YO…

Madre mía!Ha vuelto a suceder, otra vez el sudor frío, los temblores, sintiendo manos y pies heladas y llegando a un punto de inconsciencia que me hace delirar, hablar en alto de cosas sin sentido. Menos mal que siempre hay personas que ayudan a pasar este mal trago, ofreciendo sus palabras, su calor, su presencia porque está claro que este estado lo provocan otras que tienen un punto de egoísmo alto. Esas personas no se dan cuenta de que hay otra gente aparte de ellos y como sólo les importa lo que les ocurra, perjudican de cierta manera al resto.

Madre mía! No entiendo ese egoísmo. Atendiendo a su propio interés y a los demás, que les den. En serio, la palabra respeto y empatía no deben estar en su vocabulario. Es verdad que eso de la empatía es difícil de usar, de aplicar pero el respeto es algo  que nos enseñan continuamente y yo me pregunto porque, leches, no lo usamos. Tanto trabajo cuesta no ser egoísta y pensar en lo demás. Tanto trabajo cuesta ver con quien tratamos para adaptarnos a su persona y necesidades. Tanto trabajo es mirar a nuestro alrededor y darnos cuenta de que nos estamos solos.

Encima se atreven a pedir cosas, cuando ya se les ha dado, a quejarse sobre lo poco que les han dado, a sugerir que es una obligación  atender sus requerimientos. Madre mía, ¿qué clase de personas habitan en este mundo?Porque una cosa es satisfacer nuestras demandas, querernos y hacer cosas en beneficio propio y otra hacer daño en pro del “bienestar”.

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