AMORÍOS…

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Todo comenzó en un bar, ni que decir que los bares es un lugar de lo más normal para esto de los amoríos, nada original. Que quede claro que ella no quería conocer a nadie, pero de repente el juego de miradas comenzaba, y tirada a tirada, sin darse cuenta la partida avanzaba, llegando a la casilla del final.

Pues nada, a jugar. Ahora en el tablero de la realidad, de la vida, del día a día. Que si un mensaje, que si un audio, que déjame la puerta abierta, que me da igual que nos vean. Y la cosa parecía que fluía, la ilusión se respiraba en el ambiente, nadie pensaba que aparecería un obstáculo complicado de esquivar.

El juego duró lo que tuvo que durar porque una cuarentena les separó. De nada servía la intención de quedar porque las excusas para no hacerlo eran de gran calado. Hoy no se puede quedar y mañana menos, la conexión me falla, así que…todo iba a ralentí. Pues va a ser verdad que esto de las relaciones es complicado, o no?

Besos y abrazos a las recién parejas, que están separadas físicamente. Al resto del mundo, también más abrazos y besos.

SENTIRSE LIBRE…

Es curioso como sentirse libre tiene que ver con el trabajo, con ese tiempo no disponible para otras pasiones y actividades. A Rebeca le pasa algo parecido, cada vez que tiene que ir a trabajar con adolescentes, con grupos de mujeres o jóvenes comprometidos, se acerca a la libertad, hacia un estado de plenitud. Se siente libre y por ello feliz, a gusto.

Una obligación laboral le reporta gratitud, bienestar, estar cómoda, hablar sin tapujos e inmensamente llena. El hacer lecturas a las situaciones sin que pongan la etiqueta de rara. Su autoestima crece por momentos y esa mirada apagada, se ilumina en cada movimiento.

En general, no somos conscientes de lo valiosa que es la libertad. Apreciamos estar libres al estar en espacios elegidos, dentro de nuestra zona de acción. Sentirse libre es algo más. Requiere coherencia en pensamiento, sentamiento y acción. Hace que entres en una situación alejada de tu realidad, en cuanto que te olvidas de todo lo que enturbia tu vida y a Rebeca le ocurre eso en su trabajo. Se centra en el aquí y ahora, disfrutando del momento y atendiéndose a ella. Y no es egoísmo porque fijándose en lo que ella necesita, ofrece a los demás todo lo que tiene en ese instante.

Sentirse libre es fundamental para estar bien. Ni el cansancio físico ni mental apaga esa libertad. No siempre se alcanza, existen presiones externas que la alejan, así que cuando Rebeca lo consigue es un momento muy feliz para ella.

CONCIERTO…

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Te levantas, te sientas frente al ordenador y sacas unos billetes de tren. Una vez que los tienes, coges las entradas para el concierto. Preparas una bolsa con cuatro bártulos y te vas de casa. Tú y tu compañía, sin decir nada a nadie. Montas en el tren y empiezas a enviar los primeros mensajes, “que no vas a estar hoy en casa, que si pueden pasarte a recoger por la estación, o darte alojamiento una noche… Con una noche es suficiente para descansar y luego volver a casa”.

Llegas al destino, aparecen abrazos y caras de sorpresa. La buena temperatura llama a refrescarnos, con conversaciones sobre el por qué. Más bien es un para qué. Se acerca la hora de concierto, entre nervios y un nudo en la garganta, ahí estás, dándolo todo. Pasa rápido, pero se experimenta de manera intensa, con intenciones de repetir esas sensaciones, cuando sea o donde sea.

Y de nuevo, con otras personas, vuelve el por qué, insistiendo en que es un para qué. Toca cena, una cena que te produce cierta ansiedad, al finalizarla sabes que toca visita. Esa visita que te inquieta, la visita que producirá un terremoto emocional, que por leve que sea, saldrás tocada.

Al final, sonrisas, achuchones, recuerdos y más preguntas, esta vez un para qué. Tu cara debe reflejar el asombro, ni siquiera contestas, sólo pones caras, deseando que haya otro concierto…

DICEN POR AHÍ…

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Dicen que Clara es positiva, que da ánimos, que ve el vaso medio lleno. Será cierto, aunque en sus cosas, en sus vivencias suele buscar un punto negativo, la circunstancia pésima. Dicen que tiene capacidad para la escucha (puede ser) y también mucha paciencia. Supongo que la una acompaña a la otra y también la distingue su capacidad de ser silenciosa.

