EXCUSAS…

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¿Y ahora, qué? que será de Ana, ¿ qué es lo que va a hacer ahora con todo el tiempo del mundo? Ya no se la ocurre hacer nada más, después de pintar, tirar, ordenar, limpiar, de momento ya está todo hecho. Tiene que buscar una excusa para levantarse, para estar ocupada, para no pensar y dejar de sentirse un poco inútil, para encontrar una afición, para llenar el tiempo que antes se ocupaba con trabajo, amor y cuidado.

Buscar una excusa para la reconstrucción de su persona, de su vida, sin atisbos de culpa, ni miedo por caer enferma. Intentar cambiar los horarios, las tareas, ponerse a hacer lo que le gustaba, buscar objetivos y motivaciones.

La fuerza está ahí, de no haberla no hubiera podido con todo. La capacidad de resistencia que la ha hecho ser cómo es, incluida sus rarezas. La misma fuerza, resistencia o como los modernos llamarían resiliencia, que siempre hace que esté presente para los demás y ahora quiere que persista en ella.

Que encuentre excusas y pretextos para sentirse bien y a gusto. Todo mi ánimo para ella, hoy lo necesita. Yo la ayudaré a buscar esas excusas.

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FAROLILLO…

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Mañana es la noche de Reyes, un día de emociones desbordadas para unas cuantas personas, no demasiadas altas pero sí muy grandes en inocencia y con un montón de risas a su alrededor. Estos días de excesos, de dolores físicos y mentales se acercan a su fin. La rutina está ahí mismo. Toca noche del farolillo, cena de amigas, de conversaciones sobre cómo ha ido el año, la familia, las novedades buenas y menos favorables.

Noche para abrigarse porque siempre hace un frío de narices, otros años incluso nieva. Una noche de Reyes donde se pide salud y como no la traigan me enfadaré un montón.  Y eso que durante la cabalgata se evita que no nos abran la cabeza con un caramelo asesino, jajaja.

Por cierto, el baile del farolillo consiste en bailar por parejas, al ritmo de la música, sosteniendo una vela prendida (el famosos farolillo). Quien aguante más bailando sin que la vela se apague, es la pareja ganadora y se llevará un roscón de reyes, alguna botella, etc. Y no os creáis que hay mucho tramposo, jajaja, por eso quien gana comparte el premio sin problemas.

Que los reyes, reinas y demás personajes traigan a lo largo del año, algo de lo que pidamos. Cada uno que pida lo que crea más conveniente, sea palpable, de tipo materialista, algo que nos haga crecer o madurar, un elemento grande, pequeño, para compartir o guardarlo para uno solo, deseos, espinitas clavadas, etc.

Ahora a practicar para el baile del farolillo. Un abrazo…

 

 

 

 

 

SORPRESA…

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Iba caminando por las calles atestadas de gente, intentando no chocar con ninguna, hasta que escuché un hola. Esa voz me resultaba conocida y miré. No pude evitar sonreír, que mis ojos se abrieran como platos y contestar con un hilo de voz: “Anda…, qué sorpresa”.

Y claro que era una sorpresa, de las buenas, de las que hace tiempo que esperas. Era una fotografía que deseaba sacar, un momento feliz. Allí estaba él, alto como siempre, con un gorro para resguardarse del frío del norte, con sus patines en los pies para llegar de un lado a otro y no perder un segundo. Luego me contaría que la bici se la robaron.

Tras los típicos, cómo te va, qué tal la familia, hubo un silencio. Un silencio que se rompió con una nueva sonrisa, con una cascada rapidísima de pensamientos, con un mirar el reloj del móvil, para acabar diciendo: “un café rápido, venga”. Ese café ofreció la oportunidad de hablar, de mencionar hechos pasados, de mostrar algún plan futuro y de rescatar ciertas sensaciones que habían sido vividas anteriormente.

Como el factor tiempo hacía, de nuevo, su aparición, el buen rato se daba por terminado. Una sorpresa agradable cuando se pasa por circunstancias poco deseables, te sube el ánimo y hace mover el motor unos metros. De vuelta a casa, la estúpida sonrisa acompaña la cara, con una huella emocional gratificante.

Ahora la sorpresa sería que otro café se repitiera porque lo “normal” es que esas casualidades no sucedan. Los tiempos, el ciclo de cada uno va por caminos opuestos o en líneas paralelas que no se llegan a juntar, incluso con grandes y fuertes inclemencias meteorológicas.

COSQUILLAS…

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Amor en verano, en cualquier pueblo de España, sea de costa o de montaña, donde haga calor o frío por la noche. Cierras los ojos y lo ves todo muy claro, unas mesas en la calle, unas bebidas frías, algo que comer y cuando giras la cabeza, ahí mismo está él o ella, aquella persona por la que tu estómago empieza a bailar, a sentir un cosquilleo y no sabes si tienes hambre o te pica algo. Tampoco sabes si reír, sonreír o hablar seriamente, proponer ir hasta el pueblo de al lado, que son fiestas o tumbarse en el verde del jardín.

