COMEDOR…

De una conversación normal puede surgir una historia muy amena y divertida para unas y no tanto para otras. Hablo en femenino porque la mayor parte de sus protagonistas son mujeres. Frente una mesa de comedor comienza la conversación acerca de personas que se conocen, haciendo que la casualidad haga coincidir a dos que conocen al mismo chico. Una de ellas por ser su exnovio y la otra por ser, esa misma persona, el novio de su hermana. La cuestión no tendría mayor importancia hasta que empezaron a hablar de fechas y vieron que había coincidencia en el tiempo.

La del exnovio asumió perfectamente que había compartido al amor de aquellos momentos, la del novio de su hermana veía como se había aprovechado de ella y su familia. Las risas y sorpresas continuaban por un lado y los encontronazos, echar las cosas en cara, por el otro.

Es gracioso ver cómo un pequeño diálogo deriva en unos cuernos hechos y derechos, en un poner las cartas encima de la mesa y tratar de aclarar situaciones, cronología e intenciones. Y en todo esto una risa floja por parte del chico, que ocultado tras iconos de whatsapp no encontraba argumento convincente para explicar lo acaecido.

Supongo que, “a toro pasado” se ven las cosas de diferente manera, con perspectiva y aunque la relación continúe ya habrá algo que ha empezado a resquebrajarla

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UN BUEN DÍA…

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Ayer fue un buen día. Si ella escribiera esta entrada, lo contaría así:

Cuando te levantas y alguien te canta una canción, sonríes y te das cuenta de que hoy es mi día. Ves el sol a través de la ventana, y cuando miras hacia arriba te encuentras banderines y globos por las estancias de la casa. De nuevo piensas que es tu día. Mañana soleada, paseillo por la acera, llamadas de teléfono y una buena siesta. Al despertar, descubres que un pequeño corretea por la casa, que hay tarta, regalos y visitas inesperadas. Vuelves a sonreír.

Continúa la tarde, con ratos agradables, con sonrisas, con una merienda en buena compañía y la cosa no queda ahí, porque deciden nombrarte reina y con corona incluida terminas el día. Con más abrazos, besos y mucha satisfacción.

Al acostarte, sólo piensas en el buen día que has tenido, en lo bien que lo has pasado, en lo feliz que te has sentido. A descansar, porque las emociones, también agotan y éstas han sido de las buenas e intensas.

Gracias familia y mañana quiero arroz para comer.

ABUELO…

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Mi abuelo siempre fue alguien especial para mí. Lo recuerdo con su boina, su cacha y esos grandes ojos azules, con la sonrisa puesta en la cara. Mi abuelo era lo más. De hecho, es una de las primeras personas de las que tengo constancia querer, eso que no se sabe describir ni poner nombre pero era inmenso. Si me lo encontraba por la calle, le daba un beso, algo raro en mí, jugaba al dominó con él o lo acompañaba al hogar del pensionista, a la tierra, era mi abuelo, no hacía falta más.

También recuerdo las visitas al hospital, cómo se asomaba desde la ventana para verme. En aquella época no nos dejaban subir a las habitaciones, algo que nunca entendía porque era mi abuelo del alma. Tampoco entendí cómo el día que murió me mandaron a hacer los recados, tal vez, supusieron que no me importaría, que alguien lo tenía que hacer y que mi dolor no era tanto….qué equivocados estaban.

De esos días, recuerdo llorar a mi padre, reunirnos toda la familia y de cerrarme en mí por cosas que no le dije o hice. No sé porqué me acuerdo de esto hoy, tal vez porque dormí en su cama o tal vez porque necesitaba hablar de él.

Los que puedan que disfruten de sus abuelos, que los quieran, que aprendan de ellos, que ríen y lloren con sus ocurrencias. Es un vínculo muy enérgico, al menos en mi caso. Todavía me queda mi abuela, ella se merecerá otra entrada.

