DICEN POR AHÍ…

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Dicen que Clara es positiva, que da ánimos, que ve el vaso medio lleno. Será cierto, aunque en sus cosas, en sus vivencias suele buscar un punto negativo, la circunstancia pésima. Dicen que tiene capacidad para la escucha (puede ser) y también mucha paciencia. Supongo que la una acompaña a la otra y también la distingue su capacidad de ser silenciosa.

A Clara no la gusta hablar, o destacar. El estar en silencio y pasar desapercibida son un plus de su persona. Dicen de ella que está ahí cuando la necesitan. Categóricamente digo que es cierto, está disponible cuando la avisan. Tan cierto como que puede desaparecer sin meter ruido y no volver hasta que, de nuevo, la llamen.

Dicen tantas cosas de Clara y del resto de mortales que tendríamos que hacer una criba para ver lo que es cierto y lo que no, mejorar en lo que se pueda, mantener lo que más nos gusta y en casos extremos hacer desaparecer lo que más nos critican.

De Clara también dicen que tiene un chip que pone y quita, sobre todo cuando el malestar o el sufrimiento no la lleva a ninguna parte. Dice que estar triste, decepcionada, es agradable en momentos puntuales, nada  grato cuando no aporta aprendizaje, sólo pena sin más.

Es difícil esconder la esencia maniática y extraña de cada uno, pareciera que dejáramos de existir y en Clara eso está presente. Según ella, aparentar lo que no se es, requiere tanto sacrificio que sus esfuerzos son mínimos, al respecto. Alguna vez Clara se  mira al espejo y dice: “esta soy yo, así soy yo”. Con sus pantalones de chándal, gafas de sol, sin peinar su pelo liso y con la cara seria.

Dicen de ella… Si dicen es porque piensan en Clara, aunque sea mal, regular o bien.

ELLA…

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Tras muchos meses ha vuelto a sonar la música en su casa, demasiado tiempo. Sentía tal tristeza y melancolía cuando lo intentaba, que sus ojos se llenaban de lágrimas y tenía que cortar cualquier intento de melodía. Ahora ya regresa la sonoridad a la casa, con algún atisbo de pena, pero ya apareció para quedarse. Ya está, para hacer compañía a quien la visite.

También ha vuelto el movimiento a sus pies, acompañado de giros, de brazos arriba y abajo o donde toque. Todo al ritmo de la música, una música que tantas veces la acompañó, con la alegría que la daba y al final la sumió en un estado de amargura. Ya está escuchando nuevos grupos y músicas diferentes, recordando otros tantos, tarareando o inventándose las letras. Ha vuelto la emoción con cada canción de la “playlist”.

“Sin música, la vida sería un error”. Nietzsche. Ahora toca enmendarse y que no vuelva a cometerse.

MARIPOSAS…

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Y de repente, vuelven las mariposas a la vida de Conchi. Nisiquiera sabía que las tuviera, o que hubiera ido al mercado a comprar algunas, o que en un paseo se las encontrara revoloteando a su lado. Ahí están y no sabe qué hacer con ellas. Tal vez sea una percepción errónea, o una coincidencia en el tiempo o que ha comido algo en mal estado.

Pues va a ser qué nada de eso. Va a ser que se ha encontrado con una persona que le hace tilín, que la provoca una sonrisa. Ella no es muy dada a magnificar, pero se da cuenta de pequeños detalles de gran significancia, preguntándose, ¿para mí, por mí?.  A pesar de ello sigue desconfiando hasta que constata que sí, que es por ella.

Y decide dejarse llevar, haciendo caso a lo que siente y no a lo que piensa. Buenamente, la azuzan para que siga por ese camino, aunque sabiendo que es de corto recorrido. Buenos momentos, risas, canciones para recordar, días y noches de conexión.

Así hasta que llega el último día, preparándose para volver a su vida, acompañada de tristeza, cierta rabia y ganas de alargar lo que tiene un final. Imaginando lo que pudo ser y ya no será. La realidad es que debe empezar a funcionar, superar la morriña  y guardarlo en el cajón de buenos recuerdos (cajón de Gustavo).

 

ÉL…

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Y él no escuchaba música porque no estaba preparado, tampoco veía series, ni acudía al cine, nisiquiera aguantaba una película entera. Si le preguntaban qué aficiones tenía, contestaba que ninguna en especial. Apenas caminaba, ni practicaba ningún deporte, no leía y sus amistades se quejaban de lo poco que lo veían. Si en alguna ocasión viajaba, sentía que el turismo no estaba hecho para él, pareciendo que en vez de enriquecer el alma, se inundaba de un sentimiento de melancolía.

Esa era su vida, poco o nada de todo. Una vida aburrida, sin motivación alguna, con pocas ganas, en proceso de deconstrucción, hasta un punto, pensaba él, que volvería a emerger. Entonces empezaría a disfrutar, a salir con amigos, a interesarse por alguna persona en especial, a realizar actividades placenteras.  Soñaba en que llegaría ese momento, aunque se engañaba por ello porque, si no ponía de su parte, a ningún lugar iba a llegar.