Los días son de “piscineo”, las noches se juntan con esos días y mientras estas cosas pasan, uno se va dando cuenta que agosto se agota y esto se acaba. Quiero decir, las vacaciones, jajaja, ese amor de verano, tal vez también. Como mucho se puede alargar unos meses o toda una vida en el menor de los casos.

Así son los amores de verano, con besos que desaparecerán, unas miradas que no volverán, los silencios que ya no dirán nada. Abres los ojos y vuelves a la realidad, al día a día, a la rutina, a tu vida. A una vida de pantalones largos, zapatillas cerradas y horarios. No por ello peor, sino diferente y cómo la experiencia inmediata ha sido tan buena, aún cuesta encontrarse, hallar satisfacción con otras actividades, verse feliz con otra compañía. Aún persisten las cosquillas.

 

COMEDOR…

De una conversación normal puede surgir una historia muy amena y divertida para unas y no tanto para otras. Hablo en femenino porque la mayor parte de sus protagonistas son mujeres. Frente una mesa de comedor comienza la conversación acerca de personas que se conocen, haciendo que la casualidad haga coincidir a dos que conocen al mismo chico. Una de ellas por ser su exnovio y la otra por ser, esa misma persona, el novio de su hermana. La cuestión no tendría mayor importancia hasta que empezaron a hablar de fechas y vieron que había coincidencia en el tiempo.

La del exnovio asumió perfectamente que había compartido al amor de aquellos momentos, la del novio de su hermana veía como se había aprovechado de ella y su familia. Las risas y sorpresas continuaban por un lado y los encontronazos, echar las cosas en cara, por el otro.

Es gracioso ver cómo un pequeño diálogo deriva en unos cuernos hechos y derechos, en un poner las cartas encima de la mesa y tratar de aclarar situaciones, cronología e intenciones. Y en todo esto una risa floja por parte del chico, que ocultado tras iconos de whatsapp no encontraba argumento convincente para explicar lo acaecido.

Supongo que, “a toro pasado” se ven las cosas de diferente manera, con perspectiva y aunque la relación continúe ya habrá algo que ha empezado a resquebrajarla

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UN BUEN DÍA…

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Ayer fue un buen día. Si ella escribiera esta entrada, lo contaría así:

Cuando te levantas y alguien te canta una canción, sonríes y te das cuenta de que hoy es mi día. Ves el sol a través de la ventana, y cuando miras hacia arriba te encuentras banderines y globos por las estancias de la casa. De nuevo piensas que es tu día. Mañana soleada, paseillo por la acera, llamadas de teléfono y una buena siesta. Al despertar, descubres que un pequeño corretea por la casa, que hay tarta, regalos y visitas inesperadas. Vuelves a sonreír.

Continúa la tarde, con ratos agradables, con sonrisas, con una merienda en buena compañía y la cosa no queda ahí, porque deciden nombrarte reina y con corona incluida terminas el día. Con más abrazos, besos y mucha satisfacción.

Al acostarte, sólo piensas en el buen día que has tenido, en lo bien que lo has pasado, en lo feliz que te has sentido. A descansar, porque las emociones, también agotan y éstas han sido de las buenas e intensas.

Gracias familia y mañana quiero arroz para comer.

ABUELO…

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Mi abuelo siempre fue alguien especial para mí. Lo recuerdo con su boina, su cacha y esos grandes ojos azules, con la sonrisa puesta en la cara. Mi abuelo era lo más. De hecho, es una de las primeras personas de las que tengo constancia querer, eso que no se sabe describir ni poner nombre pero era inmenso. Si me lo encontraba por la calle, le daba un beso, algo raro en mí, jugaba al dominó con él o lo acompañaba al hogar del pensionista, a la tierra, era mi abuelo, no hacía falta más.

También recuerdo las visitas al hospital, cómo se asomaba desde la ventana para verme. En aquella época no nos dejaban subir a las habitaciones, algo que nunca entendía porque era mi abuelo del alma. Tampoco entendí cómo el día que murió me mandaron a hacer los recados, tal vez, supusieron que no me importaría, que alguien lo tenía que hacer y que mi dolor no era tanto….qué equivocados estaban.

De esos días, recuerdo llorar a mi padre, reunirnos toda la familia y de cerrarme en mí por cosas que no le dije o hice. No sé porqué me acuerdo de esto hoy, tal vez porque dormí en su cama o tal vez porque necesitaba hablar de él.

Los que puedan que disfruten de sus abuelos, que los quieran, que aprendan de ellos, que ríen y lloren con sus ocurrencias. Es un vínculo muy enérgico, al menos en mi caso. Todavía me queda mi abuela, ella se merecerá otra entrada.

PANORAMA…

16681905_1779021405460437_893420505318133771_nMenudo panorama tiene el corazón, no sabe si latir deprisa, si ralentizar el ritmo o pararse cada vez que él aparece. Menudo panorama tiene la cabeza cuando no para de pensar que porqué es esto o lo otro. Hay que facilitar las cosas, y nos empeñamos en poner obstáculos, en echar el freno, cuando el vehículo sólo quiere movimiento.