A Clara no la gusta hablar, o destacar. El estar en silencio y pasar desapercibida son un plus de su persona. Dicen de ella que está ahí cuando la necesitan. Categóricamente digo que es cierto, está disponible cuando la avisan. Tan cierto como que puede desaparecer sin meter ruido y no volver hasta que, de nuevo, la llamen.

Dicen tantas cosas de Clara y del resto de mortales que tendríamos que hacer una criba para ver lo que es cierto y lo que no, mejorar en lo que se pueda, mantener lo que más nos gusta y en casos extremos hacer desaparecer lo que más nos critican.

De Clara también dicen que tiene un chip que pone y quita, sobre todo cuando el malestar o el sufrimiento no la lleva a ninguna parte. Dice que estar triste, decepcionada, es agradable en momentos puntuales, nada  grato cuando no aporta aprendizaje, sólo pena sin más.

Es difícil esconder la esencia maniática y extraña de cada uno, pareciera que dejáramos de existir y en Clara eso está presente. Según ella, aparentar lo que no se es, requiere tanto sacrificio que sus esfuerzos son mínimos, al respecto. Alguna vez Clara se  mira al espejo y dice: “esta soy yo, así soy yo”. Con sus pantalones de chándal, gafas de sol, sin peinar su pelo liso y con la cara seria.

Dicen de ella… Si dicen es porque piensan en Clara, aunque sea mal, regular o bien.

ELLA…

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Tras muchos meses ha vuelto a sonar la música en su casa, demasiado tiempo. Sentía tal tristeza y melancolía cuando lo intentaba, que sus ojos se llenaban de lágrimas y tenía que cortar cualquier intento de melodía. Ahora ya regresa la sonoridad a la casa, con algún atisbo de pena, pero ya apareció para quedarse. Ya está, para hacer compañía a quien la visite.

También ha vuelto el movimiento a sus pies, acompañado de giros, de brazos arriba y abajo o donde toque. Todo al ritmo de la música, una música que tantas veces la acompañó, con la alegría que la daba y al final la sumió en un estado de amargura. Ya está escuchando nuevos grupos y músicas diferentes, recordando otros tantos, tarareando o inventándose las letras. Ha vuelto la emoción con cada canción de la “playlist”.

“Sin música, la vida sería un error”. Nietzsche. Ahora toca enmendarse y que no vuelva a cometerse.

MARIPOSAS…

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Y de repente, vuelven las mariposas a la vida de Conchi. Nisiquiera sabía que las tuviera, o que hubiera ido al mercado a comprar algunas, o que en un paseo se las encontrara revoloteando a su lado. Ahí están y no sabe qué hacer con ellas. Tal vez sea una percepción errónea, o una coincidencia en el tiempo o que ha comido algo en mal estado.

Pues va a ser qué nada de eso. Va a ser que se ha encontrado con una persona que le hace tilín, que la provoca una sonrisa. Ella no es muy dada a magnificar, pero se da cuenta de pequeños detalles de gran significancia, preguntándose, ¿para mí, por mí?.  A pesar de ello sigue desconfiando hasta que constata que sí, que es por ella.

Y decide dejarse llevar, haciendo caso a lo que siente y no a lo que piensa. Buenamente, la azuzan para que siga por ese camino, aunque sabiendo que es de corto recorrido. Buenos momentos, risas, canciones para recordar, días y noches de conexión.

Así hasta que llega el último día, preparándose para volver a su vida, acompañada de tristeza, cierta rabia y ganas de alargar lo que tiene un final. Imaginando lo que pudo ser y ya no será. La realidad es que debe empezar a funcionar, superar la morriña  y guardarlo en el cajón de buenos recuerdos (cajón de Gustavo).

 

ÉL…

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Y él no escuchaba música porque no estaba preparado, tampoco veía series, ni acudía al cine, nisiquiera aguantaba una película entera. Si le preguntaban qué aficiones tenía, contestaba que ninguna en especial. Apenas caminaba, ni practicaba ningún deporte, no leía y sus amistades se quejaban de lo poco que lo veían. Si en alguna ocasión viajaba, sentía que el turismo no estaba hecho para él, pareciendo que en vez de enriquecer el alma, se inundaba de un sentimiento de melancolía.

Esa era su vida, poco o nada de todo. Una vida aburrida, sin motivación alguna, con pocas ganas, en proceso de deconstrucción, hasta un punto, pensaba él, que volvería a emerger. Entonces empezaría a disfrutar, a salir con amigos, a interesarse por alguna persona en especial, a realizar actividades placenteras.  Soñaba en que llegaría ese momento, aunque se engañaba por ello porque, si no ponía de su parte, a ningún lugar iba a llegar.

