TRAJES…

Te levantas un día y coges el traje de mujer que se siente bien consigo misma, a pesar de los años, los kilos, de su situación personal y laboral. Abres la ventana para que entre aire fresco, respiras profundamente y empiezas a funcionar. De aquí para allá, de allá para el otro lado, y de ahí, para adelante.

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Por la tarde abres el armario y coges el traje de niña para jugar, para inventar y crear, para recibir cariño y estar en compañía de los que quieres. Y ya otro día decides coger el traje de bailarina, poniéndote a brincar, a saltar y liberar el excedente de tensión. Gracias a tu armario, vuelves a elegir traje, esta vez de detective, para averiguar qué pasó, cómo y de qué manera. Eso sí, sin dejar pistas de tu rastreo.

Con tantos trajes todo se lleva mejor, hay actividades que realizar de todos los gustos y de distinta índole. Afortunadamente existe este armario en casa, no sólo en la mía, sino en la de todo el mundo. Sólo hace falta hurgar un poco para encontrar la ristra de perchas donde están colgados todos los trajes. Trajes que hacen la vida más auténtica, más acorde al momento, porque según el propósito que tengamos, así nos vestimos con unos u otros.

Trajes que ayudan a romper la monotonía, con los que nos enfrentamos a la realidad, con las armas adecuadas, para poder seguir viviendo con capacidad de elección, y actuando en consecuencia, unas veces más que otras.

14 comentarios en “TRAJES…

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