PANORAMA…

16681905_1779021405460437_893420505318133771_nMenudo panorama tiene el corazón, no sabe si latir deprisa, si ralentizar el ritmo o pararse cada vez que él aparece. Menudo panorama tiene la cabeza cuando no para de pensar que porqué es esto o lo otro. Hay que facilitar las cosas, y nos empeñamos en poner obstáculos, en echar el freno, cuando el vehículo sólo quiere movimiento.

Nadie piensa que al abrirse una puerta, va a aparecer el amor, o el deseo o las ganas de ocupar tu cabeza con esa persona. Nadie piensa que lo primero y lo último que  pasa por la mente es ese tipo con el que te ríes, conversas sobre todo. Aparecen invitaciones encubiertas, peticiones inusuales y revelaciones sorprendentes. Aunque, nadie da un primer paso, porque hay miedo, hay preguntas sin respuesta y otras prioridades.

Menudo panorama. Y cuando te piden que des tu opinión sobre el caso o que des un consejo a la persona, sólo te echas a reír, respondiendo que no ofreces ni lo uno ni lo otro. Sólo sonríes, guiñas un ojo y dices: “¿Tú que harías, si fuera yo quien estuviera en esa tesitura?. Pues eso, entonces hazlo”.

QUEDADA…

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Desde que tengo uso de razón, Roberto siempre ha estado acompañado. Ha sido un chico de novias encadenadas, poco tiempo le he visto sólo. De todo su catálogo las ha habido rubias, morenas, altas y bajas, de tipo variado, sin hijos y con ellos. Pese a este repertorio no encuentra su media naranja o con quien compartir su vida varios años.

De una relación le queda su hijo, con la madre del pequeño, relación justa y cordial. Ha tenido que aprender que él puede hacer y deshacer cuando su hijo está con él y no puede pretender que la otra parte actúe como a él le gustaría.

Algunas de sus novias las he conocido, otras no, pero muchas de ellas han hecho una radiografía de mí, sin conocerme, ni tener ni idea del tipo de relación que mantengo yo con él. Por supuesto, afirmando,  muchas de ellas, que estaba loquita por sus huesos. La única verdad es que lo conozco desde hace tiempo, muy de vez en cuando quedamos, si tiene que hacer algo con el ordenador, me pide ayuda, pero nada más.

A pesar de las contadas ocasiones en la que nos vemos, hay suficiente confianza para tratar ciertos temas. Ahora me ha vuelto a llamar, necesitaba mi ayuda. Como, casi siempre que me llama, jajaja.

Todo el mundo ha pensado o piensa que hemos tenido algo y aunque hace años lo intentó o lo intenta, yo me mantengo en mi amistad. En estos casos donde las expectativas de gustar son nulas, no hay nervios ni motivos para tergiversar palabras o acciones. Todo es normal, no hay problema de quedar a comer, tomar un café o quedar para salir, incluso que vaya a tu casa a horas intempestivas, te pille en pijama o recién salida de la ducha. Si hubiera algo más, está claro que el desenlace hubiera sido otro.

Ahora resulta que anda un poco “depre” porque está solo, no lo ha dicho en voz alta, pero se le nota. Eso en él es raro. Quedaremos para comer, lo escucharé, se pondrá las pilas y ya está. Hasta la próxima llamada y quedada particular. Eso sí, como siempre preguntaré, qué es lo que busca y no está encontrando.

ZUMBA…

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Aquella tarde cuando se abrió la puerta, una especie de revoltijo empezó a moverse en su estómago, incluso el rubor apareció en su cara. El resto de días se fue autoconvenciendo de que no pasaba nada, que simplemente aquella chica le impactó, pero nada más. Las verbalizaciones que se dió, surtieron efecto y con el paso de los días, logró una conversación normal.

Hasta que llegó un día donde la sonrisa volvió a aparecer en su cara, una risa tonta, todo por prestar atención a un mensaje.  Ese mensaje que interpretó, a su manera, hizo que el revoltijo volviera a aparecer, supuso un esfuerzo para que, cada vez que hablaran, él hiciera esfuerzos para no ponerse rojo. En fin, todo un show.