Un día, paseando, absorto en sus pensamientos y mundo interior,  le vino la idea de empezar a vivir como hacían los demás, una especie de juego de imitación, donde saldría, comenzaría a buscarse una afición, empezaría a llamar por teléfono a los amigos, incluso vería a las chicas de otra manera.

No fue nada fácil, un paso para adelante y dos para atrás, hasta que se dió cuenta que había aprendido un hábito nuevo, el de sentirse a gusto, el de ser feliz con pequeñas acciones, intentando aprovechar todo su potencial como persona.

Para ÉL, que con un poco de intención y observando, descubrirá que, según da la vuelta a la esquina, ahí está lo que necesita.

SIN PALABRAS…

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Hace tiempo que busca una respuesta y lo único que obtiene es silencio. Ni un monosílabo, ni un emoticono, sólo silencio. Las casualidades han hecho posible un encontronazo dominado por una incomodidad, donde el sí explícito no ha aparecido, ni el goteo de palabras. Se deseaba abandonar la escena, salir por patas, porque tampoco había fuerzas para afrontar esa conversación pendiente.

Una cara iluminada, la otra apagada por el cansancio, por la incertidumbre y los espectadores esperando un movimiento para que todo fluyera hacia un momento mejor, hacia la meta esperada. Una parte deseosa de que todo vuelva a la normalidad, a ser la pareja risueña, feliz y llena de planes. La otra buscando un motivo para olvidar, aunque sin ganas de encontrarlo porque lo que pretende es regresar a lo mismo, a estar con ella.

El calendario dará la respuesta, pondrá la fecha, acordada por las partes o dada por el devenir de los días. Viendo si las rutinas, que reinstala septiembre, serán solas o acompañadas. Cuando las expectativas de unos y de otros van por caminos diferentes, resulta enrevesado buscar el cruce que los una, se hace duro, puede que llegue o que al final se separen para siempre. De nuevo el calendario lo dirá.

DIRECTORXS…

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Tras tres meses de teoría comienzan las prácticas. Todo el mundo está ilusionado, también algo nervioso y con muchas ganas de aplicar lo aprendido. A lo largo del curso no sólo se han aprendido conocimientos teóricos, se ha alimentado el alma, se han hecho reflexiones acerca de uno mismo y los demás, se han establecido unos vínculos entre personas que venían de sitios diferentes, con formas de pensar distintas y vivencias particulares. Al final, todo ello, ha resultado ser una oportunidad única de crecimiento personal y a medio y largo plazo, también profesional.

Gracias a todo el mundo, nos hemos reeducado, hemos conocido experiencias de vida, hemos compartido momentos íntimos. La consecuencia de todo ello es que somos más sabios que, en el mes de marzo, cuando empezamos. Un grupo muy variopinto, que ha sabido cohesionarse y convertirse en un gran equipo, fuerte, aunque con debilidades y amenazas, que supieron resolver. Un grupo genial, que son personas excelentes, a pesar de que algunas no son conscientes de ello porque la vergüenza aflora en su ser. Mujeres y hombre profesionales y motivados.

Sinceramente, les deseo lo mejor, que les vaya bien, que sean felices y que la realización de las prácticas les sirva para seguir aprendiendo. Yo he estado muy a gusto.

GONZALO…

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Puede suceder que tras días de convivencia, acabes cogiendo cariño a una persona y no lo digo tanto en plan sentimental, de amorío, sino porque hay algo en ella que te fascina.

Observas que tiene unas ganas de aprender enormes, que es respetuosa, que cuenta sus experiencias con tal entusiasmo que te contagia y pareciera que estás viviendo la situación. Tiene un potencial tan grande, con sólo 19 años, que si sigue con esa actitud puede que leamos sobre él en la prensa. Yo lo conocí hace un par de años y ya me llamó la atención por su saber estar, por la seriedad con la que trabajaba, por los momentos de divertimento que ofrecía cuando había que desconectar y pasarlo bien.

Este año, sigo alucinada con él. Sigue avanzando en su madurez y sin ninguna duda cualquier familia dejaría a sus hijos con él para realizar cualquier actividad de tiempo libre. Es un educador con todas las letras, que hace que los participantes y destinatarios crezcan con el desarrollo de la actividad. Promueve la participación, motiva, conversa y razona de tal manera, que acaba todo el mundo reflexionando y agradeciendo esos momentos de pensar.

Ojalá hubiera más personas así, con vocación, sin miramiento a lo material, a colgarse medallas. Personas que se centran en otras personas y en su desarrollo integral. Eres un fenómeno Gonzalo. Espero volver a coincidir contigo y si es en Gijón mucho mejor.