Un día, paseando, absorto en sus pensamientos y mundo interior,  le vino la idea de empezar a vivir como hacían los demás, una especie de juego de imitación, donde saldría, comenzaría a buscarse una afición, empezaría a llamar por teléfono a los amigos, incluso vería a las chicas de otra manera.

No fue nada fácil, un paso para adelante y dos para atrás, hasta que se dió cuenta que había aprendido un hábito nuevo, el de sentirse a gusto, el de ser feliz con pequeñas acciones, intentando aprovechar todo su potencial como persona.

Para ÉL, que con un poco de intención y observando, descubrirá que, según da la vuelta a la esquina, ahí está lo que necesita.

SIN PALABRAS…

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Hace tiempo que busca una respuesta y lo único que obtiene es silencio. Ni un monosílabo, ni un emoticono, sólo silencio. Las casualidades han hecho posible un encontronazo dominado por una incomodidad, donde el sí explícito no ha aparecido, ni el goteo de palabras. Se deseaba abandonar la escena, salir por patas, porque tampoco había fuerzas para afrontar esa conversación pendiente.

Una cara iluminada, la otra apagada por el cansancio, por la incertidumbre y los espectadores esperando un movimiento para que todo fluyera hacia un momento mejor, hacia la meta esperada. Una parte deseosa de que todo vuelva a la normalidad, a ser la pareja risueña, feliz y llena de planes. La otra buscando un motivo para olvidar, aunque sin ganas de encontrarlo porque lo que pretende es regresar a lo mismo, a estar con ella.

El calendario dará la respuesta, pondrá la fecha, acordada por las partes o dada por el devenir de los días. Viendo si las rutinas, que reinstala septiembre, serán solas o acompañadas. Cuando las expectativas de unos y de otros van por caminos diferentes, resulta enrevesado buscar el cruce que los una, se hace duro, puede que llegue o que al final se separen para siempre. De nuevo el calendario lo dirá.

DIRECTORXS…

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Tras tres meses de teoría comienzan las prácticas. Todo el mundo está ilusionado, también algo nervioso y con muchas ganas de aplicar lo aprendido. A lo largo del curso no sólo se han aprendido conocimientos teóricos, se ha alimentado el alma, se han hecho reflexiones acerca de uno mismo y los demás, se han establecido unos vínculos entre personas que venían de sitios diferentes, con formas de pensar distintas y vivencias particulares. Al final, todo ello, ha resultado ser una oportunidad única de crecimiento personal y a medio y largo plazo, también profesional.

Gracias a todo el mundo, nos hemos reeducado, hemos conocido experiencias de vida, hemos compartido momentos íntimos. La consecuencia de todo ello es que somos más sabios que, en el mes de marzo, cuando empezamos. Un grupo muy variopinto, que ha sabido cohesionarse y convertirse en un gran equipo, fuerte, aunque con debilidades y amenazas, que supieron resolver. Un grupo genial, que son personas excelentes, a pesar de que algunas no son conscientes de ello porque la vergüenza aflora en su ser. Mujeres y hombre profesionales y motivados.

Sinceramente, les deseo lo mejor, que les vaya bien, que sean felices y que la realización de las prácticas les sirva para seguir aprendiendo. Yo he estado muy a gusto.

GONZALO…

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Puede suceder que tras días de convivencia, acabes cogiendo cariño a una persona y no lo digo tanto en plan sentimental, de amorío, sino porque hay algo en ella que te fascina.

Observas que tiene unas ganas de aprender enormes, que es respetuosa, que cuenta sus experiencias con tal entusiasmo que te contagia y pareciera que estás viviendo la situación. Tiene un potencial tan grande, con sólo 19 años, que si sigue con esa actitud puede que leamos sobre él en la prensa. Yo lo conocí hace un par de años y ya me llamó la atención por su saber estar, por la seriedad con la que trabajaba, por los momentos de divertimento que ofrecía cuando había que desconectar y pasarlo bien.

Este año, sigo alucinada con él. Sigue avanzando en su madurez y sin ninguna duda cualquier familia dejaría a sus hijos con él para realizar cualquier actividad de tiempo libre. Es un educador con todas las letras, que hace que los participantes y destinatarios crezcan con el desarrollo de la actividad. Promueve la participación, motiva, conversa y razona de tal manera, que acaba todo el mundo reflexionando y agradeciendo esos momentos de pensar.

Ojalá hubiera más personas así, con vocación, sin miramiento a lo material, a colgarse medallas. Personas que se centran en otras personas y en su desarrollo integral. Eres un fenómeno Gonzalo. Espero volver a coincidir contigo y si es en Gijón mucho mejor.

ESPEJO…

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Hoy pienso en Águeda, en su terquedad, sobre todo cuando se trata de temas de corazón. Una luchadora incansable cuando recibe un no por respuesta, porque piensa que el amor hay que trabajarlo, que hay que hacer pequeñas cosas para demostrar que se está interesado en una persona. ¿Incluso cuando no hay reciprocidad?.