Algo en su cabeza le decía que podía ser, otras veces le retumbaba un no, que no era posible y menos mezclando la vida personal y profesional. Esa misma separación sería, la que propiciaría el acercamiento. El hecho de abandonar el trabajo fue el impulso para intercambiar teléfonos, quedar para tomar un café, responder a sugerencias y demandas o hacerse los encontradizos por la zona donde se movían. Llegó a un punto de apuntarse a clases de zumba, según le habían contado, ella iba a clases y era un buen pretexto para ampliar las coincidencias.

A pesar de la confianza, las risas o los buenos momentos, los pensamientos luchaban contra los sentimientos, hasta que llegó la pregunta esperada y con ella, una respuesta. ¿Qué es lo que ocurre, qué pasa entre nosotros?, ¿son cosas mías o te gusto? ¿O tal vez, estoy interpretando mal lo que dices o haces? Ante semejantes preguntas, él optó por el silencio, eligió responder de forma gestual. Se acercó y la besó.

A partir de ese momento, surgieron más preguntas y respuestas, afloraron sentimientos, tuvieron momentos buenos, intensos y menos buenos, se comunicaron mediante la palabra y de forma no verbal. En definitiva, vivieron su historia.

EL CAJÓN…

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Llega un día que te levantas de la cama y decides hacer algo distinto, te llega un “siroco”, así que busca unos billetes de avión baratos y te presentas en cualquier ciudad europea. Decides hacer turismo, “patear”, encontrarte a ti misma y de repente, mirando un cuadro, de un museo cualquiera, te encuentras con él. Sí, con él, con aquel chico que te parecía guapo, con aquel que soñaste, en alguna ocasión, con aquel con el que habías intercambiado dos palabras y cientos de miradas.

Entonces, empiezas a sonreír, incluso el estómago se te encoge y dices para tus adentros: ” y esto”. Así que, quitada la vergüenza del primer momento, le saludas, contemplas como te sonríe sorprendido y empezáis a conversar, a visitar juntos el resto del museo.

Como quien no quiere la cosa, acabáis comiendo en un sitio muy chulo, seguís con el turismo compartido y hasta quedáis por la noche para tomar algo. Es lo que tiene encontrarse un conocido en tierras extranjeras, que estableces un vínculo rápidamente.

Aquellos días de soledad acaban convirtiéndose en días de risas y confidencias. No creía que él pensara o se comportara de esa manera, tampoco él, que yo fuera así. El viaje no resultó solitario, más bien algo extraordinario. Conocimos la ciudad, nos conocimos mutuamente, sabiendo que todo acabaría en esa ciudad europea o tal vez, continuaría en otra cualquiera. La realidad era que en España, no.

Así son las cosas, así es la vida, llena de situaciones imprevistas, con experiencias que te marcan para siempre, con recuerdos grabados en la mente y en el corazón. Ese viaje sirvió para quererme un poquito más, que, a veces, si no piensas, está muy bien. Valió para apuntar en el calendario posibles fechas de viaje y para guardar otra historia, más, en mi cajón particular.

FERIAS…

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Unas ferias en el pueblo, unos refrescos y conversación, así pasaba la noche, con risas, confidencias y al final ese corazón que empieza a latir de forma extraña. Era lo que necesitaba, un pálpito para sentir que estaba viva, que aún es tiempo de querer y de que la quieran. No pensaba que eso fuera un inicio de algo, pero la normalidad de todo aquello, hizo que día a día fuera encariñándose de Chus.

Encuentros a la salida del trabajo, llamadas de cortesía, visitas al supermercado o cenas sin pretensiones. Como todo iba bien, tuvieron que  aparecer los nublados, provocados por antiguas relaciones, por anticuadas situaciones, así que la chica independiente, que no necesitaba a nadie, retorna y frena en seco lo que iba sobre ruedas.

A eso se añade que se va por motivos de trabajo a otra ciudad y entonces es cuando ella dice que se vaya, que no pierda la oportunidad….Días de despedida, de preguntas sin respuesta, hasta que llega la marcha y aparecen las lágrimas, los afamados “y si y por qué”. La vuelta atrás es difícil porque ya comenzó el trabajo, ya está en otra ciudad, ya el lloro inundó la almohada. Y ahora, qué?. Un viaje relámpago, el fin de semana?, el uso de las tecnologías para comunicarse, acabar el contrato de trabajo y volver?, u olvidarlo todo?.