Nadie piensa que al abrirse una puerta, va a aparecer el amor, o el deseo o las ganas de ocupar tu cabeza con esa persona. Nadie piensa que lo primero y lo último que  pasa por la mente es ese tipo con el que te ríes, conversas sobre todo. Aparecen invitaciones encubiertas, peticiones inusuales y revelaciones sorprendentes. Aunque, nadie da un primer paso, porque hay miedo, hay preguntas sin respuesta y otras prioridades.

Menudo panorama. Y cuando te piden que des tu opinión sobre el caso o que des un consejo a la persona, sólo te echas a reír, respondiendo que no ofreces ni lo uno ni lo otro. Sólo sonríes, guiñas un ojo y dices: “¿Tú que harías, si fuera yo quien estuviera en esa tesitura?. Pues eso, entonces hazlo”.

QUEDADA…

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Desde que tengo uso de razón, Roberto siempre ha estado acompañado. Ha sido un chico de novias encadenadas, poco tiempo le he visto sólo. De todo su catálogo las ha habido rubias, morenas, altas y bajas, de tipo variado, sin hijos y con ellos. Pese a este repertorio no encuentra su media naranja o con quien compartir su vida varios años.

De una relación le queda su hijo, con la madre del pequeño, relación justa y cordial. Ha tenido que aprender que él puede hacer y deshacer cuando su hijo está con él y no puede pretender que la otra parte actúe como a él le gustaría.

Algunas de sus novias las he conocido, otras no, pero muchas de ellas han hecho una radiografía de mí, sin conocerme, ni tener ni idea del tipo de relación que mantengo yo con él. Por supuesto, afirmando,  muchas de ellas, que estaba loquita por sus huesos. La única verdad es que lo conozco desde hace tiempo, muy de vez en cuando quedamos, si tiene que hacer algo con el ordenador, me pide ayuda, pero nada más.

A pesar de las contadas ocasiones en la que nos vemos, hay suficiente confianza para tratar ciertos temas. Ahora me ha vuelto a llamar, necesitaba mi ayuda. Como, casi siempre que me llama, jajaja.

Todo el mundo ha pensado o piensa que hemos tenido algo y aunque hace años lo intentó o lo intenta, yo me mantengo en mi amistad. En estos casos donde las expectativas de gustar son nulas, no hay nervios ni motivos para tergiversar palabras o acciones. Todo es normal, no hay problema de quedar a comer, tomar un café o quedar para salir, incluso que vaya a tu casa a horas intempestivas, te pille en pijama o recién salida de la ducha. Si hubiera algo más, está claro que el desenlace hubiera sido otro.

Ahora resulta que anda un poco “depre” porque está solo, no lo ha dicho en voz alta, pero se le nota. Eso en él es raro. Quedaremos para comer, lo escucharé, se pondrá las pilas y ya está. Hasta la próxima llamada y quedada particular. Eso sí, como siempre preguntaré, qué es lo que busca y no está encontrando.

ZUMBA…

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Aquella tarde cuando se abrió la puerta, una especie de revoltijo empezó a moverse en su estómago, incluso el rubor apareció en su cara. El resto de días se fue autoconvenciendo de que no pasaba nada, que simplemente aquella chica le impactó, pero nada más. Las verbalizaciones que se dió, surtieron efecto y con el paso de los días, logró una conversación normal.

Hasta que llegó un día donde la sonrisa volvió a aparecer en su cara, una risa tonta, todo por prestar atención a un mensaje.  Ese mensaje que interpretó, a su manera, hizo que el revoltijo volviera a aparecer, supuso un esfuerzo para que, cada vez que hablaran, él hiciera esfuerzos para no ponerse rojo. En fin, todo un show.

Algo en su cabeza le decía que podía ser, otras veces le retumbaba un no, que no era posible y menos mezclando la vida personal y profesional. Esa misma separación sería, la que propiciaría el acercamiento. El hecho de abandonar el trabajo fue el impulso para intercambiar teléfonos, quedar para tomar un café, responder a sugerencias y demandas o hacerse los encontradizos por la zona donde se movían. Llegó a un punto de apuntarse a clases de zumba, según le habían contado, ella iba a clases y era un buen pretexto para ampliar las coincidencias.

A pesar de la confianza, las risas o los buenos momentos, los pensamientos luchaban contra los sentimientos, hasta que llegó la pregunta esperada y con ella, una respuesta. ¿Qué es lo que ocurre, qué pasa entre nosotros?, ¿son cosas mías o te gusto? ¿O tal vez, estoy interpretando mal lo que dices o haces? Ante semejantes preguntas, él optó por el silencio, eligió responder de forma gestual. Se acercó y la besó.

A partir de ese momento, surgieron más preguntas y respuestas, afloraron sentimientos, tuvieron momentos buenos, intensos y menos buenos, se comunicaron mediante la palabra y de forma no verbal. En definitiva, vivieron su historia.