Ella recibe un no e insiste e insiste para que sea un sí, sobre todo si le gusta el chico en cuestión. Y claro, una cosa es la terquedad, que intente aferrarse a una idea que tiene en su cabeza y otra obsesionarse con el muchacho y hacer unas cosillas “raras” para verlo, coincidir o hacerle ver que es la mujer de su vida.

En esto del amor, como en el resto de ámbitos, dar consejos no sirve para nada. Cada persona percibe la situación a su manera, de vez en cuando, estaría bien que el señor realismo o la señora realidad apareciera de alguna forma.

En varias ocasiones, he oído que cuando alguien no mueve ficha es porque ya no quiere jugar más.  Pues Águeda no ha debido oírlo ni escucharlo, jejeje. Puede gustarnos más o menos que “nuestro amante”, hasta ese momento, actúe así, pero lo claro es que hay un distanciamiento que puede desembocar en ruptura. No hay más.

De nada sirve que pregunte: ¿y tú, qué harías?, ¿por qué lo hará él?, ¿qué es lo que estoy haciendo mal?”. Simplemente se acabó, no funciona y la otra parte ya ha dado su explicación. Ahora la toca ser consecuente y debe dejar alejarse a esa persona que ya no quiere estar a su lado. No vale ignorar las razones que la da, del porqué ya no quiere estar con ella. No vale hacerle preguntas de “por qué a mí”.

Al fin y al cabo, las personas toman sus decisiones y no debemos presionar para que sean siempre favorecedoras a nuestra persona. En este caso, Águeda nunca está conforme, siempre pone pegas y no entiende los finales amorosos, siempre busca otra oportunidad, una nueva partida.

Y no, no hay más. Es hora de aceptar que se acabó, vale ya de mentiras y autoengaños. Toca ser consciente de lo que ocurre y recuperarse. Esa recuperación que sea equilibrada, no caótica en cuanto “un clavo saca a otro clavo”, porque ya tiene experiencia de que eso no funciona y el daño gratuito está servido. Toca recuperarse y trabajar esa autoestima que no tiene que mermarse ante el final de una relación. Toca mirarse al espejo y ver a la mujer que es, cuánto vale, con o sin pareja.

Ese espejo va a hacer que lo que vea, sea lo más importante de su vida, y cuando alguien esté a su lado, también tendrá su reflejo en él. Sin embargo, aunque lo comparta, Águeda seguirá siendo lo más valioso. Mientras ese momento llega, todo para ella.

EXCUSAS…

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¿Y ahora, qué? que será de Ana, ¿ qué es lo que va a hacer ahora con todo el tiempo del mundo? Ya no se la ocurre hacer nada más, después de pintar, tirar, ordenar, limpiar, de momento ya está todo hecho. Tiene que buscar una excusa para levantarse, para estar ocupada, para no pensar y dejar de sentirse un poco inútil, para encontrar una afición, para llenar el tiempo que antes se ocupaba con trabajo, amor y cuidado.

Buscar una excusa para la reconstrucción de su persona, de su vida, sin atisbos de culpa, ni miedo por caer enferma. Intentar cambiar los horarios, las tareas, ponerse a hacer lo que le gustaba, buscar objetivos y motivaciones.

La fuerza está ahí, de no haberla no hubiera podido con todo. La capacidad de resistencia que la ha hecho ser cómo es, incluida sus rarezas. La misma fuerza, resistencia o como los modernos llamarían resiliencia, que siempre hace que esté presente para los demás y ahora quiere que persista en ella.

Que encuentre excusas y pretextos para sentirse bien y a gusto. Todo mi ánimo para ella, hoy lo necesita. Yo la ayudaré a buscar esas excusas.

FAROLILLO…

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Mañana es la noche de Reyes, un día de emociones desbordadas para unas cuantas personas, no demasiadas altas pero sí muy grandes en inocencia y con un montón de risas a su alrededor. Estos días de excesos, de dolores físicos y mentales se acercan a su fin. La rutina está ahí mismo. Toca noche del farolillo, cena de amigas, de conversaciones sobre cómo ha ido el año, la familia, las novedades buenas y menos favorables.

Noche para abrigarse porque siempre hace un frío de narices, otros años incluso nieva. Una noche de Reyes donde se pide salud y como no la traigan me enfadaré un montón.  Y eso que durante la cabalgata se evita que no nos abran la cabeza con un caramelo asesino, jajaja.

Por cierto, el baile del farolillo consiste en bailar por parejas, al ritmo de la música, sosteniendo una vela prendida (el famosos farolillo). Quien aguante más bailando sin que la vela se apague, es la pareja ganadora y se llevará un roscón de reyes, alguna botella, etc. Y no os creáis que hay mucho tramposo, jajaja, por eso quien gana comparte el premio sin problemas.

Que los reyes, reinas y demás personajes traigan a lo largo del año, algo de lo que pidamos. Cada uno que pida lo que crea más conveniente, sea palpable, de tipo materialista, algo que nos haga crecer o madurar, un elemento grande, pequeño, para compartir o guardarlo para uno solo, deseos, espinitas clavadas, etc.

Ahora a practicar para el baile del farolillo. Un abrazo…