ME PREGUNTO…

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Me pregunto, cómo es posible que una mujer, ante una separación, su separación matrimonial, se adentre en un estado de abandono, que hasta su salud peligra, que no quiera ocuparse de sus hijos, que no quiera vivir. Me resulta llamativo, en cuanto que no pensé, que su dependencia fuera tan grande. No  lo pensaba porque, durante varios años, se veían sólo los fines de semana, por cuestiones de trabajo, y desde hace más de un año, nisiquiera, porque él estaba en un país diferente y bastante alejado del nuestro.

Y a pesar de ello, cae como un jarro de agua fría, toda su vida se trastoca, ya no está casada, ya no hay vacaciones familiares, ya su vida de ama de casa, madre y esposa se ha acabado. Durante meses se negó a comer, le daban la comida a la boca, no quería cuidar a sus hijos, llevarles al cole, tampoco salir de casa y menos decírselo a nadie. De hecho, hoy en día, todavía no habla de ello y vamos camino del año, se le empañan los ojos al recordarlo.

Me pregunto, cómo es posible que la dependencia emocional sea tan grande hacia una persona y genere tanto trastorno físico y mental, e incluso vergüenza, de no admitir la situación, de ocultar su estado. Todo mi ánimo para ella porque lo va a necesitar. Su proceso de duelo continúa y eso no es bueno.

LA CASERA…

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Hace unos años, tuve que ir a trabajar fuera, así que me tocó buscar casa. Algo cerca del trabajo, no muy grande y adecuado en precio. Ví muchas  cosas, preguntándome cómo son capaces de alquilar “eso”. Los dueños se meterían allí a vivir?En fin, de todo.

Por casualidad entré en una tienda para preguntar una dirección y allí me encontré a  Carmen, que tenía un pequeño apartamento. Me dijo que, en ese momento estaba ocupado, pero que el inquilino, era mayor y se iba a ir a una residencia, en breve. Nos acercamos a verlo y era ideal para mí. Habitación, salón-cocina, baño y tres hermosos ventanales. Todo genial. Concretamos que, al irse el señor, iría yo a vivir a él.

Pasó un mes, pasaron dos, y yo, yendo y viniendo en coche, desde donde vivía. Se retrasaba el ingreso del señor en la residencia y mi traslado “inminente”. Cuál es mi sorpresa, cuando Carmen, me ofrece su casa, la parte de abajo de su chalet, con cocina, aseo, habitación de dos camas, hasta que todo se arreglara y así dejara de coger el coche todos los días.

La verdad que aluciné, porque no nos conocíamos de nada, me ofrecía su casa, estar con ella y con su hija, meterme en su vida. Me conozco y sé que no soy mala, que soy discreta, así que acepté. Le pagaba un dinerillo por estar allí, con todas las comodidades, un montón de día cenaba con ellas, nos hacíamos compañía, teníamos conversaciones de sobremesa, etc. Así estuve tres meses, hasta que me fui, definitivamente al apartamento.

Desde luego, mi casera, no era como las demás. De no conocernos de nada, iniciamos una amistad, nos ayudamos mutuamente.  A día de hoy, seguimos manteniendo contacto y ya hace unos cuantos años de aquello. Hay personas buenas, amables, solidarias y honestas, que ayudan y ofrecen lo que tienen. Parece increíble en un mundo como éste, donde muchas veces, se realizan las actividades, a cambio de algo. Aquí no hubo nada, sólo una especie de conexión, al entrar yo en aquella tienda y estar Carmen, con un piso libre.

Me contó que, cuando se casó y se fue a Ceuta, con su marido, una mujer que no la conocía de nada, le abrió las puertas de su casa y le ayudó en todo lo que pudo. Años más tarde, fue Carmen quien me la ofreció a mí. Supongo que tengo la pelota en mi tejado y tendré ocasión de continuar con esta “cadena”.