí, me mojara la cara, mi pelo y sintiera ese frescor, una especia de limpieza como si arrastrara todo lo malo que tuviera dentro. Necesitaba esa lluvia para relajarme, me llevó a pensar cosas agradables, me recordó “chupas” cogidas a lo largo del tiempo y en las risas producidas al llegar a casa chorreando.

Ese sonido de la lluvia te lleva a otros lugares, con otras personas, a recuerdos del ayer. Si centramos nuestra atención en el sonido de las gotas al caer, es algo terapéutico, relajante, sanador. Te ofrece un momento apacible, liviano, sin preocupaciones. Agradeces esas gotas, ese agua tan necesaria para la vida, para la naturaleza, para que todo siga su curso, a pesar de que algunos vean el agua a destiempo y sin justa medida.

Dan ganas de cantar para que siga lloviendo, pero ahora mismo luce el sol, que se abre paso entre las nubes…una pena.